JUEVES, 04 DE JUN.

Fieles de todo el país se unieron en la clausura del Año Jubilar 2025

Al cerrar las Puertas Santas, los obispos argentinos destacaron la esperanza que no defrauda, la conversión personal y comunitaria, y a la Sagrada Familia como modelo de fe y vida cristiana.

La Iglesia en la Argentina se unió a la Iglesia universal para dar gracias por un tiempo de gracia marcado por la esperanza, la misericordia y la conversión. En ese marco, diversas diócesis argentinas clausuraron el Año Jubilar 2025 con celebraciones simultáneas en catedrales y santuarios de todo el país, en ceremonias presididas por sus respectivos obispos y acompañadas por fieles, sacerdotes, religiosas y seminaristas.

En las distintas celebraciones, que incluyeron procesiones, el cierre de la Puerta Santa, la proclamación de la Palabra y la Eucaristía, se puso de relieve el sentido profundo del Jubileo como camino espiritual. Asimismo, se destacó la Sagrada Familia de Jesús, María y José como modelo de fe vivida en lo cotidiano, de confianza en Dios y de peregrinación constante, incluso en medio de las dificultades.

En Catamarca, el obispo monseñor Luis Urbanc presidió la clausura en el santuario de Nuestra Señora del Valle y subrayó la invitación jubilar a una conversión personal y comunitaria centrada en el perdón, la solidaridad y la esperanza frente a la adversidad.

De manera similar, en La Rioja, monseñor Dante Braida agradeció la participación de la comunidad y animó a ser “peregrinos-misioneros”, poniendo las gracias recibidas al servicio de un mundo más justo y solidario.

Por su parte, en Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando SJ señaló que el Jubileo no se cierra como una etapa concluida, sino como un llamado a reavivar la esperanza cristiana en un contexto marcado por la violencia y la falta de expectativas. En ese marco, destacó el testimonio del beato Eduardo Pironio como “profeta de la esperanza” y propuso una Iglesia de comunión, participativa y misionera.

En Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi afirmó que, aunque concluye el tiempo del Año Santo, permanece la misión de testimoniar “la esperanza que no defrauda”, prolongando en la vida cotidiana los frutos del Jubileo.

En la misma línea, en Concepción, monseñor José Díaz recordó que la Iglesia y cada cristiano son peregrinos guiados por una esperanza que renueva la vida y evita la rutina, invitando a cuidar a los más vulnerables e incluir a quienes han quedado al margen.

Asimismo, en San Rafael, Bahía Blanca, Chascomús, Rafaela, Quilmes, Oberá, Santo Tomé, San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, San Isidro, San Francisco, Lomas de Zamora y Avellaneda-Lanús, los obispos coincidieron en señalar que el cierre del Jubileo no pone fin al camino, sino que renueva el compromiso de seguir como una Iglesia peregrina, misionera y samaritana.

En cada lugar, se valoraron los signos concretos de esperanza surgidos durante el Año Santo, especialmente en la solidaridad con los más frágiles, el acompañamiento de las familias, la participación de los jóvenes y la vida comunitaria.

En todas las celebraciones se encomendó el camino de la Iglesia a la intercesión de la Virgen María, junto a san José y la Sagrada Familia, pidiendo que el espíritu del Jubileo continúe dando frutos en la vida personal, familiar y comunitaria.

La clausura del Año Jubilar 2025 se vivió no como un punto de llegada, sino como un nuevo impulso para caminar juntos, anclados en la esperanza cristiana que no defrauda.

 

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