MARTES, 08 DE SEPT.

Nueve de cada diez mujeres achicaron sus compras de alimentos: el efecto del desempleo, endeudamiento y caída salarial 

Una encuesta realizada por MuMaLá apuntó que de cada diez mujeres, tres sufrieron pluriempleo. Asimismo, el 63% de las consultadas dijo estar endeudada con una o más fuentes.

 

Nueve de cada diez mujeres y diversidades recortaron gastos y ajustaron su consumo de alimentos en los últimos seis meses, mientras que el 63% de la población femenina dijo estar endeudada (el 59% con más de un acreedor). Los datos se desprenden de una encuesta realizada por Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci), en donde se analizó cómo impacta la caída del empleo registrado y del poder adquisitivo del salario en este sector.

El informe no sólo apuntó que muchas mujeres y diversidades debieron recortar gastos –entre ellos los destinados a alimentos o salud–, sino que además la mitad de las encuestadas sufrió precarización laboral durante el último semestre. Este combo, sumado al endeudamiento, repercutió en la salud mental de las afectadas, generando sentimientos como preocupación y angustia.

Motosierra en la heladera

El 90% de las encuestadas achicó las compras diarias de su hogar: los mayores recortes se dieron en la adquisición de ropa, pero el dato llamativo fue que más de la mitad de las personas consultadas (52%) redujo su consumo de alimentos. El ajuste también alcanzó a los medicamentos (27%) y al pago de servicios básicos como luz, agua y gas (19%).

Casi nueve de cada diez mujeres relevadas dijo que modificó su consumo de alimentos debido a la situación económica: el 65% manifestó haber reducido tanto la calidad como la cantidad de su comida; el 13% disminuyó sólo la calidad; y el 9% solo la cantidad. Por falta de recursos, hubo una caída en la compra de carnes, lácteos, frutas y verduras.

Ante este panorama, en cuatro de cada diez hogares algún miembro de la familia debió suprimir alguna de las comidas por falta de recursos. Por ello, en los últimos meses se observó que creció la demanda alimentaria en comedores comunitarios, escolares o universitarios.

El 49% de los consultados dijo que los ingresos “a veces” alcanzan para cubrir los gastos básicos. La situación fue más dramática para el 21% que señaló que “nunca” llegan a satisfacer las necesidades primarias. Por el contrario, un 18% expresó que “con frecuencia” los haberes son suficientes, mientras que un 12% “siempre” llega a cubrir los consumos de primer orden.

En esta línea, seis de cada diez personas relevadas dijo que los alimentos aumentaron por encima de los ingresos, mientras que el 53% y 52% apuntó contra las subas en medicamentos y alquileres. También se mencionaron –aunque con menor frecuencia– los incrementos de servicios, impuestos, las cuotas de colegios privados y obras sociales, la atención psicológica, los pañales, la gastronomía, los productos de higiene, las actividades culturales y los aranceles de gimnasios o clubes deportivos.

El 98% de las encuestadas “debió adoptar una o más estrategias” para proteger su economía: el 80% buscó ofertas, el 41% concurrió a mayoristas y el 27% pasó a adquirir productos usados. También hubo quienes dejaron de usar transporte público y pasaron a trasladarse a pie o en bicicleta y quienes empezaron a asistir a comedores.

“Entre los gastos que se recortaron, se destacan consumos vinculados a estética, perfumería, recreación, viajes, vacaciones, gaseosas y delivery, así como la interrupción de la terapia psicológica”, destacó el informe, que apuntó que el 85% de los encuestados dejó de realizar actividades por motivos económicos.

El 85% de las personas dijo que dejó de salir a comer con familiares y amigos; el 49% manifestó que ya no concurrió a actividades culturales; el 42% redujo sus visitas a la peluquería o a centros de depilación; y el 39% dio de baja la cuota del gimnasio o del club. Este ajuste también afectó las remodelaciones en la vivienda y el acceso a capacitaciones profesionales.

Entre el desempleo y el pluriempleo

Mientras que casi el 70% de los encuestados dijo recibir ingresos por algún tipo de trabajo remunerado, el 51% de ellos sufrió de precarización laboral en los últimos meses. Por otro lado, mientras que siete de cada diez mujeres dijeron tener un sólo trabajo, tres de cada diez sufrieron de pluriempleo: el 22% tuvo dos ocupaciones, el 5% tres y el 2% más de tres.

El informe apuntó que el 56% de las consultadas sumó actividades laborales en los últimos seis meses. “Entre estas ocupaciones se mencionan la venta de ropa, comida o cosméticos, el trabajo como conductora en aplicaciones de transporte (Uber), el dictado de clases particulares, el manejo de redes sociales y la realización de changas de limpieza o cuidado de personas”, enumeró el estudio.

Mientras que el 33% de las personas que participaron de la encuesta dijeron no recibir ningún tipo de ingreso, el 55% manifestó que actualmente están desempleadas, el 22% realiza trabajo doméstico no remunerado y el 2% estudia, es jubilada o pensionada o tiene una pensión por discapacidad.

En este apartado el informe alertó por la aparición del juego en línea y por aplicaciones como una actividad para sumar ingresos: “Las mujeres tienen presencia en estos espacios como jugadoras o como ‘cajeras virtuales’ en un entramado territorial cada vez más complejo, empobrecido e inseguro”.

El endeudamiento avanza

El 63% de las encuestadas manifestó estar endeudada con una o más fuentes. La deuda con tarjeta de crédito bancaria fue la más mencionada (49%), seguida por créditos no bancarios y billeteras virtuales (32%), servicios públicos e impuestos (25%), compromisos con familiares (24%), créditos bancarios (20%), préstamos informales barriales (14 %), deudas financieras con casas de electrodomésticos (11%) y alquiler (4%).

También se mencionaron los préstamos de amigos, el fiado en negocios de cercanía, los compromisos con profesionales (como psicólogos o abogados) y las deudas por cuotas de vehículos y de la Verificación Técnica Vehicular (VTV). Asimismo, se señalaron deudas con cajas de jubilaciones profesionales, cuotas de instituciones educativas (escuelas, facultades o institutos de formación) y cuotas de la casa o el terreno.

“El 59% de las participantes informó un endeudamiento múltiple, con dos o más acreedores (sean personas, entidades u organismos), mientras que el 41% restante mantiene obligaciones con una sola fuente”, detalló el estudio.

Y añadió: “Se identificó el uso de múltiples instrumentos de endeudamiento en simultáneo, muchos de ellos desregulados y con intereses usurarios. El congelamiento de los salarios trajo aparejada la pérdida del poder adquisitivo en una economía en constante estado de alerta. La toma de deuda fuera del sistema bancario por parte de las personas precarizadas constituye una situación aún más grave y peligrosa. Al recurrir a prestamistas informales y casas de préstamos, las afectadas ponen en riesgo, en ocasiones, su escaso patrimonio, comprometiendo su integridad física o la de sus familiares. La entrega forzada de la vivienda, la pérdida de bienes valiosos, las amenazas y —en casos extremos— los suicidios u homicidios son modalidades presentes como consecuencia del impago”.

Preocupación y angustia

Ante la caída de poder adquisitivo y el creciente endeudamiento, seis de cada diez encuestadas dijeron estar “preocupadas”, mientras que un 45% se sintieron “angustiadas”. En la lista también aparecieron emociones negativas como ansiedad, intranquilidad, enojo, desilusión y tristeza.

“Las participantes manifestaron sentirse deprimidas, estresadas, cansadas, desesperanzadas, frustradas, desesperadas, desbordadas, desconcertadas, nerviosas, confundidas, desganadas, desoladas, disconformes, disgustadas, dolidas e indignadas. También describieron encontrarse mal, con miedo, sin rumbo o con bronca, y bajo un estado de ánimo fluctuante o resignado”, detalló el informe.

A ello también se suma la sobrecarga: además del empleo, el 94% de las consultadas dijo que realizó tareas en su hogar, aunque con diferentes frecuencias: el 53% lo hace “siempre”, mientras que el resto lo hace con menor periodicidad.

Siete de cada diez personas consultadas consideraron que su situación económica actual es peor que la que tenían hace seis meses atrás, mientras que el 47% sostuvo que su situación económica empeorará en el futuro y el 32% afirmó que permanecerá igual.

¿Quiénes fueron las encuestadas?

La encuesta se realizó entre el 29 de mayo y el 15 de julio y recibió 1.605 respuestas, de las cuales se consideraron válidas 1.538. La edad promedio de las participantes fue de 40 años. Al momento de la encuesta, el 48% expresó ser soltera; el 37% en convivencia con su pareja (incluye casadas); el 10% divorciada o separada; y el 4% viuda.

En cuanto a la vivienda, el 56% de las consultadas expresó que es propia, el 28% alquilaba y el 16% restante mencionó variantes como vivienda prestada, cedida u ocupada. “Esto evidencia una menor proporción de propietarias en comparación con los datos del Censo 2022, donde los valores fueron del 65,7% para dueñas, 21% para inquilinas y 14% para quienes habitan en viviendas prestadas, cedidas u otras”, alertó el informe.

Paralelamente, el 84% de las encuestadas integraba hogares con ingresos menores a $1.800.000; el 15% percibió entre $1.800.001 y $4.999.999; y el 1% restante superó los $5.000.000. El 35% de estos ingresos provinieron de empleos formales en relación de dependencia; el 28% de trabajo informal; y el 12% de jubilaciones y pensiones.

Asimismo, el 55% de las encuestadas tenía personas a cargo económicamente: de ellas, el 75% mantenía a niños, niñas y adolescentes; el 13% a personas adultas mayores; el 7% a personas con alguna discapacidad; y el 5% a personas con enfermedades crónicas.

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