SáBADO, 18 DE JUL.

25 de Mayo en clave histórica: el pasado que se replica en el presente y una materia pendiente como país

A 216 años de la Revolución de Mayo, esta fecha patria invita a reflexionar sobre el cambiante, indefinido e impredecible proceso de identidad nacional, con memorias y lecciones de aquel tiempo que sirven como base referencial para entender mucho de la idiosincracia política y social argentina.

Otro 25 de mayo especial en Argentina. Un nuevo «Día de la Patria» en el que se vuelve a recordar el aniversario de un hito histórico que marcó la creación de la Primera Junta de Gobierno y el inicio del proceso independentista de la nación, uniendo a la comunidad en una fecha de gran orgullo en todo el territorio, con un fuerte anclaje emocional para el conjunto de la población.

A 216 años de la Revolución de Mayo, esta fecha patria invita a reflexionar sobre el cambiante, indefinido e impredecible proceso de identidad nacional, con memorias y lecciones de aquel tiempo que sirven como base referencial para entender mucho de la idiosincracia política y social argentina. 

Para ampliar más sobre este pasado que se resignifica en el presente y sigue dejando deudas pendientes como país, en diálogo con Conclusión, Blas Chiummiento, historiador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), comenzó diciendo que «es una de las fechas más importantes, sin duda, de la historia del Río La Plata. No solamente de Argentina: en ese momento lógicamente no se pensaba en términos de Argentina, Uruguay, como si fuera un Mundial, lo que estaba en ese momento en riesgo era lo que sucedía en la zona del Río La Plata con respecto a España».

«Esa sucesión de hechos nos sirven para pensar el presente, para pensar los problemas locales, para pensar también cómo lo internacional repercute en nuestra historia. Estamos acostumbrados a una historia del tipo Billiken, de buenos y malos. La realidad en general, así como el presente, es bastante más compleja», agregó.

«Los seres humanos, tanto en el presente como en el pasado, intentan solucionar problemas. En mayo de 1810, las noticias que llegaban en barco desde Europa eran que no había más autoridades españolas, que eran consideradas legítimas en ese momento, porque, como se sabe, hacía ya dos años que el Rey estaba preso, pero había autoridades que custodiaban de alguna manera ese poder real», precisó.

«Lo que sucedió es que ya sin esas autoridades, ante la invasión napoleónica, se tiene que decidir en el Río de la Plata a quién obedecer. No es que en mayo de 1810 había una seguridad de ser independiente, romper cadenas, ni se hablaba todavía de una Argentina como una patria nueva. Entonces, la historia y el presente, visto como de buenos y malos, como simple, no es muy buena consejera», contextualizó.

«En la semana de mayo de 1810 se abrió una nueva oportunidad, una nueva puerta de ver qué es lo que va a suceder en el futuro, de lo que en ese momento era fundamentalmente un enigma. ¿Qué es lo que va a pasar?, ¿vamos a seguir siendo dependientes de otras autoridades españolas?, ¿podemos estar dependiendo de un nuevo imperio?, ¿vamos a ser un nuevo país?, ¿quién lo va a conformar?, ¿va a ser parte de Sudamérica?», describió.

«En mayo de 1810 las puertas estaban abiertas y no había certezas de qué es lo que iba a pasar», remarcó, dando cuenta del contexto de incertidumbre general que imperaba en ese momento crucial de la historia.

Al ser consultado sobre si actualmente seguimos con esas dudas después de 216 años, mencionó que «si hay algo que marca un poco la historia argentina son las grietas, las pasiones. Argentina es un país de pasiones y ya desde 1810, con claridad, se vio que hay diferentes posturas. Quizás la postura más predominante en ese momento era la de formar una junta y esperar a ver qué es lo que pasaba en Europa para ver si, una vez que retomase el Rey, volveríamos a ser españoles”.

«Hoy en día, y podemos decir desde esa época, tenemos un país de muchas pasiones, donde nos gusta discutir, nos gusta mostrar nuestro punto de vista, a veces más apasionada, a veces quizás rozamos la falta de respeto, pero lo que no hay duda es que Argentina es un país de pasiones políticas», reconoció.

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«Tenemos bien claro que nuestra identidad no es una identidad que viene del extranjero, sino que es una identidad que se discute en los barrios, en los clubes, en la política, en las escuelas, en todos lados. A partir de 1810, quizás ya desde las invasiones inglesas, se trasladó hasta el día de hoy, es decir, que haya discusiones en torno a qué hacer con el futuro de nuestra patria», añadió.

«Quizás lo que nos falta, y de la historia podemos aprender también un poco de eso, es a buscar algunos puntos en común, que al día de hoy todavía no los estamos encontrando, o por lo menos desde el regreso de la democracia estamos un poco tambaleando sobre qué país queremos en el futuro», detalló sobre la gran materia a resolver como nación: qué Argentina se quiere, independientemente de las ideologías políticas.

 

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