JUEVES, 04 DE JUN.

Rosario Sin Secretos: ¡Bolazo! ¡Cambiamos de “Rueda”!

El Rueda de la calle ubicada al sur, la tercera luego del emblemático y rosarinísimo bulevar 27 de Febrero, es Miguel y no Pedro, como figura en la nota del Piedrabuena. Porque nos debemos a nuestros lectores, ante el error, pedimos disculpas, reconocemos y reparamos.

 

En el fragor de la investigación periodística se deslizó un error que urge enmendar antes que el contundente espíritu de Wladimir Mikilievich nos publique, desde el más allá, un titular en “letras catástrofe” -así se denominaban en las redacciones a las más grandes tipografías que hubieran disponibles para la impresión-, con la palabra que figura en el título de esta columna.

Sabemos, por el Dr. Jorge Tomasini Freyre, descendiente del progresista intendente Luis Lamas, quien a su vez era bisnieto del primer abanderado de nuestra historia como nación independiente, Cosme Damián Maciel López Pintado, lo que significaba -en su tiempo- publicar un dato erróneo en la época en la que vivía el inefable, inquieto y siempre sagaz Wladimir Mikilievich que ilustra nuestra portada.

Era verdaderamente “el terror” de muchos que se aventuraban a escribir o transcribir datos históricos porque, sin ser un académico de la profesión, su personalidad y sus trabajos eran de un rigor implacable y pocas veces hubo quienes quisieran “medirse” con él en la arena del conocimiento.

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Cuando surgió el conflicto entre el origen de Rosario “desde lo más remoto de su historia”, en el que muchos investigadores tomaron partido por una u otra versión, respecto a la existencia de Francisco Godoy en 1725, y al relato de Pedro Tuella, Mikilievich viajó a España para consultar data hasta en el Archivo General de Indias, en el Museo de Sevilla.

Igualito que Pedro Blanqué (otra calle del querido sur rosarino), el español precursor de las artes plásticas en el Rosario, que se carteaba con Bartolomé Mitre para preguntarle hasta cómo eran los botones de los trajes militares de los soldados de los distintos batallones, para no errarle en la confección de sus cuadros, uno de los cuales podemos admirar en el Museo Histórico Provincial creado y dirigido por el Dr. Julio Marc, donde y con quien también trabajó Jorge Tomasini Freyre.

Hombres de un purismo investigativo envidiable y digno de emular.

Resulta extraño hoy entender tanto esfuerzo en la era de las comunicaciones donde casi todo está al alcance de un click, se ha hecho del “copy & paste” una práctica abusiva, la Inteligencia Artificial “crea grasa en los cerebros” (ya se sabe, órgano que no se usa, se atrofia), y muchas veces los errores se van replicando en internet hasta el infinito, como, por ejemplo, la imagen utilizada para representar a Catalina Echevarría de Vidal que es la de Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano, la hija que tuvo el creador de nuestro máximo símbolo nacional con la tucumana María Dolores Helguero, y que nació -la Providencia sigue haciendo de las suyas y agradecemos al Espíritu Santo sus valiosos aportes- un día como hoy, de 1819, hace exactamente 206 años.

Volvamos al camino y “cambiemos la rueda”.

Es real que Pedro Rueda fue quien salió a recibir a Belgrano a las afueras del pueblo de la capilla del Rosario del Pago de los Arroyos, como cita Manuel Belgrano de puño y letra en su Diario de Marcha cuando llegó el 7 de febrero de 1812, al descampado que estaba detrás de la laguna Godoy y dónde hoy se encuentra la Plaza López, avenida Pellegrini (ex bulevar Argentino) entre la calle Real, Buenos Aires y Laprida (ex Comercio).

Este documento existe en el Museo de la Fundación Internacional de la Democracia ubicado en Sarmiento (alguna vez Libertad) y Santa Fe, pero lamentablemente no está expuesto al público en la actualidad.

Coni Molina, Maisonnave, Gerbino, Ocampo y Schwarz fueron algunos de los arquitectos que trabajaron con su colega Juan Bautista Durand (el mismo del hotel de la Federación Agraria transformado hoy en Plataforma Lavardén, el Palacio Minetti y la sede del Club Rosarino de Pelota, entre otras obras), en la creación de la magnífica construcción que aquel español nacido en Caldas de Reyes, Pontevedra, Juan Fuentes, mandó construir con costosos materiales traídos desde Grecia, Italia, Francia, Alemania, hace más de una centuria.

El palacio construido por Ferrarese para Fuentes, que arrancó siendo un adolescente lavando copas en un hotel, fue cochero y con sus ahorros empezó a comprar ovejas y luego campos, hoy atesora el valiosísimo documento y comparte gloria con la recuperada belleza de la Confitería Cifré, además de contener impactantes objetos y testimonios gráficos y audiovisuales vinculados a la obtención de la Democracia.

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Este extraordinario edificio, que alguna vez fue sede de un banco de capitales norteamericanos fundado el mismo año en que flameó por primera vez en nuestras barrancas, la Bandera celeste y blanca, tiene una torre y espectacular cúpula, y en ella un faro que podía verse tanto desde el río como desde las tierras del pueblo que fundara Fuentes, a las que le diera su nombre, a 70 kilómetros de Rosario, y un reloj campanario de cuatro cuadrantes que reproduce el sonido del Big Ben.

Casi como si estuviéramos en Londres escuchando las “Campanadas de Westminster”, inspiradas en un aria de George Frideric Handel, al pararnos en esa esquina que la modernidad bautizó como Fontanarrosa-Serrat, olvidándose del españolísimo Ramón Cifré.

Volvamos a Rueda, sin movernos de la pantalla.

Hay apellidos que son muy comunes y se repiten sin que haya entre sus poseedores relación de parentesco. No hay prueba más contundente que los García de la guía que llenan páginas y páginas sin solución de continuidad.

Sin embargo, a juzgar por el árbol genealógico desarrollado por Ernesto Álvarez Uriondo, también es probable que Pedro sea el padre de Miguel, a quien honra la calle rosarina, según pudimos corroborar con la profesora Guadalupe Palacio de Gómez.

Pedro Ignacio Bravo de Rueda y Goyechea estaba casado con María Apolinaria Frías Araujo. Frías también es un apellido muy importante en nuestra historia, como que Francisco Frías fue el primer Alcalde de la Hermandad nombrado por el Cabildo de Santa Fe en 1725 dando un “basamento oficial en los papeles” para quienes defienden la teoría del Tricentenario.

Si nació en Santiago del Estero en 1791, cuando llegó Belgrano, Pedro contaba con muy jóvenes 21 años. Esto no sería óbice para que fuera coronel, capital u oficial de caballería de la Patria, pero aparece su muerte registrada en Tucumán, en 1864. Está bien que los hombres de aquel entonces vivían movilizándose por todo el vasto territorio y hoy podrían estar acá y mañana acullá, en una Patria que se hizo a caballo.

Su propio hijo, Miguel, nacido en 1817 o 1820, según las distintas versiones, mientras estuvo en Tucumán vivió en una familia opositora al gobierno de Rosas que se alió al hijo de Nicolás Avellaneda, Marco, gobernador de Tucumán. Cuando el funcionario fue pasado a degüello y su cabeza clavada y expuesta en una pica como “escarmiento”, los Rueda debieron emigrar a Bolivia donde residieron siete años.

Al regresar, ya en Córdoba, Miguel Rueda fue uno de los que salió a recibir a Urquiza tras la batalla de Caseros y en 1854 fue electo diputado nacional por Tucumán. Y es aquí donde juega gran importancia su papel legislativo para la prosperidad del Rosario, ya que presenta, junto a Lucio Manuel Lucero, el proyecto de ley de “Derechos Diferenciales” que empieza a darle primacía a nuestro puerto sobre los de Buenos Aires y Montevideo, puesto que los buques de ultramar podrían arribar a estas riberas sin pasar por la Aduana de Buenos Aires.

Ya en Rosario, fue uno de fundadores del Banco Mauá y del saladero Urquiza con Rafael Grela.

Si este Rafael tenía parentesco con Plácido, el prolífico escritor de “El Grito de Alcorta” y las historias de Alcorta, Maciel, Chabás, Fray Luis Beltrán, Bigand, Funes, Puerto General San Martín, Ricardone, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez y Chovet, más las biografías de Pablo Ricchieri, el capitán Justo Bermúdez y el granadero Juan Bautista Baigorria, además de profusa poesía, será tema de algún otro Rosario Sin Secreto, en el que seguramente muchos ciudadanos entusiastas aportarán datos para satisfacer la ávida curiosidad de nuestros queridos lectores. La historia se escribe entre todos.

Igual que una rueda, cerramos el círculo abierto up supra, surgido de un “¡Bolazo!” con una preciosa fotografía del Archivo de Fotografía de la Escuela Superior de Museología de Rosario, en la que un imprescindible de nuestro acervo cultural, Plácido Grela, posa junto al “pope” de la historia vernácula, Wladimir Mikilievich, el mismo que creó y dio nombre al Museo de la Ciudad relocalizado en la antigua Casa de los Jardineros del Parque de la Independencia inaugurado durante la gestión del ancestro de Jorge Tomasini Freyre, don Luis Lamas III.

 

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