SáBADO, 18 DE JUL.

Desenterrar el silencio

María Julia Blanco reconstruye en su documental una historia familiar marcada por los libros ocultos, el miedo y las preguntas que todavía persisten décadas después de la dictadura.

 

Alrededor del pozo, María Julia Blanco observa junto a sus padres y familiares cómo la pala mecánica remueve lentamente el patio donde, más de cuarenta años atrás, su abuelo decidió esconder una caja llena de libros para proteger a su hijo durante los primeros años de la dictadura cívico militar argentina.

Nadie habla demasiado. Todos miran.

La escena, que podría pertenecer a una excavación arqueológica, ocurre en realidad dentro de una historia familiar atravesada por el miedo y la necesidad de resguardar aquello que, en 1976, podía convertirse en una amenaza. Pero en Desentierros. Los libros que no heredamos, el acto de remover la tierra nunca se limita solamente a recuperar objetos perdidos. Porque lo que María Julia Blanco desentierra en su documental no son únicamente libros. También son rastros.

La película avanza sobre fragmentos: libros húmedos, imágenes de archivo, cintas VHS y recuerdos incompletos. Historiadora e investigadora, Blanco se involucra personalmente en una búsqueda que parece orientada menos a encontrar respuestas que a acercarse a aquello que permaneció oculto dentro de muchas familias atravesadas por la dictadura.

Cuando finalmente la caja aparece, los libros ya no vuelven intactos. Las páginas deformadas por la humedad y el paso del tiempo cargan marcas que van mucho más allá del deterioro material. Hay algo en esos restos que parece hablar también de los años de miedo y de todo aquello que una generación aprendió a callar para sobrevivir.

En ese recorrido aparece La madre, la novela del escritor soviético Máximo Gorki, utilizada dentro del documental como un eco persistente entre generaciones. María Julia Blanco toma fragmentos y diálogos de la obra para construir un paralelismo entre su abuelo y su padre, atravesados por los años de persecución y por la necesidad de proteger aquello que podía resultar peligroso. La literatura aparece entonces como otra forma de transmisión: una manera de conservar ideas, vínculos y memorias incluso cuando las palabras debían permanecer ocultas.

Pero Desentierros evita el golpe bajo y las explicaciones permanentes. Confía en los objetos, en los silencios y en la potencia de las imágenes deterioradas. Ahí aparece también el enorme trabajo colectivo detrás de la película. La producción de Pamela Carlino y Agustín del Carpio sostiene con sensibilidad una historia profundamente íntima, mientras que el montaje de Marina Sain y el diseño sonoro de Lautaro Zamaro construyen una atmósfera suspendida entre el recuerdo y la ausencia.

El documental deja flotando además otra relación inevitable. En un país donde todavía continúan las búsquedas de personas desaparecidas, el título Desentierros resuena más allá de los libros recuperados. Sin necesidad de subrayar constantemente, la película dialoga con esa otra memoria rota que atraviesa la historia argentina.

Hay algo profundamente humano en esa familia reunida alrededor del pozo. Nadie parece buscar solamente una caja enterrada décadas atrás. Durante algunos minutos, lo que todos observan en silencio es la posibilidad de volver a tocar una parte de su propia historia.

Y cuando la tierra finalmente se abre, lo que aparece no es solamente una biblioteca escondida. También aparece la huella del miedo con el que una generación aprendió a vivir.

Estreno

Desentierros. Los libros que no heredamos tendrá su estreno el viernes 5 de junio a las 20:30 en el cine público El Cairo Cine Público, en el marco de 31° Festival de Cine Latinoamericano Rosario.

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