SáBADO, 18 DE JUL.

Unión y Progreso: el corazón de Echesortu que late al ritmo del esfuerzo y la resistencia

Ubicado en el centro geográfico de Rosario, el histórico club de calle San Juan atraviesa un presente marcado por el ajuste económico y las abultadas tarifas. Sin embargo, la pasión de sus dirigentes y el sentido de familia mantienen en pie a una entidad fundamental para la contención social.

“El club es mi gran pasión”, afirma Chiqui Goñi, histórica referente de Unión y Progreso, al iniciar el diálogo con Conclusión. Ubicada en San Juan al 3400, la institución se erige en el alma de barrio Echesortu como una de las tantas entidades que se sostienen exclusivamente gracias al esfuerzo de su comunidad y la tenacidad de quienes la conducen. Chiqui, quien presidió el club durante quince años, continúa hoy “poniendo el hombro” desde la vocalía, aunque con la serenidad que dan los años de gestión: “Realmente me gusta; ahora lo hago con más tranquilidad. Me gusta hablar con los políticos, con la gente y estar presente cuando hace falta”, relata.

Actualmente, la posta en la presidencia la tomó Blas Urbano, un joven dirigente cuya vida está ligada a la institución desde los tres años. “Acá me crié, me eduqué y me formé”, manifiesta con orgullo. Al analizar el presente de la entidad, Blas destaca que la gestión de Goñi permitió entregar un club “ordenado”, lo que facilitó la continuidad del proceso administrativo. No obstante, el contexto nacional no es ajeno a la realidad del club: hoy cuentan con 320 socios activos, pero enfrentan una constante inestabilidad debido a la crisis económica. “Tenemos muchas bajas; los chicos siguen viniendo, pero los padres se borran por la situación actual”, explica el presidente.

A pesar de los vientos en contra, Unión y Progreso ofrece casi una decena de actividades, con el objetivo de brindar beneficios tanto a socios como a vecinos. Entre su oferta deportiva y recreativa se destacan el básquet, taekwondo, patín, bailes urbanos y boxeo recreativo.

Sin embargo, la preocupación central hoy pasa por el mantenimiento del edificio y el pago de los servicios básicos. Con arcas cada vez más golpeadas, el costo de la energía eléctrica se ha vuelto una amenaza real. “Hoy el pago de la luz nos quita el sueño. Pagamos boletas de 800 mil pesos por mes y siempre llegamos con lo justo”, lamenta Urbano.

La infraestructura del club es fruto del trabajo autogestivo. Si bien durante la gestión anterior se recibieron subsidios para iniciar la obra del Salón de Usos Múltiples (SUM), la finalización del espacio fue posible gracias a la organización de polladas y venta de rifas por parte de los socios.

El rol de la mujer y la memoria institucional

La historia de Chiqui Goñi en el club comenzó hace medio siglo, en una época donde los espacios de decisión estaban vedados para las mujeres. “Hace 50 años que vengo. En aquel entonces, la comisión directiva no les daba lugar a las mujeres, entonces las madres hacíamos las reuniones y las fiestas para comprar los equipos de camisetas; atendíamos el kiosco, era otra cosa”, recuerda.

Para Chiqui, el club de barrio es, ante todo, un espacio de aprendizaje, respeto y códigos compartidos. “Somos como una familia. Al ser un club chico, somos todos uno; el hecho de saludarnos y conocernos por el nombre hace que los chicos aprendan valores que les sirven para toda la vida”, asegura.

Un presente que espeja crisis pasadas

La dirigente no oculta su preocupación al comparar la situación actual con la crisis tarifaria de 2015, que también puso en jaque a las pequeñas instituciones sociales. En aquel momento, recuerda el convenio realizado por el entonces gobernador Miguel Lifschitz para subsidiar una parte de las boletas de servicios, un alivio que hoy parece lejano.

Asimismo, señalan la pérdida de programas nacionales como “Clubes en Obra”, que entre 2021 y 2023 permitió construir un entrepiso y finalizar el SUM. “Lamentablemente hoy esas ayudas no están, lo que hace que todo sea cuesta arriba”, advierte la referente.

A pesar de los 50 años de labor ininterrumpida y los vaivenes del país, “la Chiqui” asegura no estar cansada. Para ella, el club es el legado familiar donde pasaron sus suegros, su marido, sus hijos y ahora sus nietos. Por su parte, Blas Urbano sintetiza el sentimiento que los une: “Unión hoy es mi vida entera. Dejo todo por el club”. En San Juan al 3400, la resistencia no es una consigna política, sino un ejercicio diario de amor por el barrio.

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