Cero financiamiento: el Gobierno dio de baja fondos para proyectos científicos y tecnológicos
Una gran mayoría de las investigaciones realizadas en el país pero que no tienen un horizonte de dos años, como máximo, para su concreción quedarían sin financiar. La reacción de la comunidad científica fue de repudio unánime desde las más diversas orientaciones políticas.
- Política
- Dic 8, 2025
En un nuevo paso hacia el abismo, el Comité Directivo de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación dio de baja definitivamente las líneas de financiación de Proyectos Científicos y Tecnológicos 2022, que ya había sido evaluada y otorgada, y 2023. La Argentina pasó así a ser el único país de América con financiación cero para la ciencia.
Para reemplazar este instrumento, puesto a punto durante décadas, anunció que se lanzarían dos líneas de financiamiento destinadas «al desarrollo productivo»: la denominada Apoyo a la Investigación Científica (AIC), con máximo de 200.000 dólares para proyectos en conjunto con el sector privado y, más adelante, tres líneas STARTUP 2025, para desarrollo de prototipos en pequeña escala de tecnología protegible bajo propiedad intelectual, validación de productos, escalado, certificaciones y homologaciones, diseño de estrategia de negocios, inicio de comercialización y acuerdos de transferencia.
Una gran mayoría de las investigaciones realizadas en el país pero que no tienen un horizonte de dos años, como máximo, para su concreción quedarían sin financiar.
En sus considerandos, el directorio de la Agencia I+D+I destaca que «busca promocionar la generación de conocimiento científico y tecnológico en pos del fortalecimiento del sector productivo, a fin de potenciar las competencias tecnológicas en empresas vinculadas con sectores prioritarios», «los proyectos deberán evidenciar un carácter innovador en su aplicación productiva, con resultados que sean transferibles o implementables en una empresa», «la postulación debe realizarse en asociación con una empresa de carácter privado» y que trabaje en tres ejes: agroindustria, energía y minería, o salud.
La reacción de la comunidad científica fue de repudio unánime desde las más diversas orientaciones políticas.
En cuanto se conoció la decisión, la Red de Autoridades de Institutos de Investigación, que no se asocia con ningún partido político, incluye pluralidad de opiniones y reúne a más de 400 autoridades de organismos de ciencia y tecnología, dio a conocer un documento en el que subraya: «El jueves 4 de diciembre quedará tristemente en la historia como una fecha clave para el desmantelamiento del sistema científico de la Argentina. Después de dos años de no hacer absolutamente nada, el Directorio de la Agencia I+D+I, organismo que fuera el corazón del financiamiento del sistema científico, anuló las convocatorias a proyectos de investigación PICT 2022 (ya adjudicados) y cerró definitivamente la convocatoria 2023. Paralelamente, la Agencia anunció una convocatoria para financiar proyectos con empresas privadas y de base tecnológica. El reducido monto total y las condiciones de estas convocatorias prevén un impacto marginal para la Argentina. Estas nuevas líneas NO financian investigación científica. Disfrazan el recorte y ataque a la ciencia con el argumento ficticio de financiar ciencia aplicada».

Otros que también manifestaron su descontento en redes sociales consideraron que la decisión es miope, errónea y catastrófica.
«La Agencia y los PICTs fueron creados durante el gobierno de Menem y desde entonces permitieron financiar la ciencia básica y también la aplicada», afirmó el biólogo molecular de referencia en el mundo Alberto Kornblihtt.
«Me pregunto quién va a solventar la paleontología, la arqueología, la historia, la física cuántica, las ciencias de la educación, la nanotecnología, la ecología, el cambio climático, los estudios sociales sobre la vivienda, la salud y la pobreza, la conservación de la naturaleza, la dinámica de los ríos y humedales, las enfermedades poco frecuentes, las pandemias, et. Temas valiosísimos y necesarios para cualquier país y más para uno como el nuestro, que tiene una larga y virtuosa tradición científica. Esto no es un problema de los científicos sino de toda la sociedad, que debería preguntarse si quiere que la Argentina abandone la ruta de la generación de conocimiento», reforzó.

Para hacerse una idea de lo que implica esta decisión, basta con mencionar que solo en la convocatoria 2022 se habían aprobado 1.584 proyectos. Tras innumerables retrasos, la de 2023 no había llegado a cerrarse.
SUICIDIO CIENTÍFICO
«Esto es una sentencia de muerte para el 90% de la ciencia argentina», publicó en X el doctor en Ciencias Químicas y profesor de Bioinformática de la Universidad Nacional de Córdoba, además de investigador del Conicet, Rodrigo Quiroga.
«Los primeros que van a desaparecer son los que hacen biología molecular, agro, biotecnología, todos campos donde somos líderes mundiales. Esto es un suicidio científico», subrayó.

El doctor en Historia por el University College London (UCL) e investigador del Conicet, Ezequiel Adamovsky, coincidió: «Muchos pensaban que era solo contra las Ciencias Sociales, pero el Gobierno anuncia que tampoco habrá fondos para ciencia básica. Solo hay para ciencia aplicada y en beneficio de empresarios. Destruyen décadas de inversión y acumulación de capacidades. Sin ciencia básica no hay aplicaciones. No hay nada que aplicar. Son dos ramas de una misma labor».

«Esto no es una reforma, es la ruptura del pacto científico en el país, un desmantelamiento sin precedentes. El Gobierno apagó el motor de nuestra ciencia», destacó el economista y ex presidente del organismo, Fernando Peirano.
«Quita financiamiento basal, rompe contratos vigentes, desconoce reglas internacionales y deja al país sin el instrumento que durante décadas sostuvo su capacidad de producir conocimiento propio. Es una medida abrupta, ideológica y técnicamente infundada, que retrocede varias décadas», enfatizó.
«El PICT fue durante 25 años la columna vertebral del sistema científico argentino: ordenó reglas, garantizó evaluación por pares y dio previsibilidad a miles de equipos de investigación. Permitía que cualquier grupo del país compitiera con la misma vara y accediera a recursos con autonomía», añadió.
«Con esta decisión, la Argentina pasa de liderar la región en promoción científica a convertirse en el único país que abandona la inversión en investigación básica. Ahora tenemos una Agencia que compite con las aceleradoras, con todas las posibilidades de hacerlo peor: sin la experiencia técnica, sin los procesos, sin las capacidades acumuladas y sin un ecosistema que acompañe», lamentó.

Por su parte, Galo Soler Illia, investigador del Conicet en química y nanotecnologías, que se define como «radical» y que sostuvo posturas enfrentadas con gobiernos de signo peronista, destacó que el nuevo programa de financiación de la ciencia y la tecnología va a «destruir lo que queda del sector».
«La propuesta inicial parece sensata –escribe en un detallado análisis que publica en X–: juntar investigadores con empresas que adoptarán el conocimiento. El tema es que esto no va a funcionar por varios motivos. Uno de ellos, central, de falta de compatibilidad. Segundo problema, insuficiencia de fondos. La justificación del Gobierno es que dar muchos proyectos con pocos fondos ‘diluía’ la financiación. Y no, creaba ecosistema. Los proyectos PICT eran bajos, pero financiaban la investigación diaria».
«Este financiará muy pocos proyectos. Por como está escrito, solo grandes consorcios van a poder presentarse. Esto mata a los grupos jóvenes. No hay matices, las ideas nuevas mueren. No se sabe nada del método de evaluación», indicó.
«En suma, nada nuevo bajo el sol. Con una pretendida apertura a ‘generar conocimiento útil’, se comete un grave desbalance del sistema, que va a detonar lo poco que queda, a hacer emigrar sobre todo a la gente más joven, y no creo que arregle problemas de fondo», concluyó.

Valeria Levi, doctora en Ciencias Químicas, destaca que lo único que se puede financiar con lapsos máximos por proyecto de 24 meses es «el final de un recorrido, en los casos en los que ya hay una empresa involucrada, porque si no, no dan los tiempos. No es ciencia».
«Saca del mapa proyectos como la exploración de los fondos submarinos, que tienen que ver con la soberanía, con conocer qué recursos tiene nuestro mar. Nadie dice que esté mal interactuar y trabajar con el sector productivo, pero no es lo único que hace la ciencia en el mundo. No es posible mantenerse así: sin ciencia, no hay universidad de excelencia. Y, por lo que dice el decreto, no va a haber otros instrumentos», soslayó.


