DOMINGO, 19 DE JUL.

Rosario Sin Secretos: si entras a Sales, ya no sales…

El Patrono de los Periodistas, Reporteros y Escritores hoy es “trending topic” en las efemérides del mundo. Francisco de Sales, santo desde hace 361 años gracias al Papa Alejandro VII, nació en cuna de nobles pero renunció a todo para seguir las enseñanzas humanísticas del cristianismo y lo hizo redactando de tal manera que se conquistó en ello a millones y millones de lectores, logrando muchas veces su conversión.

Especialista en equitación, baile y esgrima, gran estudioso de filosofía, historia, matemáticas, retórica, gramática y música, doctorado en derecho canónico y civil, tras haber concurrido a los más excelsos centros de estudio entre los que estaban las universidades de la Sorbona y de Padua, Francisco de Sales, primogénito nacido en cuna de oro, poseía un carácter bastante irritable, pero quiso la Providencia y su fervorosa devoción pasar a la eternidad como el Santo de la Amabilidad.

En plena juventud y en un momento clave de la historia en la que se expandía el calvinismo en la región de Saboya, Francisco, llamado así en honor al Santo de Asís, se presentó como voluntario ante Carlos Manuel I, quien quería restaurar el catolicismo en la región.

Hizo lo indecible para convertir a los protestantes, incluyendo una metódica, sistematizada y hasta temeraria, en ese momento, distribución de sermones impresos que se encargó de repartir bajo puerta en casa de nobles al principio, que luego expandió en lugares estratégicos de las ciudades en las que predicaba.

Este fue uno de los motivos por los cuales fue declarado, en 1923, Patrono de Periodistas, Reporteros y Escritores. ¡Habría que sumar también, de los publicistas!

Hoy día, un simple click, nos acerca millones de datos y la cibernética pone al alcance de nuestro conocimiento apasionantes historias de seres de todos los tiempos, incentivando la sana curiosidad, aprendiendo y aprehendiendo de personalidades asombrosas.

Fue junto a Juana Francisca Frémyot, baronesa de Chantal, y Charlotte de Bréchard, que el 6 de junio de 1610 fundó en Annecy, Francia, la Orden de la Visitación de Santa María, recordando el día en que la madre de Jesús fue al encuentro de su prima Isabel, como símbolo de lo que haría la congregación como carisma de devoción cristiana: visitar y asistir a los enfermos pobres, diciendo siempre sí a las necesidades del prójimo.

Pero si algo lo caracterizó especialmente fue su forma de decirle al mundo que “en toda profesión honesta se puede conseguir la santidad”, simplemente haciendo el bien y haciendo bien todo aquello que se realice en la vida.

Con una singular manera de escribir, uno de los más respetados teólogos de su tiempo, San Francisco de Sales, supo redactar en un original y creativo epistolario escrito en 1608 y publicado un año después, una especie de tutorial para aprender a ser santo.

Con “La Filotea” o “Introducción a la vida de vota”, lejos de pontificar desde un estrado, supo llegar al alma de los más humildes con una publicación dividida en cinco partes que va desarrollando, paulatinamente, la forma de cultivar y mantener la fe, para llegar a ser santo en la vida cotidiana, nada imposible si se lo desea fervientemente.

Se trata de una serie de cartas dirigidas a una imaginaria “Filotea” (el alma que ama a Dios), que en realidad van dirigidas a cada uno de los propios lectores, con una llegada espiritual y psicológica de absoluta empatía.

Sales fue modelo de San Juan Bosco, quien creó el Oratorio en su honor en Turín, congregación que en 1854 pasó a ser conocida como salesianos, con una larga y proficua labor en nuestras tierras, justo en la misma época en la que aquí, en el Rosario, Federico de la Barra fundaba el primer periódico rosarino, sin dudas, bajo la protección del mismísimo San Francisco de Sales.

Las salesas rosarinas que siguen sus enseñanzas, hoy se reunirán en una misa en su memoria en la hermosa parroquia de Santiago al 1100, el Santuario Arquidiocesano, desde el 2019, Nuestra Señora de Lourdes.

Una de sus frases, lo pinta de cuerpo entero: “Yo he repetido con frecuencia que la mejor manera de predicar a los herejes es el amor, aun sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas”.

El 24 de enero de 1623 sus restos fueron traslados al Convento de la Visitación de Annecy, y su corazón está en el convento de Lyon, en un relicario de oro donado por Luis XIII.

 

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