Vivir donde alguna vez se trabajó: a cinco meses de la toma del Frigorífico Euro, sus trabajadores aún tienen «la esperanza de que se reactive»
Los 150 trabajadores de la tripería de Villa Gobernador Gálvez mantienen la ilusión de volver a producir. Quince familias viven en la planta, que conserva las máquinas. Mientras tanto, hacen Uber o changas, “pero la calle está durísima”. Aseguran que “lo que esperamos es recuperar nuestra fuente de trabajo”.
- Conclusion TV
- May 1, 2026

La reactivación
Durante la gestión de los Salimei, la fábrica de tripa sufrió los embates del dólar barato que pregona el ministro de Economía, Luis Caputo, y que dificulta la exportación. Ese fue el argumento que la empresa esgrimió en diferentes reuniones conciliatorias ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, durante el largo conflicto con sus trabajadores que desembocó en la toma del 10 de noviembre del año pasado.
Carril recuerda que “hasta fines del 2025 éramos 400 operarios en planta. Además de las concesiones de los frigoríficos, que son los que mandan la materia prima. En las nóminas totales, nosotros llegamos a 900 operarios”.


Durante la recorrida, el trabajador rememora al pasar por una parte de la planta productiva que “acá hay sectores, como ustedes lo ven, que cada mesa de trabajo eran tres operarios, que eran dos calibradores y una madejera. Una de las chicas siempre se ocupaba de hacer madeja o de calibradora también. Gran parte eran chicas”.
La planta aún huele a tripa. Se trata de un edificio rústico, pero no como resultado de la toma, sino que así fue desde su origen productivo, cuentan los trabajadores. Hay una acoplado sin chasis estacionado en el galpón donde se cargaba la mercadería que iba a puerto para ser exportada.
Allí viven 15 familias. “Lamentablemente por falta de los sueldos no han podido pagar los alquileres y cuestiones de tarjeta de crédito y tomaron la decisión de venir a vivir en la empresa”, cuenta Carril. Como la esperanza es lo último que se pierde, los 150 operarios que no se acogieron a los retiros voluntarios y aún mantienen la relación de dependencia con Euro, se aferran a la continuidad de la planta: “Nosotros seguimos con la esperanza de que esto se reactive”.



–¿Buena parte de la producción, al menos en los últimos años, se exportaba?
–Esto siempre fue una empresa exportadora, y de venta local también. Últimamente a la parte local la habían dejado de lado por la rentabilidad que le daba la exportación. Pero después del 2023 prácticamente no tuvieron ganancias tampoco con la exportación y fueron dejando a poco las ventas.
Pasaron cosas
La tripería Euro SA -luego rebautizada Europlus- fue creada en 1999 y sus propietarios eran los empresarios de Villa Gobernador Gálvez de la familia Lequio, un grupo frigorífico que en los últimos años se expandió. Entre 2019 y 2020 los trabajadores vieron cómo se incorporó a la fábrica un licenciado que reside en la ciudad de Buenos Aires, Guillermo Nicolás Salimei, como nuevo accionista. Ese apellido es el que está escrito con aerosol negro en las paredes de ingreso a la planta, aderezado con frases como “pagá los sueldos”.
En 2020, de acuerdo a los registros que constan en el Boletín Oficial de Santa Fe, el directorio de la empresa quedó conformado de la siguiente manera: Luis Alberto Lequio como presidente, Marcos Juan Casanegra como vice, y Juan Pablo Jarvis en calidad de director titular. Los dos últimos también aparecen como socios de Guillermo Salimei en otras compañías.
Según explicaron los trabajadores, los nuevos socios ingresaron en 2020 con una participación en la empresa. Tres años más tarde, en 2023, quien aparece en los registros públicos como presidente del directorio de la compañía es Juan Pablo Jarvis. Los trabajadores mencionan, cuando se les pregunta quiénes son los propietarios, el apellido “Salimei”.
“Con Guillermo Salimei padre hablamos dos o tres veces en estos tres años, es un hombre canoso, de unos sesenta y pico de años”, dijo a Conclusión un operario de la tripería. “El otro es Nicolás Salimei, es el hijo, a ese lo conocemos personalmente, un flaco alto. Nicolás solía estar mucho tiempo acá”, agregó, en relación a la planta frigorífica ubicada en avenida San Diego al 1900 de Villa Gobernador Gálvez.
De Nisman a VGG
El apellido Salimei apareció en investigaciones judiciales iniciadas tras la muerte del fiscal federal a cargo de la Unidad Amia, Natalio Alberto Nisman, quien habría recibido un aporte de 100 mil dólares del ahora empresario frigorífico, en una cuenta bancaria que el fiscal poseía en Estados Unidos a nombre de familiares.
De acuerdo a los registros judiciales de una causa que instruyó el juez federal Rodolfo Canicoba Corral, el 21 de agosto de 2014 Guillermo Salimei hijo –el “licenciado” al que refieren los trabajadores, y que lleva el mismo nombre que su padre- transfirió la cuenta bancaria N° 5v3-50653 del Merrill Lynch Bank of America Corporation U$S 50.000 en forma personal. El mismo día otros U$S 50.000 fueron depositados en esa cuenta desde la firma Las Tierras USA, de la que Salimei participaba como accionista en aquel momento.
La cuenta fue abierta el 7 de marzo de 2002 a nombre de Sara Garfunkel (madre del fiscal) y Sandra Ruth Nisman (su hermana), “a la que se incorporó como tercer titular Diego Ángel Lagomarsino el 16 de juniode 2014 y como apoderado el Dr. Natalio Alberto Nisman”, dice el texto del embargo de bienes y bloque de cuentas que el juez Canicoba ordenó el 28 de agosto de 2015.
“Se han reportado movimientos dudosos por, al menos, seiscientos sesenta y seis mil seiscientos noventa dólares estadounidenses (U$S 666.690) en el período 13/09/12 y 19/08/14, según lo informado por la Fincen (organismo de control de delitos financieros que depende del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos) , de lo que da cuenta el informe de la UIF (Unidad de Información Financiera) del 4 de junio de 2015”, añadió el juez federal de los tribunales de Comodoro Py.
De esos “movimientos dudosos” por los cuales el fiscal Nisman recibía depósitos en dólares en una cuenta abierta a nombre sus familiares en un banco de Nueva York, las transferencias atribuidas por la Justicia a Guillermo Salimei fueron por U$S 100.000. La mitad fueron depositados en el Merrill Lynch desde una cuenta personal, los otros 50 mil dólares desde Las Tierras USA, una sociedad radicada en Estados Unidos.

La reactivación
Durante la gestión de los Salimei, la fábrica de tripa sufrió los embates del dólar barato que pregona el ministro de Economía, Luis Caputo, y que dificulta la exportación. Ese fue el argumento que la empresa esgrimió en diferentes reuniones conciliatorias ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, durante el largo conflicto con sus trabajadores que desembocó en la toma del 10 de noviembre del año pasado.
Carril recuerda que “hasta fines del 2025 éramos 400 operarios en planta. Además de las concesiones de los frigoríficos, que son los que mandan la materia prima. En las nóminas totales, nosotros llegamos a 900 operarios”.


Durante la recorrida, el trabajador rememora al pasar por una parte de la planta productiva que “acá hay sectores, como ustedes lo ven, que cada mesa de trabajo eran tres operarios, que eran dos calibradores y una madejera. Una de las chicas siempre se ocupaba de hacer madeja o de calibradora también. Gran parte eran chicas”.
La planta aún huele a tripa. Se trata de un edificio rústico, pero no como resultado de la toma, sino que así fue desde su origen productivo, cuentan los trabajadores. Hay una acoplado sin chasis estacionado en el galpón donde se cargaba la mercadería que iba a puerto para ser exportada.
Allí viven 15 familias. “Lamentablemente por falta de los sueldos no han podido pagar los alquileres y cuestiones de tarjeta de crédito y tomaron la decisión de venir a vivir en la empresa”, cuenta Carril. Como la esperanza es lo último que se pierde, los 150 operarios que no se acogieron a los retiros voluntarios y aún mantienen la relación de dependencia con Euro, se aferran a la continuidad de la planta: “Nosotros seguimos con la esperanza de que esto se reactive”.

Los chicos que viven en el edificio, con la electricidad y otros servicios cortados, están en las escuelas porque es lunes. La mayoría de los trabajadores de la toma tampoco no están esta mañana: salieron a patear la calle. “Uno se la rebusca como puede. Hace Uber, hace changas, pero la calle está durísima”, explica el trabajador de Euro.
¿Por qué? “No hay changa, el Uber cada vez te da menos rentabilidad. Estamos sobreviviendo con las donaciones de la gente, de los comedores, de los sindicatos, de la Municipalidad que nos mandan bolsones, que nos mandan cosas no perecederas”, responde.
Hugo Carril lleva más de dos décadas en Euro. “La verdad que yo en estos 23 años que estuve acá siempre fui una empresa productiva. Es una lástima, porque tiene todas las condiciones de seguir produciendo. Es una de las empresas que tiene rentabilidad, que tiene ganancias, que puede seguir produciendo”, afirma.
Pero “por estas cuestiones de empresario, nosotros quedamos en el medio”. Se refiere de ese modo a los problemas internos que llevaron a la caída de la empresa y a las negociaciones que aparentemente se dan en estos días para que otro grupo -proveniente de la industria metalúrgica- se haga cargo de la tripería. Hasta hace unos meses, sigue el delegado del Sindicato de Carne, “acá tenías tripas naturales, menudencia y después la heparina. La heparina, que sirve para hacer medicamentos”, como anticoagulante inyectable.



–¿Buena parte de la producción, al menos en los últimos años, se exportaba?
–Esto siempre fue una empresa exportadora, y de venta local también. Últimamente a la parte local la habían dejado de lado por la rentabilidad que le daba la exportación. Pero después del 2023 prácticamente no tuvieron ganancias tampoco con la exportación y fueron dejando a poco las ventas.
Pasaron cosas
La tripería Euro SA -luego rebautizada Europlus- fue creada en 1999 y sus propietarios eran los empresarios de Villa Gobernador Gálvez de la familia Lequio, un grupo frigorífico que en los últimos años se expandió. Entre 2019 y 2020 los trabajadores vieron cómo se incorporó a la fábrica un licenciado que reside en la ciudad de Buenos Aires, Guillermo Nicolás Salimei, como nuevo accionista. Ese apellido es el que está escrito con aerosol negro en las paredes de ingreso a la planta, aderezado con frases como “pagá los sueldos”.
En 2020, de acuerdo a los registros que constan en el Boletín Oficial de Santa Fe, el directorio de la empresa quedó conformado de la siguiente manera: Luis Alberto Lequio como presidente, Marcos Juan Casanegra como vice, y Juan Pablo Jarvis en calidad de director titular. Los dos últimos también aparecen como socios de Guillermo Salimei en otras compañías.
Según explicaron los trabajadores, los nuevos socios ingresaron en 2020 con una participación en la empresa. Tres años más tarde, en 2023, quien aparece en los registros públicos como presidente del directorio de la compañía es Juan Pablo Jarvis. Los trabajadores mencionan, cuando se les pregunta quiénes son los propietarios, el apellido “Salimei”.
“Con Guillermo Salimei padre hablamos dos o tres veces en estos tres años, es un hombre canoso, de unos sesenta y pico de años”, dijo a Conclusión un operario de la tripería. “El otro es Nicolás Salimei, es el hijo, a ese lo conocemos personalmente, un flaco alto. Nicolás solía estar mucho tiempo acá”, agregó, en relación a la planta frigorífica ubicada en avenida San Diego al 1900 de Villa Gobernador Gálvez.
De Nisman a VGG
El apellido Salimei apareció en investigaciones judiciales iniciadas tras la muerte del fiscal federal a cargo de la Unidad Amia, Natalio Alberto Nisman, quien habría recibido un aporte de 100 mil dólares del ahora empresario frigorífico, en una cuenta bancaria que el fiscal poseía en Estados Unidos a nombre de familiares.
De acuerdo a los registros judiciales de una causa que instruyó el juez federal Rodolfo Canicoba Corral, el 21 de agosto de 2014 Guillermo Salimei hijo –el “licenciado” al que refieren los trabajadores, y que lleva el mismo nombre que su padre- transfirió la cuenta bancaria N° 5v3-50653 del Merrill Lynch Bank of America Corporation U$S 50.000 en forma personal. El mismo día otros U$S 50.000 fueron depositados en esa cuenta desde la firma Las Tierras USA, de la que Salimei participaba como accionista en aquel momento.
La cuenta fue abierta el 7 de marzo de 2002 a nombre de Sara Garfunkel (madre del fiscal) y Sandra Ruth Nisman (su hermana), “a la que se incorporó como tercer titular Diego Ángel Lagomarsino el 16 de juniode 2014 y como apoderado el Dr. Natalio Alberto Nisman”, dice el texto del embargo de bienes y bloque de cuentas que el juez Canicoba ordenó el 28 de agosto de 2015.
“Se han reportado movimientos dudosos por, al menos, seiscientos sesenta y seis mil seiscientos noventa dólares estadounidenses (U$S 666.690) en el período 13/09/12 y 19/08/14, según lo informado por la Fincen (organismo de control de delitos financieros que depende del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos) , de lo que da cuenta el informe de la UIF (Unidad de Información Financiera) del 4 de junio de 2015”, añadió el juez federal de los tribunales de Comodoro Py.
De esos “movimientos dudosos” por los cuales el fiscal Nisman recibía depósitos en dólares en una cuenta abierta a nombre sus familiares en un banco de Nueva York, las transferencias atribuidas por la Justicia a Guillermo Salimei fueron por U$S 100.000. La mitad fueron depositados en el Merrill Lynch desde una cuenta personal, los otros 50 mil dólares desde Las Tierras USA, una sociedad radicada en Estados Unidos.

La reactivación
Durante la gestión de los Salimei, la fábrica de tripa sufrió los embates del dólar barato que pregona el ministro de Economía, Luis Caputo, y que dificulta la exportación. Ese fue el argumento que la empresa esgrimió en diferentes reuniones conciliatorias ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, durante el largo conflicto con sus trabajadores que desembocó en la toma del 10 de noviembre del año pasado.
Carril recuerda que “hasta fines del 2025 éramos 400 operarios en planta. Además de las concesiones de los frigoríficos, que son los que mandan la materia prima. En las nóminas totales, nosotros llegamos a 900 operarios”.


Durante la recorrida, el trabajador rememora al pasar por una parte de la planta productiva que “acá hay sectores, como ustedes lo ven, que cada mesa de trabajo eran tres operarios, que eran dos calibradores y una madejera. Una de las chicas siempre se ocupaba de hacer madeja o de calibradora también. Gran parte eran chicas”.
La planta aún huele a tripa. Se trata de un edificio rústico, pero no como resultado de la toma, sino que así fue desde su origen productivo, cuentan los trabajadores. Hay una acoplado sin chasis estacionado en el galpón donde se cargaba la mercadería que iba a puerto para ser exportada.
Allí viven 15 familias. “Lamentablemente por falta de los sueldos no han podido pagar los alquileres y cuestiones de tarjeta de crédito y tomaron la decisión de venir a vivir en la empresa”, cuenta Carril. Como la esperanza es lo último que se pierde, los 150 operarios que no se acogieron a los retiros voluntarios y aún mantienen la relación de dependencia con Euro, se aferran a la continuidad de la planta: “Nosotros seguimos con la esperanza de que esto se reactive”.
La oficina de Recursos Humanos de la tripería Euro, ubicada en avenida San Diego 1948 de Villa Gobernador Gálvez, se convirtió en una improvisada habitación: donde hasta hace seis meses se liquidaban jornales, quincenas y vacaciones ahora hay colchones y frazadas que albergan a las 15 familias que cuando la empresa dejó de pagar salarios, en octubre del año pasado, se quedaron sin ingresos para bancar alquileres y gastos. El 10 de noviembre decidieron tomar la sede de la industria frigorífica para tener un techo y, al mismo tiempo, evitar el vaciamiento de la maquinaria por parte de sus dueños y los intentos de robo de cables, aires acondiciones y todo lo que aún pervive de valor en la tripería que en 1999 inició la familia Lequio, un grupo fuerte del sector cárnico. “Nosotros seguimos con la esperanza de que esto se reactive”, dice a Conclusión el trabajador y delegado del Sindicato de la Carne, Hugo Carril. Es la previa al 1º de mayo, fecha que conmemorarán con una peña para reunir fondos. “Lo que esperamos todos es recuperar nuestra fuente de trabajo”, agrega desde la planta tomada. “Trabajar, nada más”. Ni nada menos.
De tripas corazón
Tras cinco meses de toma y casi seis sin percibir sus salarios, unos 150 trabajadores y trabajadoras de la planta -los que aún mantienen la relación de dependencia con la empresa- conservan la esperanza de un salida que los devuelva a lo que saben hacer: trabajar por un sueldo.
“Nosotros seguimos con la esperanza de que esto se reactive. Momentáneamente seguimos esperando que esto se termine de negociar, es un problema entre empresarios”, explica Carril el lunes 26 de abril, mientras hace una “visita guiada” por la planta a Conclusión. “Acá una vez que esto se firme, el contrato que quieren hacer por un alquiler de la reactivación de la empresa, seguiremos a la espera con los compañeros en la toma. Ya hace más de 165 días que estamos acá”, dice.

Los chicos que viven en el edificio, con la electricidad y otros servicios cortados, están en las escuelas porque es lunes. La mayoría de los trabajadores de la toma tampoco no están esta mañana: salieron a patear la calle. “Uno se la rebusca como puede. Hace Uber, hace changas, pero la calle está durísima”, explica el trabajador de Euro.
¿Por qué? “No hay changa, el Uber cada vez te da menos rentabilidad. Estamos sobreviviendo con las donaciones de la gente, de los comedores, de los sindicatos, de la Municipalidad que nos mandan bolsones, que nos mandan cosas no perecederas”, responde.
Hugo Carril lleva más de dos décadas en Euro. “La verdad que yo en estos 23 años que estuve acá siempre fui una empresa productiva. Es una lástima, porque tiene todas las condiciones de seguir produciendo. Es una de las empresas que tiene rentabilidad, que tiene ganancias, que puede seguir produciendo”, afirma.
Pero “por estas cuestiones de empresario, nosotros quedamos en el medio”. Se refiere de ese modo a los problemas internos que llevaron a la caída de la empresa y a las negociaciones que aparentemente se dan en estos días para que otro grupo -proveniente de la industria metalúrgica- se haga cargo de la tripería. Hasta hace unos meses, sigue el delegado del Sindicato de Carne, “acá tenías tripas naturales, menudencia y después la heparina. La heparina, que sirve para hacer medicamentos”, como anticoagulante inyectable.



–¿Buena parte de la producción, al menos en los últimos años, se exportaba?
–Esto siempre fue una empresa exportadora, y de venta local también. Últimamente a la parte local la habían dejado de lado por la rentabilidad que le daba la exportación. Pero después del 2023 prácticamente no tuvieron ganancias tampoco con la exportación y fueron dejando a poco las ventas.
Pasaron cosas
La tripería Euro SA -luego rebautizada Europlus- fue creada en 1999 y sus propietarios eran los empresarios de Villa Gobernador Gálvez de la familia Lequio, un grupo frigorífico que en los últimos años se expandió. Entre 2019 y 2020 los trabajadores vieron cómo se incorporó a la fábrica un licenciado que reside en la ciudad de Buenos Aires, Guillermo Nicolás Salimei, como nuevo accionista. Ese apellido es el que está escrito con aerosol negro en las paredes de ingreso a la planta, aderezado con frases como “pagá los sueldos”.
En 2020, de acuerdo a los registros que constan en el Boletín Oficial de Santa Fe, el directorio de la empresa quedó conformado de la siguiente manera: Luis Alberto Lequio como presidente, Marcos Juan Casanegra como vice, y Juan Pablo Jarvis en calidad de director titular. Los dos últimos también aparecen como socios de Guillermo Salimei en otras compañías.
Según explicaron los trabajadores, los nuevos socios ingresaron en 2020 con una participación en la empresa. Tres años más tarde, en 2023, quien aparece en los registros públicos como presidente del directorio de la compañía es Juan Pablo Jarvis. Los trabajadores mencionan, cuando se les pregunta quiénes son los propietarios, el apellido “Salimei”.
“Con Guillermo Salimei padre hablamos dos o tres veces en estos tres años, es un hombre canoso, de unos sesenta y pico de años”, dijo a Conclusión un operario de la tripería. “El otro es Nicolás Salimei, es el hijo, a ese lo conocemos personalmente, un flaco alto. Nicolás solía estar mucho tiempo acá”, agregó, en relación a la planta frigorífica ubicada en avenida San Diego al 1900 de Villa Gobernador Gálvez.
De Nisman a VGG
El apellido Salimei apareció en investigaciones judiciales iniciadas tras la muerte del fiscal federal a cargo de la Unidad Amia, Natalio Alberto Nisman, quien habría recibido un aporte de 100 mil dólares del ahora empresario frigorífico, en una cuenta bancaria que el fiscal poseía en Estados Unidos a nombre de familiares.
De acuerdo a los registros judiciales de una causa que instruyó el juez federal Rodolfo Canicoba Corral, el 21 de agosto de 2014 Guillermo Salimei hijo –el “licenciado” al que refieren los trabajadores, y que lleva el mismo nombre que su padre- transfirió la cuenta bancaria N° 5v3-50653 del Merrill Lynch Bank of America Corporation U$S 50.000 en forma personal. El mismo día otros U$S 50.000 fueron depositados en esa cuenta desde la firma Las Tierras USA, de la que Salimei participaba como accionista en aquel momento.
La cuenta fue abierta el 7 de marzo de 2002 a nombre de Sara Garfunkel (madre del fiscal) y Sandra Ruth Nisman (su hermana), “a la que se incorporó como tercer titular Diego Ángel Lagomarsino el 16 de juniode 2014 y como apoderado el Dr. Natalio Alberto Nisman”, dice el texto del embargo de bienes y bloque de cuentas que el juez Canicoba ordenó el 28 de agosto de 2015.
“Se han reportado movimientos dudosos por, al menos, seiscientos sesenta y seis mil seiscientos noventa dólares estadounidenses (U$S 666.690) en el período 13/09/12 y 19/08/14, según lo informado por la Fincen (organismo de control de delitos financieros que depende del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos) , de lo que da cuenta el informe de la UIF (Unidad de Información Financiera) del 4 de junio de 2015”, añadió el juez federal de los tribunales de Comodoro Py.
De esos “movimientos dudosos” por los cuales el fiscal Nisman recibía depósitos en dólares en una cuenta abierta a nombre sus familiares en un banco de Nueva York, las transferencias atribuidas por la Justicia a Guillermo Salimei fueron por U$S 100.000. La mitad fueron depositados en el Merrill Lynch desde una cuenta personal, los otros 50 mil dólares desde Las Tierras USA, una sociedad radicada en Estados Unidos.

La reactivación
Durante la gestión de los Salimei, la fábrica de tripa sufrió los embates del dólar barato que pregona el ministro de Economía, Luis Caputo, y que dificulta la exportación. Ese fue el argumento que la empresa esgrimió en diferentes reuniones conciliatorias ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, durante el largo conflicto con sus trabajadores que desembocó en la toma del 10 de noviembre del año pasado.
Carril recuerda que “hasta fines del 2025 éramos 400 operarios en planta. Además de las concesiones de los frigoríficos, que son los que mandan la materia prima. En las nóminas totales, nosotros llegamos a 900 operarios”.


Durante la recorrida, el trabajador rememora al pasar por una parte de la planta productiva que “acá hay sectores, como ustedes lo ven, que cada mesa de trabajo eran tres operarios, que eran dos calibradores y una madejera. Una de las chicas siempre se ocupaba de hacer madeja o de calibradora también. Gran parte eran chicas”.
La planta aún huele a tripa. Se trata de un edificio rústico, pero no como resultado de la toma, sino que así fue desde su origen productivo, cuentan los trabajadores. Hay una acoplado sin chasis estacionado en el galpón donde se cargaba la mercadería que iba a puerto para ser exportada.
Allí viven 15 familias. “Lamentablemente por falta de los sueldos no han podido pagar los alquileres y cuestiones de tarjeta de crédito y tomaron la decisión de venir a vivir en la empresa”, cuenta Carril. Como la esperanza es lo último que se pierde, los 150 operarios que no se acogieron a los retiros voluntarios y aún mantienen la relación de dependencia con Euro, se aferran a la continuidad de la planta: “Nosotros seguimos con la esperanza de que esto se reactive”.

