La Fábrika: un club que late en el corazón del Barrio Industrial con el deporte como bandera de inclusión
Fundada en 2022, la institución ofrece contención y asistencia a más de 250 chicos de la zona y de la comunidad Qom. Enmarcada en la estructura de la UTEP, el proyecto busca transformar la realidad social a través del sentido de pertenencia y el trabajo comunitario.
- Ciudad
- Por Pablo Kassabian y Nicolás Heredia
- May 16, 2026
Ubicado en Juan José Paso 2067, en pleno Barrio Industrial, el Club Deportivo La Fábrika se erige como una institución que promueve el deporte no solo como actividad física, sino como una herramienta educativa fundamental para la vida y la inclusión social.
Fundado el 21 de septiembre de 2022, el club nació con un objetivo claro: brindar un espacio de recreación y contención para los niños del barrio, los jóvenes de la comunidad Qom —ubicada frente a la institución— y las familias de Empalme Graneros. En este rincón de la ciudad, el deporte es el marco para brindar asistencia y construir comunidad.
Uno de los pilares de esta iniciativa es Ezequiel Gutierrez, un profesor de educación física de 28 años que desempeña múltiples roles: es presidente, entrenador y, como él mismo relata entre risas a Conclusión, “a veces también aguatero, si falta gente”. Para Ezequiel, La Fábrika es, ante todo, “un espacio de encuentro donde los chicos del barrio y los adultos aprovechan para reunirse, reencontrarse y construir la comunidad”.
Ese sentimiento de identidad es compartido por Tomás Mizzi, otro de los jóvenes referentes, quien define al club como una “segunda casa”. Mizzi destaca que la decisión de encarar este proyecto fue volcar su experiencia como docentes de Educación Física para generar un sentido de pertenencia muy fuerte en un sector que suele ser postergado.
Deporte, alimentación y familia
La realidad económica no es ajena a la institución. Actualmente, el club cuenta con aproximadamente 250 socios entre deportistas y familias. Aunque existe una cuota social, su valor es simbólico (8 mil pesos) y, aun así, para muchas familias resulta difícil de costear. Ante este panorama, directivos y padres trabajan codo a codo buscando alternativas para que ningún chico se quede afuera y todos puedan contar con sus botines, zapatillas y camisetas para competir en las ligas.
El club funciona dentro de las instalaciones de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), lo que permite una articulación integral. Los jóvenes que entrenan también reciben una copa de leche y una merienda, gracias al esfuerzo colectivo de los miembros de la entidad.
Verónica Gimenez, quien acompaña a la comisión directiva, resalta este carácter integral: “Esto es una verdadera familia. Las madres que trabajan en las unidades productivas o dejan a los más chiquitos en el espacio de primeras infancias, ‘La Fabriquita’, luego se suman al club por la tarde para dar una mano o ver entrenar a sus hijos”.
Hacia un futuro con más derechos
El horizonte de La Fábrika no se agota en la cancha. Los jóvenes que sostienen el proyecto planean sumar apoyo escolar para los deportistas. La meta es clara: no solo ofrecer una alternativa deportiva, sino garantizar las condiciones de dignidad y educación que cada pibe necesita para proyectar un futuro mejor.

