9 de Julio: la independencia y la disputa de las provincias contra el poder central
En 1816 los representantes firmaron la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica, a la cual varios territorios, entre ellos Santa Fe, no adhirieron en primera instancia. "La disputa era si esa entidad política que estaba surgiendo iba a ser más federal o más centralista y unitaria", detalló el historiador Julian Feroni en diálogo con Conclusión.
- Info general
- Por Guido Brunet
- Jul 9, 2025
El 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán, integrado por representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declaró la Independencia. La reunión se extendió hasta altas horas de la noche. Al grito de “Viva la Patria” cientos de personas se concentraron en los alrededores de la Casa de Tucumán.
En medio de un contexto internacional complejo en el que el rey Fernando VII había vuelto al trono en España y se predisponía a recuperar los territorios americanos, las Provincias Unidas decidieron reunirse para culminar el proceso independentista. En este escenario, cada provincia eligió un diputado cada 15.000 habitantes y el 24 de marzo de 1816, 33 de los 34 congresistas se reunieron en San Miguel de Tucumán para iniciar las sesiones del Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica.
Tras arduas discusiones, el 9 de julio de 1816 los representantes firmaron la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica. En aquel documento, se encontraban comprendidos los actuales territorios de Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia.
Aunque Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental no adhirieron al Congreso. Estas provincias –junto con Córdoba– eran parte de la Liga de los Pueblos Libres y ya habían declarado su autonomía de Buenos Aires e independencia de España y de todo poder extranjero el 29 de junio de 1815, al mando del general José Gervasio Artigas.
El historiador y doctor en Historia por la UNR Julián Feroni, en diálogo con Conclusión, explicó: “Desde Santa Fe siguen las ideas artiguistas, que plantean una forma de gobierno que se mueve entre lo federal y lo confederal, rompiendo con esa construcción más centralista luego de la asamblea del año 13”.
“La disputa, entonces, es si esa entidad política que está surgiendo va a ser más federal o más centralista y unitaria. Estas provincias que tenían un proyecto político alternativo, luego se suman a las Provincias Unidas. Después también, cuando el Congreso se traslada a Buenos Aires en 1817 y se propone una Constitución en 1819, las provincias la rechazan por considerar que tiene un rasgo centralista”, amplió el docente.
Por otra parte, cuando comenzó la revolución en 1810, el virreinato del Río de la Plata ocupaba territorios amplios, lo que hoy es Uruguay, Paraguay y sur de Bolivia. Por lo tanto, “el acto de declaración de la Independencia pretendía que esas regiones suscriban”, agregó el historiador.
“Más tarde, cuando cae el gobierno central, tenemos un período de autonomía provinciales. Cada provincia sancionó sus constituciones y sus representantes. No existía un gobierno federal por encima”, completó.
Para llegar a Argentina
Para llegar a la República Argentina tenemos que pensar en la segunda mitad del siglo 19, hasta la sanción de la Constitución Nacional en 1853 -y para que se aplique en todo el territorio hubo que esperar hasta 1862-.
“Hasta allí, lo que había eran provincias autónomas que se unen entre sí a través de pactos. Además, estaba la provincia de Buenos Aires, con su propia Constitución. Ya que había una disputa política entre los unitarios y federales, que no va a tener unificación hasta la caída de Rosas en 1852. Hasta ahí lo que tenemos es la Confederación Argentina, con Rosas como líder, con cada vez más atributos”, detalla el historiador.
Finalmente, Feroni remarca: “No hay que ir a buscar ni a 1810 ni a 1816 a la Argentina tal cual la conocemos hoy, ni en términos geográficos, ni políticos ni económicos. Lo que se inicia en 1810 (con un camino autónomo de la metrópoli pero no independiente) y se ratifica en 1816 es que surge un nuevo estado independiente de España y cualquier otra nación”.
Nación libre
La declaración de la Independencia significó la ruptura definitiva con la corona española, formando parte de un proceso revolucionario que comenzó previo al 25 de mayo de 1810 y continuó durante los años siguientes.
España se había liberado de los franceses (que habían ocupado el trono seis años antes). El rey Fernando VII había vuelto al poder y se proponía recuperar los territorios americanos que estaban en manos de los revolucionarios. Ante esto, las Provincias Unidas se reunieron en San Miguel de Tucumán para decidir qué hacer y cada provincia –menos las del Litoral– eligió un diputado cada 15.000 habitantes.
El Congreso comenzó el 24 de marzo de 1816 y los primeros temas que trataron los 34 diputados presentes fueron, entre otros, los recursos para el ejército Libertador, la acuñación de una nueva moneda, demarcación de límite provincial y la organización de las fuerzas castrenses.
Por lo tanto, Argentina pasaba a ser “una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”. Agregando días después a esta declaración “y de toda otra dominación extranjera”, despejando cualquier especulación sobre el posible sometimiento al rey de Portugal.
El acta de la Independencia fue sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas y firmada por 29 representantes. Un acta que resume el espíritu emancipador del momento desde el inicio:
“En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de 1816: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados si quieren que las provincias de la Unión fuese una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli, aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país”.

