Rosario Sin Secretos: hay sapos que no son feos, ¡y salas que son un lujo!
Con la participación estelar de dos grandes de la escena argentina, Mirko Buchín y Graciela Castellanos, casi medio siglo atrás se inauguraba en Corrientes 450 una nueva sala de teatro.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Mar 13, 2025
Fue en 1967 cuando se sumó a la generosa y apasionante historia de los teatros rosarinos, la Sala de la Asociación Empleados de Comercio. Era, por entonces, un bello y anchuroso patio que pertenecía a la parte posterior de la casona adquirida para ampliar las instalaciones.
La escritora Ada Donato, al día siguiente, publicó una muy buena crítica sobre lo acontecido esa noche sobre el escenario montado para presentar “Hay sapos que no son feos”, una obra de Mirko Buchín, Graciela Castellanos y Chiry Rodríguez con la dirección de Miguel Cardella.
El teatro, esa buena costumbre social que nos alimenta el alma y enaltece la cultura desde hace más de dos mil años cuando en Atenas los griegos empezaron a celebrar ritos en honor a Dionisio, el dios del Vino y de la Vegetación, tiene su correlato en este Sindicato que ha sabido armonizar las conquistas gremiales con la calidad de vida de sus asociados, brindándoles permanentemente nuevas y mejores alternativas.
El multipremiado actor, autor y director Mirko Buchín, con sus 93 lúcidos y memoriosos años, compartió con nosotros la emoción de la evocación. Siete años apenas tenía Mirko (bello nombre eslavo que significa “El que trae la Paz” y hoy se ha vuelto a poner de moda) cuando su tía Irene, en su pueblo natal, J. B. Molina, lo señaló al asistente del circo que había llegado al pueblo porque necesitaban un niño para la función.
“Me fue a buscar, me tomó de la mano y me dijo lo que tenía que decir en el momento en el que el actor me haría una pregunta”.
“Una señora toda vestida de negro, trajecito, zapatos, medias, sombrero, guantes, todo negro, me llevaba de la mano en ese circo criollo que combinaba las destrezas de los artistas, bailarines, payasos, acróbatas, contorsionistas, equilibristas, forzudos, magos, malabaristas y trapecistas con una función de teatro. En la escena, con grandes decorados de telones pintados, se encontraba con otra mujer y se ponían a gesticular y a reírse dando muestras de absoluta alegría hasta que una de ellas rompe a llorar”.
“Impresionado para siempre quedé por esa ductilidad actoral”.
“Cuando el actor llegó y me preguntó que quería ser cuando sea grande tuve que hacer mi papel. Fueron cinco palabras las que tuve que pronunciar que jamás olvidé: Fumar cigarrillos como mi papá”.
Y a partir de allí, tomó su vida, color de teatro.
Siendo muy joven, aún no había cumplido los 18, se vino a Rosario y empezó a trabajar con un tío y su hermano en el bar Don Ángel, de Tucumán y San Nicolás, donde supo usar la máquina de café, hacer sándwiches y hasta tirar los mejores chopp de la zona, mientras empezaba a estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras. Allí conoció, entre muchos, al profesor Luis Arturo Castellanos, que vivía en Ayacucho al 2100 donde solían parar Ernesto Sábato y Abelardo Castillo cuando venían a Rosario.
Justamente Castellanos era el papá de Graciela, su compañera en la obra inaugural en 1967 del teatro de la Asociación Empleados de Comercio, y estaba casado con Carmelina Rivero, ganadora del premio Manuel Musto por su libro de cuentos “La Puerta Colorada”.
Graciela Castellanos, que hoy está viviendo en Buenos Aires, fue fundadora de El Centro de Estudios Teatrales de Rosario, y trabajó en obras de Ionesco, Adamov y Beckett bajo la dirección de Carlos Mathus, el rosarino que creó la exitosa obra que batió récords de permanencia en cartel y de cantidad de espectadores en cinco países, “La Lección de Anatomía”.
Buchín, ciudadano ilustre de Rosario y de J.B. Molina, que conoció desde chiquito a quien fue el primer intendente tras la recuperación de la democracia en el país, en 1983, Horacio Daniel Usandizaga, dirigió también ópera en el Salón Dorado del Colón y actuó en el Teatro Colón de Mar del Plata, entre muchos escenarios que lo disfrutaron como los que asistieron a la función inaugural del Patio Teatro Empleados de Comercio, en 1967.
Este teatro que está cumpliendo sus primeros 48 años hoy está bajo la órbita de Sebastián Ferro, el secretario de Cultura del gremio, que no puede ocultar su satisfacción por la intensa actividad que allí se realiza, gracias a un grupo de colaboradores permanentes y eventuales.
Con el tiempo, en la década del ’80, se construyó la imponente sala con capacidad para 200 personas que hoy es un orgullo para la ciudad y que ha visto pasar por su escenario una pléyade de talentosos artistas de todas las disciplinas.
Enhorabuena! Y ¡feliz aniversario!



