MIéRCOLES, 03 DE JUN.

El Efecto: Betina Zubeldía, una madre contra los narcos

Con la organización que preside, Madres Territoriales, abrió un hogar para personas con consumos problemáticos, donde próximamente funcionará una cooperativa de trabajo. Por su lucha contra los narcos sufrió distintos atentados, pero afirma que no la van a callar. "Ahora tengo muchos hijos", dice en relación a los jóvenes que ayudó a alejarse de las drogas.

 

En la casa que pertenecía a un poderoso narco de Rosario hoy funciona un hogar para personas con consumos problemáticos. Como una paradoja del destino, la lujosa vivienda adquirida con dinero sucio ahora es el hogar donde viven y pasan decenas de jóvenes (y no tanto) que buscan recuperarse de las adicciones.

El hogar es motorizado por la asociación Madres Territoriales contra las Adicciones, un nombre que lo dice todo. Y un colectivo que ya enraízo en distintas ciudades del país. “Somos las madres las que estamos siempre al pie del cañón, las que no dormimos, las que nos metemos en las villas a buscar a nuestros hijos, a las que nos cierran la puerta en la cara”, comenta Betina Zubeldía, presidenta de la agrupación, en el podcast de Conclusión El Efecto.

Su militancia surgió de una vivencia personal con su hijo Kevin hace unos 16 años. “Tener un hijo adicto es una desesperación terrible”, lo resume Betina.

Primero escuchó hablar de las Madres contra el Paco, quienes se reunían todos los jueves en plaza de mayo con un pañuelo negro en la cabeza. De esta manera, trajo el modelo a Rosario, donde se contactó con otras madres para buscar que sus hijos puedan tener acceso a la salud. “Fue como cuando juntas muchas ramitas, una sola es frágil, pero todas unidas no se pueden cortar”, grafica Betina.

La adicción de su hijo fue un golpe de realidad. Dice que la criaron en una “cajita de cristal” y que nunca había tenido grandes golpes. El primero fue cuando se encontró con la mirada de Kevin perdida por la droga. Por su desesperación pudo averiguar quién se la vendía, y, sin dudarlo, fue a encarar al dealer en Pérez, su localidad. “Si me abría la puerta lo agarraba de los pelos”, afirma.

Se metió en zonas calientes, donde funcionaban los bunkers para buscar ella misma a los vendedores y patearles la puerta. Fue a la comisaría a denunciarlos, pero luego llegaron las amenazas contra ella y su familia. Allí descubrió cómo funcionaba el negocio.

Su lucha no fue gratis. A raíz de sus denuncias contra los narcos recibió distintas amenazas, al extremo de sufrir el ataque con una bomba molotov en el puesto de diarios de su familia.

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El segundo y más fuerte golpe fue hace ocho meses, cuando su hijo Kevin finalmente se quitó la vida. “Kevin me enseñó a que tenemos que prestar atención a la salud mental en su totalidad”, resalta.

Las luciérnagas

Betina Zubeldía fue una de las primeras que vio la dura situación de los jóvenes con el crack (cocaína consumida en pipa), al observar que después de la pandemia “creció de forma exponencial”. “Preguntamos cómo consumís la cocaína y cuando dicen que la aspiran es un alivio”, afirma para graficar la gravedad de la problemática.

A esos chicos de barrios vulnerables, consumidos por ese veneno, los llama “luciérnagas”, por la luz que emanan sus pipas, donde fuman crack, que “los destruye en cuestión de días”, dice Betina.

“El chico no se droga porque quiere, sino porque está enfermo”, remarca la mujer. Y advierte que “el monstruo no es solamente la sustancia, es la adicción, como puede ser el juego, que cada vez aumenta más”.

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El acceso a la salud ha sido siempre uno de los mayores reclamos de Madres Territoriales. “La desintoxicación no la hacen en los hospitales si no está al borde la muerte y los psiquiatras están colapsados”, asegura la mujer. “Así que si nosotros sí los recibimos”, completa. Por lo tanto, para contar con mayores herramientas a la hora de trabajar en la temática, Betina estudió la tecnicatura en Adicciones: “Pude haber metido preso a un narco, pero la droga seguía estando. Así que entendía que había que concentrarse en la prevención”.

Donde el Estado no llega

Tras ser condenado por narcotráfico, un poderoso hampón de la ciudad (de quien se preserva la identidad por seguridad de los nuevos habitantes), su casa fue decomisada por el Gobierno de Santa Fe y en conjunto con la asociación Madres Territoriales contra las Adicciones decidieron poner en funcionamiento Casa Kevin, que hizo su inauguración el 23 de diciembre del año pasado y hoy ya ayuda a decenas de personas.

Allí obtienen contención, asisten a talleres terapéuticos y aprenden a realizar distintas tareas que los preparan para la vida fuera del hogar. También crearon lazos con refugios para personas en situación de calle, y en los hogares de Padre Misericordioso, donde los residentes del hogar estudian. Luego, vuelven a la Casa Kevin. “Los chicos no están deambulando sin tener contención. Pudimos entrar donde el Estado no llegaba”. Además, próximamente abrirán una cooperativa de venta de frutas y verduras.

“Empecé a saber que el tema iba por la prevención, contención y el acceso a la salud. Sigo gritando porque a las madres no las van a callar nunca. Tengo muchos hijos ahora. Los siento como mi familia”, cierra Betina.

 

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