Un oasis de plantas medicinales en medio de la ciudad: ¿qué es el proyecto Farmacia Viva de la Facultad de Bioquímica?
Docentes e investigadoras de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de Rosario crearon el proyecto, un espacio único destinado al desarrollo, estudio y profesionalización de las botánica medicinal. Dentro de la misma facultad, en un lugar que estaba lleno de escombros, hoy hay un sitio en el que se cultivan más de 50 especies medicinales, con el objeto de estudiarlas, validarlas científicamente y capacitar a los futuros profesionales.
- Ciudad
- Por Gisela Gentile - Florencia Vizzi
- Nov 20, 2025
Hablar de plantas medicinales no es sólo hablar de medicina ancestral y del uso popular transmitido de generación en generación durante cientos de años. Es también hablar de lo obvio, que es de dónde provienen mayoritariamente los medicamente que día a día, compramos en las farmacias. Y es, además, abrir la puerta a un conocimiento que muchas veces, en forma nada inocente, se mantiene oculto y fuera del alcance de la sociedad. Ahora, la ciudad de Rosario goza de un espacio único para el desarrollo, estudio y profesionalización de las botánica medicinal: se trata del proyecto «Farmacia Viva», de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas, que ha creado un laboratorio a cielo abierto con un acopio de más de 50 especies diferentes. Según explicaron a Conclusión las docentes e investigadoras que lo crearon, María Laura Martínez, María Victoria Rodríguez y María Noel Campagna, el objeto es estudiar las diversas especies, validarlas científicamente y capacitar a los futuros profesionales recuperando indispensables saberes ancestrales.
«Farmacia Viva» está ubicado en la parte trasera del edificio de la facultad, en calle Suipacha al 500 y, con la colaboración de la Universidad Nacional de Rosario y el intercambio y trabajo conjunto con huerteros especializados del Centro Agroecológico Rosario, se convirtió en un formidable y único espacio de cultivo destinado a la investigación especializada y a la enseñanza.
Entre las 53 especies, se puede encontrar diente de león, lavanda, palan-palan, una planta denominada penicilina, con propiedades antibacterianas, caléndula, melisa, valeriana, ajenjo, santamaría, que es repelente, menta, o cúrcuma, tan solo por nombra unas pocas.
Según indican en el sitio web oficial de la UNR, «la necesidad de esta iniciativa surge de una realidad innegable a nivel global». «Los datos de la Organización Mundial de la Salud indican que más del 80% de la población mundial recurre a diversas formas de medicina tradicional, incluyendo productos derivados de plantas. Es por ello que la UNR asume la responsabilidad de proveer un sólido respaldo científico a estos consumos».
Así, aseguran que la finalidad del proyecto es «estudiar de manera profunda y promover activamente el uso seguro de diversas especies vegetales medicinales, tanto dentro de los programas educativos universitarios como en el ámbito comunitario de la ciudad».

Las docentes e investigadoras María Laura Martínez, María Victoria Rodríguez y María Noel Campagna, abrieron las puertas del espacio a Conclusión y contaron sobre el presente de «Farmacia Viva» y los proyectos futuros.
«Farmacia Viva es un espacio en el cual cultivamos, fundamentalmente, plantas medicinales. Es decir, plantas que por su composición pueden ser utilizadas para mantener la salud, para tratar alguna dolencia o enfermedad. El uso de estas plantas se remonta a miles de años atrás y, normalmente, era la única herramienta de la cual disponía la población para poder cubrir estas cosas. Pero hoy en día vemos que esto no es sólo cosa del pasado, ya que el consumo de las plantas medicinales aumenta año a año y eso también trae -a veces aparejado- algunos inconvenientes», detalló María Laura Martínez.
En ese sentido, apuntó que «en general, estas plantas utilizadas, surgen de una recolección silvestre y entonces esto atenta contra la biodiversidad y contra la sostenibilidad». «Muchas veces este material no puede ser ofertado de forma continua en el tiempo y, el gran problema también, es que la calidad de este producto, muchas veces no es la adecuada».

Por su parte, María Victoria Rodríguez destacó: «Lo que nosotros hacemos es trabajar científicamente con plantas medicinales, es decir, darle la base científica a ese conocimiento ancestral y popular que nos transmitieron nuestros antepasados. Es un gran desafío trabajar con plantas medicinales a nivel científico, porque hay que identificar y probar cuáles son los principios activos que tienen estas plantas y qué propician que se puedan usar para tal o cual dolencia».
Asimismo, remarcó que es de vital importancia «establecer cuáles son las dosis y condiciones ambientales adecuadas, ya que las plantas producen determinados componentes químicos en base a un montón de condiciones ambientales. Entonces, todo eso que se usa a partir del conocimiento popular, ‘folclórico’, nuestro trabajo es normatizar estas cuestiones o conocimientos. Es importante darle un enfoque de seriedad, y de conocimiento extra para poder usarlas tranquilamente».
Las investigadoras también señalaron que es importante «trabajar en la correcta identificación del material». «Muchas veces se conoce popularmente a más de una planta con el mismo nombre, y hay veces que una de esas especies es la correcta, es la que realmente tiene los principios activos correspondientes, y la otra, que se la llama igual no. Ese es uno de los grandes problemas con la recolección silvestre, hay que identificar perfectamente el material y muchas veces eso requiere estudios morfoanatómicos para asegurar la identidad de la droga vegetal».

Si bien las tres profesionales cuentan a Conclusión que el espacio «Farmacia Viva» se empezó a gestar hace varios años, desde el 2009, cuando comenzaron las primeras reuniones para darle forma a la idea, recién este año se pudo concretar la primera etapa del proyecto. «Pero la idea es poder hacer todo el camino que la utilización de plantas medicinales tiene, porque lo que tenemos acá es la materia prima. Pero luego, hay que corroborar la calidad de esa materia prima, para liuego darle forma farmacéutica»
Además, destacaron la necesidad de seguir trabajando con otras áreas de la comunidad, «para tener la posibilidad, el día de mañana, de tener zonas de cultivo en las cuales se pueda producir a mayor escala y después poder transformarlo en un medicamento herbario o en una droga vegetal que pueda ser suministrada».
Asimismo, las docentes detallaron que el espacio también se utiliza para dar clases. «Por ejemplo, los estudiantes de Farmacia eligen una planta para trabajar, realizan una monografía y presentan un trabajo final. Entonces toda esa información se va transmitiendo y va quedando, y es de mucho valor. Porque, además, vuelven también a conectarse con las plantas, que es de dónde vienen los medicamentos. Porque no es magia, los medicamentos de algún lado vienen. Entonces es importante y una de las ideas era eso, que surja la planta. Entonces ahora tenemos todo acá, los chicos vienen al jardín, ven las plantas, las identifican».
Como deseo, expresaron la esperanza de que la Farmacia Viva se convierta en «un modelo experimental». «Que se pueda replicar en otros lugares de Rosario y de la Argentina, que eso también era una idea y por eso se gestó este proyecto».
Santo Remedio
Las investigadoras destacaron que, desde el año 2019, trabajan estrechamente con el Centro Agroecológico Rosario. «Desde ahí vienen muchas de las plantas que tenemos acá. Incluso elaboramos un manual de uso de plantas medicinales, al que llamamos Santo Remedio».
Martínez contó que trabajan mucho con huerteros y huerteras de la zona, que ahora viven en Rosario pero que en su mayoría provienen del norte del país, inclusive de países limítrofes, donde la utilización de las plantas medicinales está muy arraigada culturalmente.
«Ellos tenían un proyecto de comercializar y buscaban, justamente, esta interacción con la facultad para poder darle forma a esta guía, que si la buscan en Google, la pueden encontrar. En este momento estamos trabajando en un segundo volumen, con más plantas, e incorporándole también todo el estudio histoanatómico, algo que va más orientado hacia los profesionales farmacéuticos, para que puedan hacer un control de calidad».
Las docentes aclararon que todo esto pudo realizarse gracias a los subsidios de la Universidad Nacional de Rosario. Y en ese sentido, también detallaron que, a través de las Secretarías de Facultad, iniciaron un diálogo con Parques y Jardines de la Municipalidad de Rosario.
Además apuntaron que «no es un espacio cerrado». «Todo lo contrario, es una cuestión abierta. El espacio invita al encuentro, al diálogo. Estuvimos hablando de diálogos de diferentes sectores de la sociedad, y, también acá, hay un espacio de esparcimiento o de recreación. Porque nosotros estamos en el subsuelo, farmacobotánica está en el subsuelo, sin luz. Entonces salimos acá, salimos a la luz y se nos ilumina también la cabeza”.

