Rosario en presente: un «mixtape» de voces que rompe el mito y denuncia la precarización
A través de una edición de descarga libre y gratuita, "Mixtape rosarino: Conversaciones en presente" reúne a trabajadores de la cultura locales para mapear una ciudad que sobrevive entre la autogestión obstinada, la crisis habitacional y el abandono de las políticas públicas. "Pensar una ciudad es siempre pensar un proyecto de vidas en común", señala su editora.
- Ciudad
- Jul 24, 2026
¿Qué queda de la «Rosario cultural» cuando se apagan las luces del escenario oficial? La respuesta no se encuentra en los grandes eslóganes publicitarios ni en la nostalgia de la Trova, sino en una trama subterránea que insiste en existir. El libro «Mixtape rosarino: Conversaciones en presente», editado por Bárbara Pistoia y con una introducción de Lucas Canalda, se presenta como una radiografía urgente de la cultura local contada por sus propios protagonistas: músicos, editores, actores y gestores que «escriben embarrados» desde la realidad cotidiana.
El proyecto nace de una urgencia: la falta de un registro que escape a los relatos institucionalizados y cómodos. Según la nota editorial, la intención es «hablar de Rosario hoy y romper la historia única», saliéndose de un canon que suele dar vueltas en un círculo complaciente mientras ignora lo que sucede en los márgenes.
Para Lucas Canalda, la ciudad se debate entre el orgullo de lo que fue y la dificultad de mirar lo que ocurre ahora mismo. «El verdadero desafío consiste en desarrollar la sensibilidad política necesaria para reconocer aquello que todavía no tiene prestigio», sostiene, advirtiendo que una ciudad que consume solo su pasado termina expulsando su presente.
Uno de los ejes más críticos de la obra es la denuncia de la precarización. Los autores coinciden en que la cultura no es un fenómeno espontáneo, sino un ecosistema que requiere condiciones materiales: transporte público, alquileres accesibles y espacios de formación. Sin embargo, el diagnóstico es severo: Rosario obliga a sus creadores a convertirse en «artistas multitarea» que deben gestionar, producir y difundir sus obras en los huecos que les deja el trabajo que sí paga las cuentas.
Juan Manuel Robles es contundente al describir la gestión de la nocturnidad como un «Estado/Empresa» que favorece monopolios privados mientras utiliza el control de convivencia para asfixiar centros culturales autogestivos. El caso de la clausura de La Chamuyera se cita como un ejemplo emblemático de este modelo de «desertificación» de la noche.
«Bajo la premisa de que la cultura no debe ser un privilegio de pocos sino un derecho compartido, «Mixtape rosarino» no tiene fines comerciales y se encuentra disponible para descarga libre y gratuita en el sitio sincopaeditora.blog, una decisión editorial que busca «facilitar y amplificar el alcance» de estas voces frente al aluvión de información vacía o parcial que suele dominar la agenda pública»
El derecho a la ciudad y la «colmena»
La nota de contexto sobre la situación de los inquilinos en Rosario aporta datos alarmantes para este 2026 imaginado por el libro: el salario mínimo no alcanza para cubrir un monoambiente promedio, y la vivienda ociosa representa ya el 8,6% del total de viviendas en la ciudad. Mientras el centro se llena de torres para la especulación inmobiliaria, los barrios periféricos quedan desconectados y fuera del relato de la «Rosario cultural».
Frente a este escenario de hostilidad, surge la palabra comunidad (o «enjambre» y «escenio», como proponen algunas autoras). Artistas como Amelia, Matías Vant y Agostina Pozzi destacan que, ante la falta de apoyo mediático y estatal, son los vínculos afectivos y la organización colectiva lo que permite que el «edificio no termine de derrumbarse».
«Mixtape rosarino» no es solo un libro; es un aporte a las discusiones urbanísticas y políticas desde el derecho a la ciudad. Como concluye el texto, mientras haya alguien dispuesto a crear desde los márgenes, Rosario conservará la posibilidad de discutirse a sí misma y de «ensanchar la conversación» para que aparezcan quienes aún no tienen micrófono.

