La industria del calzado atraviesa su peor momento histórico ante un escenario crítico
El sector enfrenta simultáneamente caída del consumo, récord de importaciones, expansión del contrabando y costos crecientes. Empresarios advierten que la crisis ya se extiende a otras actividades productivas.
- Gremiales
- Dic 2, 2025
La industria del calzado transita uno de los momentos más complejos de su historia reciente. En medio de una fuerte recesión, el sector sufre la combinación de importaciones en niveles récord, contrabando en expansión, plataformas digitales que facilitan el ingreso directo de productos del exterior y un consumo fuertemente deprimido. Según la Cámara Argentina de la Industria del Calzado, el escenario es “crítico” y ya comienza a impactar en actividades vinculadas como la línea blanca y la industria maderera.
Horacio Moschetto, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Calzado, sostiene que la simultaneidad de factores adversos vuelve especialmente difícil la recuperación. “Son momentos complejos para la industria toda y en especial para nuestro sector, que junto con el textil es de los más comprometidos”, afirma. Asimismo, advierte que la dinámica recesiva empieza a contagiar a otros rubros industriales.
Además, uno de los factores más disruptivos es el impacto de la tecnología en la competencia desleal. Mientras antes la importación irregular requería una estructura logística compleja, hoy el proceso se redujo drásticamente: “Uno puede comprar directamente y en diez o quince días lo tiene en la puerta de su casa”, señala el dirigente.
A la par, las redes sociales se consolidaron como un canal masivo para la venta informal, donde circula calzado sin trazabilidad que compite en condiciones desiguales con la producción local.
A su vez, aunque la industria participa del ecosistema digital, los empresarios remarcan que la competencia es totalmente asimétrica: mientras las compañías formales cumplen normas impositivas, laborales y de seguridad, el contrabando opera por fuera de cualquier regulación. “Contra el contrabando no podemos modificar nada; solo podemos luchar en contra de eso”, enfatiza Moschetto.
Pese a gestiones con la Aduana, el Ministerio de Justicia y entidades empresarias como CAME, la mercadería falsificada continúa desplazándose por rutas, ferias y comercios formales, desbordando la capacidad de control estatal.
En cuanto al debate sobre competitividad, ciertos sectores sostienen que la protección beneficia solo a un número acotado de trabajadores en detrimento del consumidor. No obstante, Moschetto rechaza esa visión y reivindica el concepto de competitividad sistémica, donde los factores externos a la fábrica son decisivos.
Según afirma, la industria local ya invirtió en tecnificación, robotización e inteligencia artificial, reduciendo diferencias productivas con otros países. “La diferencia no está en las máquinas ni en la tecnología”, remarca.
Sin embargo, el entorno operativo argentino sigue siendo un obstáculo. A los altos costos logísticos y la presión tributaria se suman gastos financieros crecientes. Además, el dirigente cuestiona que la baja de aranceles y controles para productos importados no haya sido acompañada por medidas que alivien la carga sobre el sector nacional. Entre las propuestas figura computar aportes patronales a cuenta del IVA, iniciativa que aún no obtuvo respuesta oficial.
En paralelo, el incremento de las tarifas de servicios públicos, que Moschetto estima en torno al 20% acumulado agrava la situación. Dado que el mercado interno está deprimido, las empresas no pueden trasladar estos aumentos a los precios, lo que profundiza el deterioro financiero.
Como consecuencia, se generó un sobrestock sin precedentes, los depósitos de fabricantes e importadores están saturados de mercadería que no encuentra salida. “Hay más zapatos de los que el mercado puede consumir”, sintetiza.
En este contexto, el panorama que se abre para la industria del calzado es desafiante. Importaciones crecientes, contrabando descontrolado, sobrestock, tarifas en alza y consumo retraído conforman un escenario de extrema fragilidad. Desde la cámara empresaria sostienen que la salida exige políticas públicas que restablezcan condiciones mínimas de equilibrio y un trabajo conjunto entre el Estado y el sector privado.
“Esperamos estar a la altura”, concluye Moschetto, quien orienta su gestión a reconstruir competitividad, combatir el contrabando y sostener el empleo en una de las actividades más representativas del trabajo industrial argentino.

