MARTES, 20 DE OCT.

Ambientalistas advierten que España se encuentra entre los tres mayores exportadores de plaguicidas prohibidos en la Unión Europea

La organizacion de Greenpeace reveló que casi la mitad de los productos exportados desde el país iberico en 2024 fueron destinados a naciones de ingresos bajos y medios, a pesar de los riesgos que representan para la salud humana y el medio ambiente.

Una reciente investigación de Greenpeace revela que España se consolidó como uno de los tres principales exportadores de plaguicidas prohibidos en la Unión Europea. En 2024, casi la mitad del volumen total de estos productos aprobados para exportación desde el país ibérico fue destinado a naciones de ingresos bajos o medios. Entre las sustancias exportadas se encuentran compuestos con efectos devastadores, como pesticidas que afectan el desarrollo cerebral infantil, contaminan las aguas y provocan la mortalidad de las abejas, además de un fungicida clasificado como peligroso para los bebés en gestación.

El informe indica que España está posicionada como uno de los tres mayores exportadores de plaguicidas prohibidos en la Unión Europea, según una reciente investigación de Greenpeace. En 2024, el país aprobó la exportación de casi 12.900 toneladas de estos productos, un aumento significativo con respecto a las 5.200 toneladas registradas en 2018.

Los plaguicidas exportados incluyen sustancias prohibidas por sus efectos devastadores sobre la salud humana y el medio ambiente, como el daño cerebral en niños, la contaminación de fuentes de agua y la mortalidad de las abejas.

Según los datos obtenidos a través de leyes de acceso a la información, España notificó la exportación de plaguicidas que contienen 22 sustancias químicas diferentes, todas ellas prohibidas dentro de la UE por sus riesgos para la salud y el entorno. Esta cifra representa casi el triple de sustancias prohibidas que en 2018, posicionó a España como el tercer mayor exportador de estos productos a nivel europeo, solo por detrás de Alemania y Bélgica. La exportación de plaguicidas de este tipo creció a un ritmo alarmante desde 2018, con un aumento del 2,5 veces en el volumen de estos productos.

Lo más alarmante es que, de acuerdo con los informes, casi la mitad de los plaguicidas exportados por España en 2024 se destinaron a países de ingresos bajos o medios, como Marruecos, Brasil, Sudáfrica, Guatemala y Ucrania. En muchos de estos lugares, el uso de plaguicidas altamente peligrosos pone en grave riesgo tanto la salud de los trabajadores agrícolas como la de las comunidades rurales.

Además, la exportación de estas sustancias representa una contradicción flagrante, ya que en Europa se prohíben debido a su peligrosidad, mientras que las empresas españolas continúan beneficiándose económicamente de su venta a países menos regulados.

Entre las sustancias exportadas se encuentran fungicidas e insecticidas cuyo impacto en la salud humana es especialmente grave. Por ejemplo, el fumigante de suelo 1,3-dicloropropeno, prohibido desde 2007 por el riesgo que representa para las aguas subterráneas y la fauna, ha sido uno de los más exportados, con casi 9.800 toneladas notificadas para 2024. Asimismo, el insecticida clorpirifós, prohibido en la UE en 2020 por sus efectos perjudiciales en el neurodesarrollo de los niños, continúa siendo exportado a gran escala.

Este comercio de plaguicidas altamente tóxicos genera una gran preocupación en el ámbito ambiental y de salud pública. Helena Moreno, coordinadora de la campaña de sistemas alimentarios sostenibles de Greenpeace, señalaron la hipocresía del gobierno español «hemos prohibido estos plaguicidas en nuestros campos porque son un peligro real para las personas, las abejas y la naturaleza. Pero permitimos que nuestras empresas se lucren vendiéndolos fuera, poniendo en riesgo la salud de los trabajadores agrícolas, las comunidades rurales y los ecosistemas», afirmó.

Además de los riesgos para la salud humana, la exportación de estos plaguicidas tiene un impacto devastador en la biodiversidad. Los insecticidas neonicotinoides, que han sido responsables de la mortalidad masiva de abejas, y otros productos como la picoxistrobina, que fueron prohibidos en Europa debido a su amenaza a la vida silvestre, continúan siendo comercializados hacia países con regulaciones menos estrictas.

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