MARTES, 20 DE OCT.

La cruz de León XIV recuerda a un obispo asesinado durante la Guerra Civil española

La imponente cruz que usó el papa en su primera aparición pública tiene una historia de lucha y representa una reliquia viviente. San Agustín, Santa Mónica y el beato Anselmo Polanco, obispo mártir de Teruel asesinado en la Guerra Civil española, presentes en la cruz.

 

Cuando León XIV apareció en el balcón por primera y el mundo entero lo conoció como el nuevo papa, llevaba en su pecho colgada una cruz familiar para quienes lo conocieron como cardenal. Lo que pocos sabían es que esa cruz alberga diminutas reliquias: una de San Agustín, otra de Santa Mónica y una tercera del beato Anselmo Polanco, obispo mártir de Teruel asesinado en la Guerra Civil española.

La imponente cruz del papa tiene historia de lucha y representa una reliquia viviente que une pasado y presente. Un mensaje poderoso, silencioso, a una Iglesia que sigue necesitando testigos dispuestos a darlo todo.

¿Quién fue el mártir?

Anselmo Polanco Fontecha fue un religioso español perteneciente a la Orden de San Agustín, que ejerció como obispo de Teruel entre 1935 y 1939. Adherido a los sublevados tras el comienzo de la contienda, en enero de 1938 fue hecho prisionero por el Ejército republicano tras la conquista de Teruel.

Estuvo bajo custodia durante casi un año, siendo trasladado en varias ocasiones. En las últimas semanas de la contienda, en medio de la conquista franquista de Cataluña, Polanco fue fusilado por un pelotón militar junto a otros prisioneros.

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