JUEVES, 11 DE JUN.

Rosario Sin Secretos: cuatro flechas “sobre ruedas” y en zapatillas de lona

A casi 90 años de la partida del primer “expreso” a Buenos Aires, en un festejo que contó hasta con la presencia del “padre de la criatura”, un par de historias de nuestra historia con sabor y saber bien retro. ¿La compartimos?

Si bien el refrán “la curiosidad mató al gato” ya era incluido, en 1598, en el “Mucho ruido y pocas nueces” de William Shakespeare, con la salvedad que en realidad la frase original fue “la preocupación mató al gato” dando a entender que preocuparse era malsano para el alma -en rigor, más que preocuparse, hay que ocuparse si uno lo que intenta es cambiar las cosas-, esta frase centenaria del saber popular (que encierra todo el saber) se fue modificando con el correr de los años.

Los españoles, con ese salero y gracejo que los caracteriza, modificaron el refranero popular y lo convirtieron en “la curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta” y los argentinos le agregaron la chispa sugestiva y picaresca: “la curiosidad mata al gato y embaraza a la mujer”.

La cuestión que la curiosidad también nos permite conocer data, en verdad, sorprendente. ¿Cómo arranca esta historia? Con la tradicional efeméride de Rosario Sin Secretos.

Un día como hoy se inauguraba el servicio “expreso” entre Rosario y Buenos Aires de la empresa de colectivos fundada dos años y seis días antes por el ingeniero Wilfredo León Chevallier Boutell, Migue Eabboni, Camilo Lagrange y Enrique Rusconi.

Chevallier Boutell era ese mecánico que allá por 1929 trabajaba en la Aeroposta de los campos de General Pacheco, la zona hoy conocida como El Talar, seguramente emparentado con Francis Hepburn Chevallier Boutell, el ingeniero británico que fue presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) del 1900 a 1906, dato no menor en un mes y año mundialista como junio de 2026.

Este último, organizador de la Cup Tie Competition entre Argentina y Uruguay, ya había fallecido, octogenario, en febrero del mismo año en que se inauguró en Rosario el “expreso” que nos unía con Buenos Aires.

Los flamantes coches, con su logo original emblemático, un aro azul, una flecha atravesada y la Bandera argentina en forma de ala, partían a las 3, 5, 7 y 15 desde la, por entonces, Estación de Colectivos rosarina ubicada en la esquina noreste de 3 de Febrero y Entre Ríos (foto de portada), en la vereda de enfrente del pionero ejemplo de mutualismo que inaugurara, en 1925, el fabuloso edificio del Círculo Católico de Obreros. Coches “súper pullman” con capacidad para 28 pasajeros que llegarían a la terminal de pasajeros ubicada en el barrio de Once, en Buenos Aires, estableciendo todo un récord de ¡seis horas!, con paradas de 5 minutos en Pergamino y de 10 en Arrecifes.

Que el logo original que contenía una flecha de la empresa Chevallier adquirida por el Grupo Flecha Bus en el año 2000 es, cuanto menos, providencial, y hace aparecer la segunda flecha de las cuatro mencionadas en el título de este Rosario Sin Secretos. Y acá una buena noticia muy reciente, volvió el colectivo de la Fundación Flecha Bus, junto a Rosario Solidaria y Refugio Sol de Noche, para asistir cada miércoles a personas en situación de calle, ofreciendo un sitio cálido en el que pernoctar.

¿Vamos a las otras dos flechas? Esta historia cuesta creer, pero es real. El encuentro en 1883 entre el inmigrante vasco Juan Echegaray, especializado en fabricar calzados de lona con suela de yute y el escocés Robert Fraser, docto en ingeniería textil, que dos años después crearían la sociedad anónima Fábrica Argentina de Alpargatas, ni avizoraba todo los que en la historia se escribiría sobre el tema.

La planta de fabricación de calzado de lona con suela de yute instalada en el barrio sur porteño de Barracas, comenzó a hacer otros con caucho vulcanizado como base. Con el tiempo y una expansión que ocupó una fábrica de 70.000 metros cuadrados en Ingeniero Allan, en 1962 presenta al mercado las zapatillas Flecha, con un logo original que tenía como emblema ese adminículo en color rojo, direccionado hacia la izquierda (tercera flecha).

Y acá viene la cuarta y más sorprendente. Esa misma flecha, con el advenimiento del golpe de Estado en 1976, cambió de dirección y giró hacia la derecha, imponiendo un nuevo slogan, especialmente dirigido a la juventud: “Flecha va en tu mismo sentido”. ¿Publicidad subliminal?

 

Y caminando entre hojas muertas de este otoño gris, les dejamos otro dato pintoresco de la historia: “Topper”, fundado por Alpargatas Argentina ya en sociedad accionaria con Brasil, era el nombre del perro que tenía el director de la empresa, ingeniero Eduardo Valentín Oxenford, quien fue ministro de Industria y Minería del presidente de facto Roberto Viola, interventor de la Unión Industrial Argentina, director de YPF, uno de los fundadores del Instituto para el Desarrollo Empresario en la Argentina (IDEA) y mientras trabajaba en Alpargatas, se desempeñó como vicepresidente del Banco Francés, entidad financiera a la que la empresa adquirió el 50% de acciones hasta 1991 que se las traspasó al empresario Eduardo Costantini, fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, más conocido como el MALBA.

Por esas cosas cíclicas e insólitas que tiene la historia, fue en ese mismo museo en el que se realizó la exposición “Del cielo a casa” donde se exhibió, en 2012, la fotografía de la serie Fósil de Gonzalo Mainoldi con una zapatilla Flecha encontrada en el campo de batalla corredor Monte Longdon, focalizada como un objeto arqueológico de la memoria colectiva por las Malvinas argentinas.

Soldados, jóvenes muchachos con los pies ateridos, “azulosos de frío”, como diría la talentosa Gabriela Mistral, dejando en el sur profundo imborrables huellas con sus zapatillas Flecha en la helada superficie de las Malvinas por siempre argentinas, aquel otoño de 1982. Sin dudas, todo un texto como para que Adán Buenosayres desgrane una historia propia del genio de su creador, Leopoldo Marechal, quien hace 126 años nació, justo un día como hoy.

 

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