JUEVES, 04 DE JUN.

León XIV agradeció el legado de Francisco durante una misa en su memoria

El Pontíce presidió la misa en la Basílica de San Pedro, en sufragio por el papa argentino y los cardenales y obispos que fallecieron durante este año.


El papa León XIV presidió este lunes, en la Basílica de San Pedro, la misa en sufragio por el difunto papa Francisco y por los cardenales y obispos fallecidos durante el último año. En su oración, afirmó: “Vivió, presenció y enseñó la esperanza”, a lo que añadió que ese es el principal legado de Francisco. Junto a los ocho cardenales y 134 obispos fallecidos en el último año, señaló que “resplandecen como estrellas en el cielo”.

De su predecesor, el Santo Padre destacó en particular que “murió después de abrir la Puerta Santa e impartir a Roma y al mundo la bendición pascual”. En reconocimiento a ello, León XIV expresó su gratitud durante su primera misa como pontífice por los pastores fallecidos, una celebración que “adquiere este año un sabor característico, el sabor de la esperanza cristiana”.

A continuación, en su homilía, evocó la “terrible muerte” de tantas personas inocentes en el mundo actual y subrayó la importancia de mantener viva la esperanza en la resurrección, elemento central de la fe cristiana.

“¡Cuántas personas, cuántos pequeños, incluso hoy sufren el trauma de esta muerte terrible, desfigurada por el pecado!”, lamentó el pontífice. “Sin duda, nos entristece la partida de un ser querido. Nos indigna que un ser humano, especialmente un niño, una persona frágil, sea arrebatado por la enfermedad o, peor aún, por la violencia de los hombres. Como cristianos, estamos llamados a sobrellevar con Cristo el peso de estas cruces”, añadió León XIV.

Seguidamente, el Papa centró su meditación en el pasaje evangélico de los discípulos de Emaús, ocurrido tras la muerte y resurrección de Jesús. En ese contexto, resaltó que la “esperanza pascual” constituye el “sabor característico” de esta celebración en el Año Santo.

“El punto de partida es la experiencia de la muerte, y en su forma más grave: la muerte violenta que mata a inocentes y deja a la gente descorazonada, abatida y desesperada”, recordó. Sin embargo, explicó que cuando Jesús “toma en sus manos el pan clavado en la cruz, pronuncia la bendición, lo parte y lo ofrece”, los ojos de los discípulos se abren, la fe florece y renace una nueva esperanza. “Ya no es la esperanza que tenían antes y que perdieron; es una nueva realidad, un don, una gracia del Resucitado: es la esperanza de la Pascua”, enfatizó.

Antes de la misa, León XIV rezó ante las tumbas de sus predecesores en las Grutas de la Basílica de San Pedro. Luego, evocando el “Cántico del Hermano Sol” de San Francisco de Asís, recordó que la muerte debe ser vista como una “hermana”. Añadió “ni siquiera la muerte más trágica puede impedir que nuestro Señor abrace nuestra alma en sus brazos y transforme nuestro cuerpo mortal, incluso el más desfigurado, a imagen de su cuerpo glorioso”, afirmó.

La ceremonia también sirvió para conmemorar a ocho cardenales y patriarcas, así como a todos los obispos fallecidos entre el 21 de octubre de 2024 y el 20 de octubre de 2025. Esta celebración tiene lugar tradicionalmente en el marco del Día de los Difuntos, que la Iglesia Católica conmemora cada año el 2 de noviembre.

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