MIéRCOLES, 03 DE JUN.

La angustia de no poder pagar la tarjeta de crédito en la voz de una funcionaria: “De cada diez que atiendo, tres se me ponen a llorar”

Ariadna Ciammariello es la encargada del área financiera de la Oficina del Consumidor. A diario ve jubilados con una “angustia tremenda” por no poder hacer frente a sus créditos. Endeudamiento circular, préstamos bancarios para pagar otra deuda y aumento de la morosidad.

 

Yo tengo que pagar, porque si no el banco va a pensar que soy una estafadora, le dijo la mujer, una adulta mayor, a la coordinadora del área financiera de la Oficina Municipal de Defensa del Consumidor, Ariadna Ciammariello. Lo que tenía que “pagar” era la tarjeta de crédito, que cada vez más personas utilizan para cubrir lo sus ingresos genuinos no permiten: alimentos y medicinas. Un informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate) cuantificó los créditos de las familias en condiciones irregulares en “un récord” del 7,4% en agosto pasado, cuando en “coyunturas normales” es de 2,5 puntos. En diálogo con Conclusión, Ciammariello echó mano a otra estadística -si si quiere más subjetiva- que muestra la angustia que produce ese fenómeno de crisis de los ingresos de trabajadores y jubilados ante el vencimiento de la tarjeta: “De cada diez que atiendo, tres se me ponen a llorar”.

La Oficina del Consumidor que depende del Concejo Municipal de Rosario recibe, entre otras demandas, las de personas que no pueden hacer frente al pago de sus tarjetas de crédito, con las que financian los gastos que sus ingresos no pueden pagar. La cantidad de visitas creció en el último año, del mismo modo que cambió el perfil de uso de las tarjetas.

Lo que estamos viendo sobre todo en mi área, que es el área financiera, es que una gran parte de personas titulares de tarjetas de crédito que pagaban en tiempo y forma, comenzaron a pagar el mínimo y que, tras haber pagado el mínimo durante un par de meses, se le está transformando en impagable”, dijo Ciammariello a este diario digital.

Comprar lo básico, en cuotas

Los consumos que la profesional ve en los resúmenes de las tarjetas no son ostentosos, justamente. En el caso de los adultos mayores a mí me mata. Hay gastos de farmacia de 25.000 o 30.000 pesos, que puede no parecer mucho para mí, pero para un jubilado es un fortuna, es el 10% de su jubilación”.

La funcionaria municipal contó que la semana pasada atendió a una mujer mayor con conflictos por la imposibilidad de saldar la deuda de la tarjeta, que emplea para gastos corrientes. “Una mujer que me dijo ‘yo tengo que pagar, porque si no el banco va a pensar que soy una estafadora’. Imagínate el nivel de desesperación de esa mujer”.

 

 

También se encuentra, a menudo, con personas que deben elegir caminos de un encrucijada insalvable. “Hay gente que te dice ‘no puedo pagar, tengo que elegir entre comer, pagar el alquiler o pagar la tarjeta’. Y esta gente viene con un nivel de angustia tremendo”.

Un mes cada vez más corto

La responsable del área financiera del organismo advirtió otro cambio, más o menos conocido: “También lo que se ve es que antes era después del corte de la tarjeta, que eran los días 25, 28 o 30, que se utilizaba la tarjeta para ir al supermercado. Es patear la compra para un mes después”, explicó. Sin embargo, agregó, ahora ya el día 15 o 16, en los resúmenes de cuenta -.yo soy la que veo y observo los resúmenes de cuenta de las personas constantemente-, ya tenemos las compras en el supermercado, compras en farmacias, la compra con tarjeta de remedios”.

El remedio, por decirlo de algún modo, no consiste en emplear la tarjeta, sino el mejoramiento del poder adquisitivo de los sectores de ingresos fijos, que en un porcentaje creciente “no le alcanza”. O, como dice el chiste, le sobre mes al final del sueldo.

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No se está utilizando la tarjeta de crédito para bienes durables, sino para bienes de consumo, para bienes de primera necesidad como fármacos y alimentos”, abundó la funcionaria. En términos llanos, bienes durables serían aquellos que no se recambian en forma habitual, como una heladera, un lavarropas o las cubiertas de un automotor.

Hasta hace un tiempo, las familias solían utilizar las tarjetas con ese fin, aprovechando en ocasiones promociones de los bancos o de los comercios. Ahora la compra es de bienes de consumo de corto plazo, como la comida o los remedios, que se adquieren todos los meses.

Endeudamiento circular

La falta de recursos para afrontar los gastos lleva al uso de tarjetas de crédito que, también, se vuelven difíciles de cancelar. Entonces comienza, explicó la funcionaria, lo que se denomina “endeudamiento circular”. Por ejemplo, pedir un préstamos bancario -con tasas exorbitantes- para pagar la tarjeta.

“Siempre resalto la cuestión de los adultos mayores, de las personas mayores, que tiene esta cultura de que tiene de pagar, ‘no puedo no pagar la tarjeta’. Entonces comienzan a pedir préstamos: saco deuda para pagar una deuda, es el famoso endeudamiento circular, que es el sobreendeudamiento”, explicó Ciammariello.

 

 

Se trata de dinero “fácil” de conseguir, que las entidades bancarias ponen a disposición de los usuarios casi sin trabas. “Se sacan préstamos, de esos los rápidos, el del cajero automático, que me lo depositan enseguida en mi caja de ahorro. Algunos bancos te dan un préstamo de un monto, pongamos 200 o 300 mil pesos, que te lo depositan inmediatamente en tu caja de ahorro, o los de las billeteras virtuales, que también se está viendo mucho. Es decir, saco un préstamo, saco deuda para pagar deuda, no es que solicite un préstamo para refaccionar mi casa. No, deuda para pagar la deuda” detalló.

La encargada del área financiera de la Oficina del Consumidor contó sobre las persona que buscan asistencia quealgunos vienen a asesorarse antes, a preguntar qué pueden hacer, y otros vienen directamente a pedir el plan de pagos que ofrecen las tarjetas. Que, en términos de intereses, es menos lesivo que el “pago mínimo”.

“Y otros a consultar, porque muchos bancos no dan una refinanciación, si bien es obligatorio por parte la entidad, algunos le están dando, otros no”, abundó. Según los casos que observar a diario, los bancos que no refinancian “les hacen pedir un préstamo. Entonces vos pedís un préstamo, los préstamos son a 60 meses, 48 meses, de mantera tal que quedás sujeto durante 48 meses al banco. Con ese préstamo se cancela la tarjeta de crédito, pero no te da tiempo a nivelar, entonces tenés que pagar la tarjeta pero tenés una deuda superior” por medio del préstamos otorgado por la entidad.

Puesto el asunto en números, Ciammariello señaló que hay bancos que tienen un costo financiero total de una tarjeta, en una refinanciación, en el 130%, depende de la entidad. En un préstamo personal a lo mejor es de 120, 130 o 140%, en 24 o 48 meses”. Es decir, una tasa que quintuplica la de la inflación y triplica la que el mismo banco paga en instrumentos financieros de ahorro, como un plazo fijo. Lo que evidencia que en las crisis, no todos pierden.

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