El feroz aumento del alquiler obliga a la mudanza de un emblemático teatro rosarino
Se trata del centro cultural La Nave, de Laprida y 9 de Julio, que en el último año vio triplicarse el monto del alquiler. A esto se suma una caída en la venta de entradas y una nueva tendencia en el teatro independiente: la compra de tickets en cuotas.
- Ciudad
- Por Elisa Soldano
- Jun 5, 2025
El centro cultural La Nave, ubicado en Laprida al 1375, busca un nuevo espacio para funcionar. Hace poco más de un año que esta sala funciona en barrio Martin, pero el alquiler del inmueble saltó de $400.000 a $1.400.000 en cuestión de meses, lo que hace imposible afrontar los gastos, especialmente en un rubro que viene golpeado por la caída en la venta de entradas teatrales.
Hace veinticinco años que La Nave transita las aguas rosarinas: el proyecto comenzó en un edificio de Pellegrini y Presidente Roca, donde estuvo durante tres años; luego se mudó al establecimiento de la Asociación Bancaria, en San Lorenzo al 1300; y a inicios de 2024 –y después de un año de trabajo para acondicionar las instalaciones del inmueble– se mudó a Laprida y 9 de Julio.
En diálogo con Conclusión, el periodista, director teatral y referente de La Nave, Walter Operto, manifestó: “El teatro independiente y la cultura en general están atravesando tiempos muy difíciles, tenemos un Gobierno que no nos quiere. Sentimos la falta de poder adquisitivo del público, que compra entradas en dos o tres cuotas. También hay un desgaste en la sociedad, es difícil reunir actores, tener un proyecto colectivo común, se ha dañado el estado de ánimo de la gente y hay una moral muy individualista, pero por suerte creo que el teatro sigue siendo una trinchera”.
En el caso de La Nave el combo es explosivo: además de la caída de venta de entradas, el alquiler y las tarifas subieron de forma feroz, lo que hace imposible que los números cierren en una organización que, además, no recibe ningún subsidio del Instituto Nacional del Teatro.
“Comenzamos con un alquiler de $400.000, ahora estamos en $1.000.000 y dentro de un mes vamos a estar en $1.400.000. Es un disparate, aumenta cada tres o seis meses de una forma desproporcionada a la realidad que se vive y no podemos sostener el espacio. Para colmo, no hay dónde golpear. No estamos cerrando, sino que estamos tratando de mudarnos”, señaló Operto. Además, apuntó que al precio del alquiler se deben sumar entre $400.000 o $500.000 de tarifas.
El referente teatral comentó que tardaron casi un año en poner a punto el inmueble de Laprida y 9 de Julio: “Lo hicimos sin subsidios, con el esfuerzo de amigos y con un pequeño dinero que tenía la fundación cultural que creamos con mi compañera María Angélica Scotti. También colaboraron electricistas, carpinteros y compañeros de teatro que limpiaron y pintaron”.
“Si no hay una sensibilidad del sector inmobiliario, estamos perdidos. Ni siquiera intentamos pedir ayuda a la Municipalidad o a la provincia, porque sabemos que no es su prioridad y tienen otros asuntos”, dijo Operto, quien detalló que desde que anunciaron su mudanza aparecieron algunas propuestas: “Una amiga ofreció una casa en Echesortu, un amigo propuso compartir un salón de fiestas. Estoy tratando de ver un lugar que se llama la Casa del Maestro, que está en Laprida al 1400. Por lo pronto, estamos tomando compromiso de actuación hasta septiembre”.
Comprar entradas en cuotas: un signo de época
Ante la difícil situación que atraviesa el teatro independiente, desde La Nave buscaron diferentes estrategias para atraer público: por un lado permitieron que las entradas que cuestan $10.000 sean abonadas en dos cuotas; y, por otro, lanzaron un programa de socios, mediante el cual, al abonar una cuota mensual, se pueden ver todas las obras que están en cartelera.
“Son estrategias para que podamos sobrevivir como espacio. Los teatros de Buenos Aires, el teatro comercial, vende entradas a $30.000 o $50.000 y ofrece pagarlas en tres o cuatro cuotas, por eso todavía se mantienen. La gente no tiene acceso a la comida ni a los remedios, menos va a tener interés en gastar dinero en la cultura”, observó el director teatral.
La Nave llegó a tener treinta y cinco socios a fines del año pasado, en su mayoría mujeres y jubilados. En relación al consumo, Operto destacó que hay un cambio cultural en los espectadores, que ahora prefieren ver obras teatrales más temprano.
Asimismo, reconoció que deben hacer “malabares” para definir los precios de la entrada, de modo que les quede una ganancia a los trabajadores pero que, al mismo tiempo, sea accesible para el púbico: “De mil pesos que entran, entre el 10% y el 15% es para Argentores, y de lo que queda el 70% es para los artistas y el 30% para los espacios”.
Y añadió: “Aspiramos a tener en cartelera mensualmente por lo menos siete obras, con lo que hay, de mínima, cuarenta o cincuenta artistas por mes. Además tenemos tres talleres que languidecen, porque hay mucha gente que no puede pagar una cuota o los talleristas abandonan porque ganan poco dinero y tienen que buscar trabajo en otro lugar”.
Muchos teatros independientes no sólo están afectados por los precios del alquiler, sino que a esto se suma la quita de subsidios del Instituto Nacional del Teatro. Si bien hace unos años que La Nave no recibe fondos de este organismo, Operto destacó: “Hay meses como diciembre, enero o febrero, que nuestros espacios se empobrecen. El Instituto movía la actividad en las veinticuatro provincias y ayudaba a que la gente haga teatro, aún en las zonas más pobres. Ese es el rol del Estado”.
Por último, apuntó que el teatro independiente está en crisis desde hace casi diez años: sufrió desfinanciamiento en el macrismo, salas cerradas en la pandemia y ahora un nuevo golpe a la venta de entradas. Sin embargo, reconoció que Rosario tiene un “buen capital teatral”, nutrido por políticas públicas, talleres, casi veinte salas y por las dos escuelas de artes escénicas. “Las batallas culturales tarde o temprano se ganan, porque la cultura forma parte de la salud humana”, cerró.







