MIéRCOLES, 21 DE OCT.

El Morgan Stanley anuncia un gran crecimiento: ¿para quién?

Por Carlos Duclos.

Por Carlos Duclos

La noticia conmovedora para el mundo de la economía argentina es lo que ha dicho nada menos que el Morgan Stanley hace escasas horas: “El banco consideró en un informe difundido entre sus clientes que la Argentina normalizará su economía en los próximos cinco años, lo que permitirá la atracción de unos u$s 230.000 millones, y planteó que si el gobierno implementa reformas estructurales podría alcanzar un crecimiento anual del 4% del Producto Bruto Interno (PBI)”.

Una mirada primera y fugaz sobre la noticia alienta al alicaído espíritu argentino, o al menos al espíritu de no pocos argentinos desanimados por las realidades, pero una mirada más profunda y nada pesimista invita a una reflexión a partir de un interrogante: ¿cuáles son las reformas estructurales que podrían permitir un crecimiento del cuatro por ciento anual del PBI? Y la posible respuesta da temor, porque las reformas estructurales podrían ser (y algunos dirán “serán”) más ajuste en la economía, una receta que los argentinos conocen de sobra y que a la sociedad jamás le dio resultados favorables.

Directivos del banco dijeron que «el país está volviendo a la normalidad económica y política después de años de ausencia de los mercados de capitales tras su default de la deuda de 2002 y colapso financiero”. Y lo cierto es que es cierto (valga el juego de palabras) no se puede decir que la fabulosa entidad financiera mundial mienta desde su perspectiva: el país está retornando a la normalidad política y económica que favorece a los grandes capitales. ¿Pero qué hay de las grandes masas ciudadanas argentinas que asisten desde hace tiempo a condiciones de vida indignas, y que con frecuencia no son condiciones de vida sino de “sobrevida”?

El problema económico y social argentino, por supuesto y para ser justos en la sentencia dialéctica, no se remonta a la asunción de Mauricio Macri como presidente, el problema argentino es histórico desde hace décadas y se debe a que de una u otra forma los intereses de ciertas corporaciones “patrias”, de uno y otro signo, han estado al servicio propio y nada más. “Cuando el padre no cuida a sus hijos, no puede sino esperarse que la adversidad se los coma”, decía alguien alguna vez, y esto es lo que viene ocurriendo desde hace tiempo en el país de la mano, además, de la disgregación y la contienda absurda, de la mediocridad y la estupidez ideológica, mientras los porcentajes de pobreza, delito y demás hierbas crecen en un campo solo rentable y útil para algunos.

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