DOMINGO, 19 DE JUL.

Brújula perdida en el laberinto del Cono Sur

La Cumbre del Mercosur reafirma los desacuerdos de fondo entre los principales socios. Las anteojeras ideológicas del gobierno y los límites del pragmatismo con Brasil ante el descalabro del orden global.

 

Durante la última semana se celebró la 66° Reunión Ordinaria del Consejo del Mercado Común y la Cumbre de Presidentes del MERCOSUR, en Buenos Aires, coincidiendo con el traspaso de la presidencia pro-tempore de Argentina a Brasil, de Javier Milei a Lula da Silva.

Empecemos por los consensos alcanzados: el bloque llegó a un acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés), un bloque conformado por cuatro países que no pertenecen a la Unión Europea: Noruega, Suiza, Liechtenstein e Islandia. El mismo aún debe ser ratificado por los parlamentos de todas las partes para entrar en vigencia, pero supone avances en materia económica y comercial con naciones que no tienen una gran tradición de intercambio y vínculos sólidos con nuestra región. Suiza, por nombrar un ejemplo, tiene un lugar considerable en la lista de inversores extranjeros de Argentina, ubicándose dentro del top 10 en esta materia. Noruega, como productora de hidrocarburos, ha dejado entrever que podría colaborar en materia energética con nuestro país y el desarrollo de estos recursos. No mucho más, aunque resulta celebrable la intención de diversificar nuestras relaciones con socios no habituales.

Por otro lado, Milei se anotó un poroto con el acuerdo de preferencias arancelarias que consiguió que Brasil firme para otorgar una serie de flexibilidades para negociar con terceros países por fuera del Arancel Externo Común. Premio consuelo para el gobierno argentino, que declaró en marzo la intención de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, cuando Milei recibió la presidencia pro-témpore semestral. Un mes más tarde, Donald Trump anunció aranceles para todo el mundo incluida Argentina, con la que no tuvo ningún trato preferencial a pesar de los shows con motosierras y el alineamiento irrestricto con Washington.

La política comercial del gobierno se desarrolla en línea con la política exterior en general: enceguecida por las anteojeras ideológicas del Presidente. Del mismo modo que no termina de comprenderse cuál es la razón por la cual Argentina se pliega acrítica e integralmente a todas y cada una de los posicionamientos del Estado de Israel, tampoco se entiende muy bien qué estrategia se persigue con la intención de liberar el comercio con Estados Unidos, que está haciendo todo lo contrario. Por poner un ejemplo, de los 20 países con los que EE.UU. tiene tratados de libre comercio, 12 se encuentran en el continente americano. Ninguno quedó a salvo del arancelazo de abril.

Por su parte, el vínculo con Brasil sigue a cuenta de las cancillerías y algunos ministerios, como se dejó entrever en la reunión que mantuvieron Luis Caputo con su par brasileño, Fernando Haddad, ex candidato presidencial del Partido de los Trabajadores en 2018. En lo que respecta a los Presidentes, la relación es inexistente. Mientras el libertario habló de emprender “el camino de la libertad solos o acompañados” y defiende la cooperación en seguridad como el único tema en el que vale la pena reforzar el papel del Estado e integrarse con los países vecinos, el Presidente de Brasil tiene la mira puesta en la Cumbre de los BRICS que está por celebrar en Río, la Cumbre climática COP30 que organizará en Belém durante el mes de noviembre, la transición energética y el desarrollo económico y tecnológico equitativo; temas que el gobierno argentino considera como parte de una agenda antioccidental-progresista-comunista. Milei sigue sin hablarse con Lula más allá de incómodos saludos. No tuvieron ni un encuentro oficial y la relación es insalvable desde que Milei lo tildó de “comunista y corrupto”. Hay que recordar que el Presidente argentino invitó a Bolsonaro a su asunción en diciembre de 2023 y aprovecha cada oportunidad que tiene para reforzar los puentes con el clan del ex mandatario brasileño. Lula, en una devolución de gentilezas, visitó a Cristina Kirchner en su prisión domiciliaria dando el respaldo internacional más importante a la ex Presidenta desde la confirmación de su condena por parte de la Corte Suprema el mes pasado. Hechos que refuerzan el no vínculo entre los mandatarios, además de las diferencias de prioridades.

El vínculo estratégico más importante de nuestro país sigue el compás de espera, con ansias de que los vientos políticos vuelvan a soplar en la misma dirección, y con vistas a las elecciones presidenciales del año que viene, donde se especula que Lula podría competir nuevamente si los números le sonríen. Por lo demás, no hay que esperar grandes avances en la relación bilateral.

La Cumbre del Mercosur no dejó mucho más para sacar en limpio. Resulta paradójico que otros acuerdos que podrían ser rescatados, como el memorándum de entendimiento con Paraguay para la integración gasífera ligada a los recursos de Vaca Muerta, coincida con el hecho de que grandes porciones del territorio nacional están sin gas, en parte por la parálisis en las obras públicas que el gobierno decidió implementar.

Reuniones como la de esta semana refuerzan la idea mal intencionadamente instalada de que espacios como el Mercosur “no sirven para nada”. Esto es bien cierto, si solo se utiliza para marcar posicionamientos ideológicos abstractos, como “emprender el camino de la libertad”. Si eso se refiere a la apertura económica y al libre comercio entre las naciones, hoy el principal abanderado global de “la libertad” sería la República Popular China. Si se refiere a otra cosa, sería bueno saber a qué.

Diversos hechos en la política internacional dejan entrever que el multilateralismo y el orden basado en normas están en grave crisis, posiblemente terminal. En ese marco, los nostálgicos no esperamos que se retomen las agendas sociales, de infraestructura, de salud y de ciencia y tecnología en el ámbito del Mercosur, pero sí de buscar algunos mínimos puntos de acuerdo para capear los vientos huracanados del sistema global actual. Por ahora, como Antón Pirulero, cada cual parece atender su juego.

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