VIERNES, 05 DE JUN.

Preocupación de la Iglesia por la «despenalización de hecho» de la venta y consumo de drogas

La Pastoral de Adicciones y Drogadependencia y la Pastoral Social también advierten que el narcotráfico "no para de crecer" y llaman a ser signos de esperanza frente a "la cultura de la muerte".


En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, fijado para el 26 de junio, la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia expresa su preocupación por «el gran crecimiento» del narcotráfico y «la despenalización de hecho» de la venta y consumo de drogas en el país.

El mensaje se titula «Seamos signo de esperanza frente a la cultura de la muerte y el narcotráfico que no para de crecer» y también lleva las firmas de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y la Conferencia Episcopal Argentina (CEA). «Frente a un Estado que se va retirando de nuestros espacios más pobres, como Iglesia y junto a otras organizaciones de base, no damos abasto con la demanda de ayuda», advierte.

Los obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida en el año 2007 expresaban: «El problema de la droga es como una mancha de aceite que invade todo. No reconoce fronteras ni geográficas ni humanas. Ataca por igual a países ricos y pobres, a niños, jóvenes, adultos y ancianos, a hombres y mujeres. La Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones» (DA n° 422).

En las ciudades y pueblos de nuestro país, particularmente en las periferias y barriadas pobres, vemos que el narcotráfico va ocupando espacios sigilosamente y no se detiene. Da «trabajo» a las personas y mientras que los barrios parecen tranquilos, se van desintegrando las familias y el narcotráfico extiende su vil campo de acción. Son nuestros adolescentes y jóvenes los que van entrando tanto en el consumo de drogas como en la cadena de compra-venta de sustancias.

Frente a un Estado que se va retirando de nuestros espacios más pobres, como Iglesia y junto a otras organizaciones de base, no damos abasto con la demanda de ayuda. Nos encontramos, por ejemplo, con escuelas que están atravesadas por el consumo; las fuerzas de seguridad ayudan, pero a veces no alcanza con su presencia actual; los transas balean nuestros lugares supuestamente seguros; los vecinos se organizan pero hay armas de por medio.

«En este escenario no hay paz. Al mismo tiempo, los grandes hospitales públicos, dadas las deficiencias presupuestarias, se están convirtiendo en salas de atención primaria de la salud», sostiene el comunicado.

Más información, en www.episcopado.org y redes sociales.

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