Rosario Sin Secretos: una postal de Génova, con algo de bronce español, en el Independencia
No sabemos si fue la primera aparición de la Virgen María, en la advocación del Pilar, la que inspiró a rosarinos e italianos, a erigir dos monumentos gemelos en honor a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, pero ya no podremos pasar por el bulevar Nicasio Oroño, en el Parque de la Independencia, sin preguntárnoslo.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Oct 13, 2026
Quiso la Providencia que el progresista rosarino Santiago Pinasco estuviera en Italia cuando aquel día de 1922, un grupo de amigos se reunieron en una “trattoría” genovesa para homenajear al doctor Ángel Gallardo, quien había sido nombrado ministro de Relaciones Exteriores por el presidente argentino que estudió en el Nacional Nº 1 de Rosario (por su carácter díscolo lo habían echado de varios colegios porteños) Máximo Marcelo Torcuato de Alvear Pacheco, más conocido como Marcelo T. de Alvear.
El acaudalado porteño, de rancia estirpe y linaje, integró en su fórmula presidencial, en agradecimiento a sus mejores épocas de estudiante, al rosarino Elpidio González, quien también, justo un día como hoy en 1922 asumió la vicepresidencia argentina, inspirando e inaugurando la jubilación de privilegio porque transcurrió los últimos años de vida en digna humildad y extrema pobreza, pero que se negó a recibir porque se consideraba altamente honrado sólo con haber servido a la Patria, algo que muchos de sus sucesores no imitaron, precisamente.
Sí, Santiago Pinasco, el empresario que fue diputado, concejal e intendente, y que un par de años después de la providencial cena en la “trattoría” genovesa, hospedara en su mansión de Córdoba y Oroño, al “mensajero de paz y concordia”, como lo identificaban los diarios en 1924, el príncipe y último rey de Italia, Umberto de Savoia, hijo de Víctor Emanuel III.
En aquel encuentro entre argentinos e italianos nació la idea, cuanto menos, iluminante, de levantar dos monumentos idénticos a Manuel Belgrano, tanto en Génova como en Rosario.
La idea felizmente se concretó, primero en Italia, el 12 de octubre de 1927, y un año después en la cosmopolita ciudad de Rosario.
¿Sabrían ellos que ese día, además de conmemorarse la fecha impuesta por el Papa Clemente XII, teniendo en cuenta la primera aparición de la Virgen María, cuando aún estaba viva, sobre una columna (pilar) de jaspe, el 2 de enero del año 40 d.C., al apóstol Santiago el Mayor, a orillas del río Ebro, en Zaragoza, unificándola a la conmemoración del 12 de octubre de 1492 cuando se “descubrió” América, que también ese 12 de octubre de 1927, nacía oficialmente la ciudad de Ushuaia, 43 años atrás, a partir de una expedición naval?
Sin dudas, un Signo más de soberanía argentina que la historia nos recuerda y la Providencia nos señala: el 12 de octubre de 1884 el comodoro Augusto Lasserre, al mando de la División Expedicionaria al Atlántico Sud, llegó a la bahía de la ciudad más austral del continente, instaló una Subprefectura e izó por primera vez la Bandera argentina.
La celeste y blanca que Manuel Belgrano creara en el Rosario, cosiera María Catalina Echevarría de Vidal, bendijera el cura párroco Julián Navarro e izara Cosme Maciel, 72 años antes de ese singular hito que consolidó la soberanía nacional y marcó la presencia permanente del Estado argentino en el fin del mundo, tal como dijo el Papa Francisco para referirse a su origen cuando fue nombrado Sumo Pontífice en Roma, Italia.
Como diría Pancho Ibáñez, ¡todo tiene que ver con todo!
Aquella primera inauguración del monumento ecuestre a Belgrano, en 1927, contó hasta con la presencia del rey de Italia, Vittorio Emanuele III, quien apareció en el multitudinario acto acompañado de los sones de la marcha real. Estuvieron presentes, también, representantes de la Armada Argentina, enviados especialmente, los que arribaron a bordo del Crucero Acorazado “Belgrano” a cargo del almirante Galíndez y la Fragata Escuela “Sarmiento”, al mando del comandante Honorio Acevedo.
Miles de personas, toques de clarines, salva de cañones y las sirenas de los barcos anclados en el puerto. Sin dudas, ¡un espectáculo apoteósico!
Fue el propio arzobispo de Génova, cardenal Carlo Dalmazio Minoretti, reconocido históricamente por su firme compromiso con la doctrina social de la Iglesia y su postura democrática frente al auge del fascismo, quien bendijo la broncínea estatua.
Manuel Belgrano habría estado muy feliz, por su profunda fe católica. ¡Si hasta les hacía rezar el Santo Rosario a su tropa cada noche; en el diario de marcha citaba al Santo correspondiente del día y jamás dejó de encomendarse a la Virgen María, en sus diferentes advocaciones!
Fue el entonces director de la banda de música de la Fragata Sarmiento, el maestro Soria, quien acompañó con los acordes el Himno Nacional Argentino y alrededor de 1.000 niñas vestidas de blanco, de las escuelas públicas municipales, cantaron la canción patriótica. Una maestra argentina que visitaba a su familia en Génova, Josefina Bevilacqua, les enseñó a vocalizar el Himno en castellano. ¡Qué momentos de emoción habrán sido aquellos!
¡Hasta un “Inno al Generale Don Manuel Belgrano” escribió Giovanni Grimaldi Grosso con la música de Dino Di Liberto Castelli para honrar al «hijo de ligures y de Liguria honor”!
Todos tuvieron palabras de agradecimiento hacia el gran hombre con quien todavía, en la Argentina, cometemos un injusto “dos por uno”, festejando el Día de la Bandera el día que falleció en 1820… ¿Cómo podemos celebrar, con una ruidosa fiesta, la fecha en la que murió su creador y no cuando creó nuestro máximo símbolo de soberanía? Esas incoherencias que nos presenta la historia y que algún día, alguna mente brillante y patriótica, se encargará de subsanar. Recordar su paso a la posteridad cada 20 de junio, sí, como con José Francisco de San Martín el 17 de agosto, pero lo justo es justo, y el día en el que nos hizo Cuna de la Bandera, fue el 27 de Febrero de 1812, exactamente cuando en lo alto del cielo brillaba una “luna roja”. ¿Habrá considerado ese detalle astronómico como una señal Divina en la ciudad de María? ¡Sólo Dios lo sabe?
Allí, en Italia, no sólo se recordó el magnífico y gran gesto de soberanía que tuvo lugar en la capilla de Nuestra Señora del Santísimo Rosario cuando aún éramos el Pago de los Arroyos, sino también su profundo compromiso y valentía militar y política, y sus roles como economista, filósofo, abogado, periodista, educador, publicista, defensor de las mujeres, ecologista, diplomático y soldado.
En representación de las comisiones de homenaje hablaron el ingeniero Luigi Luiggi y el rosarino Santiago Pinasco, tras lo cual, el “podestá” (alcalde) Eugenio Broccardi, gran impulsor de la «Grande Genova» y de proyectos de expansión italiana, recibió la estatua en nombre de la ciudad, y Costanzo Ciano lo hizo en nombre y representación del gobierno italiano.
La frutilla del postre la puso con su alocución el mismísimo Ángel Gallardo, inspirador de la feliz iniciativa, en representación del Poder Ejecutivo Nacional argentino. ¿Otra obra de la Providencia o tal vez coincidencia? Ese mismo día, Gallardo cumplía cinco años de su nombramiento como ministro de Relaciones Exteriores y Culto. Había dicho: “El monumento al general Belgrano, inaugurado en Génova el 12 de octubre, es el nuevo altar donde se celebrará el culto de la amistad ítalo argentina. Todo argentino que pase por Génova le tributará, por lo menos, el homenaje de una visita”.
Anteriormente se había desempeñado como embajador de Argentina en Italia, designado por el presidente Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen Alen, antes de lo cual ya lo había nombrado como titular del Consejo Nacional de Educación. Es bueno recordar, para alimentar nuestra memoria democrática, que Yrigoyen fue el primer presidente electo a través del voto secreto, universal y obligatorio para hombres, proclamado por la Ley Sáenz Peña, y que asumió tanto en 1916 como en 1928 ¡un 12 de octubre!
Además de un pintoresco partido de fútbol celebrado entre los jóvenes marineros de ambos países, que nos ganaron 4 a 2, pero que, caballerosa y gentilmente, los italianos cedieron la Copa del premio a los argentinos, el día de su inauguración -99 años atrás, en la plaza Tommaseo, de Génova- pudo verse concretado el primero de los dos monumentos idénticos en Génova y en Rosario, en homenaje al más grande argentino descendiente de la península itálica: Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, creador de nuestro máximo símbolo de soberanía y argentinidad.
Fue exactamente el 12 de octubre de 1927 el día que fue inaugurado el monumento que agradece los orígenes de nuestro gran prohombre, con algo en el que los rosarinos, tanto tenemos que ver: ser la Cuna de la Bandera argentina, creada, bendecida y jurada en las altas barrancas de las ceibas, allí en el lugar que hoy ocupa el Monumento a la Bandera (“Nacional e Histórico” recién a partir de 1989, pese a haber sido inaugurado en 1957), y dentro del ámbito en el que acamparon sus soldados, hoy conocido como Parque Urquiza, pero injustamente olvidado tanto su nombre original como la motivación de su creación: Parque de los Derechos de la Ancianidad, inaugurado en 1948, e incluidos en la brillante Constitución de 1949.
Sin irnos de Rosario, volvamos a Italia, cuna lígure de los ancestros del prócer y ámbito en el que, en la actualidad, cada 20 de junio se festeja con bombos y platillos, y toda la población sale a honrar la celeste y blanca, allí en Costa D’Oneglia, la Imperia genovesa que nunca olvida que allí nació Domingo Belgrano y Peri, su padre, quien se casó con la porteña de raigambre santiagueña, María Josefa González Caseros, con quien tuvo la friolera de 16 hijos, entre los cuales está nuestro Manuel Belgrano.
Un año después, en 1928, también se cristalizó la feliz idea del monumento ecuestre mellizo en Rosario. Primero se pensó en levantarlo en la zona donde hoy se erige el Monumento a la Bandera, pero luego se decidió que estuviera en el importante bulevar Santafesino, hoy Oroño, en su intersección con avenida Lugones (alguna vez, llamada de Las Magnolias).
Fue realizado por suscripción popular entre la populosa y ascendiente colectividad italiana de entonces y la obra se había encargado al artista italiano Arnaldo Zocchi, el mismo que realizó el Monumento a Cristóbal Colón en Buenos Aires, que estaba lindero a la Casa Rosada y fue trasladado al espigón Puerto Argentino de la Costanera Norte, frente al Aeroparque “Jorge Newbery y en la plazoleta central Hidroavión Buenos Aires.
Pero volvamos a nuestro Rosario Sin Secretos. El activísimo rosarino Santiago Pinasco consiguió, tras varias reuniones con las más conocidas autoridades artísticas italianas, formar una comisión integrada por el arquitecto Manfredo Manfredi, director de la Real Escuela Superior de Arquitectura de Roma; el escultor Paolo Enrique De Barbieri, director de la Academia Ligure de Bellas Artes de Génova; el escultor Eduardo Rubino, profesor de la Real Academia Albertina de Bellas Artes de Tormo y el escultor Eugenio Maccagnini, de la Real Insigne Academia de San Lucas de Roma. Finalmente, por esas cosas que tiene la vida, el elegido fue el florentino Arnaldo Zocchi.
Si bien Santiago Pinasco presidió la comisión para realizar este monumento, lo acompañaron muchos, y especialmente la colectividad italiana de todo el país, muy numerosa por cierto, quien colaboró activa y financieramente para lograrlo. ¿Quiénes integraban esa comisión? Además de su presidente, Santiago Pinasco, estaba como secretario Francisco Garanti, y como vocales, José Sgrosso, Luis Copello, Julio Lencioni, Juan Semino, Guerino Troilo, Enrique Taiana, Hugo Rosselli, Federico Aprosio, Enrique Lubatti, Pedro Delfino, Miguel Porfirio, Felipe Peracca, Vito Cifarelli, Celso Grassi, Amilcar Bagliani y Juan Zolezzi. Con toda dedicación, en silencio pero sin cansarse, poco a poco, lograron el objetivo soñado, durante una cena en Italia.
Para el monumento en Italia, la base, de granito rojo de Sierra Chica, fue enviado a Génova, gratuitamente, en barcos italianos, y pulido en la marmolería de Giuseppe Novi, en Baveno.
Acá tuvimos menos suerte, porque ese material se colocó posteriormente ya que una huelga de obreros en las canteras de Olavarría, no permitió la entrega en tiempo y forma.
Ahora, ¿cuántos sabremos que la estatua y la bandera fueron fundidas con el bronce que el Ejército argentino, a través del sanlorencino Pablo Ricchieri (el verdadero inspirador de Cayetano Silva de la música que, con el tiempo y el advenimiento de Carlos Javier Benielli, se convirtió en la Marcha a San Lorenzo), donó el cañón Nº 618 bis de 1775, de origen español, que fue uno de los que Belgrano tomó de los realistas en la batalla del 20 de febrero de 1813 y se conservaba en la Dirección General de Armamentos de Guerra?
La obra fue fundida en bronce en la fondería Lazaria, de Nápoles, Italia. Por eso decimos que tenemos un pedacito de ese país y de España en nuestro bello Parque de la Independencia.
Para recordar y transmitir a cuantos podamos (es nuestro compromiso como argentinos y rosarinos, custodios de la Cuna de la Bandera), reproducimos aquel parte que Belgrano enviara al gobernador de Córdoba, después de la Batalla de Salta: «Las armas de la Patria se han cubierto de gloria en el día de ayer -veinte de febrero 1913- logrando una completa victoria sobre sus enemigos, recuperar el territorio de Salta y Jujuy hasta Tupiza, hacer nuestras todas las armas y municiones el ejército enemigo».
Rosario, ese día de 1928, también encontró a todo el Parque de la Independencia vestido de celeste y blanco y también de la tricolor italiana, con multitudes que acudieron de pueblos vecinos y toda la ciudad a aclamar la gloria del homenaje. ¡Hasta el transporte tuvo un descuento especial para que nadie se prive de la gloriosa jornada!
Como no podía ser de otra manera, los festejos culminaron con un importante banquete en el salón “Marfil” del Cifré, ubicado en el Palacio Fuentes, en la esquina de Santa Fe y Sarmiento, en el subsuelo de lo que es hoy el Museo Internacional de la Democracia cerrado hace meses. Allí mismo donde hoy permanece (¡Dios quiera que así sea!) el manuscrito del diario de Marcha de Manuel Belgrano cuando llegó a la Capilla del Santísimo Rosario del Pago de los Arroyos, aquel 7 de febrero de 1812.
Antes de 1957, fecha de inauguración del símbolo que nos identifica ante el mundo, y donde vamos a celebrar nuestras alegrías y a expresar nuestras broncas, cada Día de la Bandera se conmemoraba ante la estatua ecuestre a Manuel Belgrano nacida de una genial idea durante una cena en una cantina genovesa.
Si lo sabías, felicitaciones! Si no lo sabías, para no olvidártelo, contáselo a alguien más o reenviale este material. Sólo se ama lo que se conoce. Sólo se defiende lo que se ama.
¡Por más Rosario Sin Secretos!





