MARTES, 23 DE JUN.

La “grieta política” se trasladó al empleo y la producción en Argentina

Hace apenas unas horas el INDEC publicó la foto del mercado laboral del primer trimestre. A simple vista, no parece haber un desmadre en: el desempleo abierto que se ubicó en 7,8% y mantiene la calma estadística. Pero, como suele ocurrir en la Argentina, el problema aparece cuando uno deja de mirar el promedio y empieza a observar lo que pasa debajo de la superficie. Allí se empieza a ver cómo el experimento libertario va dejando su huella en el entramado productivo.

 

La desocupación no explotó, aunque sigue mostrando una tendencia ascendente. Lo que sí avanza sin pedir permiso es la precarización laboral: crecen la subocupación, la informalidad y la cantidad de trabajadores que, aun teniendo empleo, salen a buscar otro porque el sueldo no alcanza o las horas escasean. En otras palabras, el modelo no está generando una ola de desempleo masivo, pero sí un mercado laboral cada vez más fragmentado, donde el trabajo existe, aunque muchas veces en versiones cada vez más deterioradas. La economía sigue funcionando, pero con más gente haciendo equilibrio sobre la cuerda floja y dependiendo de la región donde viva.

En nuestra región Pampeana, donde se encuentran los aglomerados de Gran Rosario, Gran Santa Fe y San Nicolás-Villa Constitución, el desempleo alcanzó el 8,2%, por encima del promedio nacional. Además, la región exhibió una de las mayores tasas de búsqueda de empleo y subocupación del país, indicadores que suelen anticipar tensiones en el mercado laboral.

Dentro de este escenario, el Gran Rosario volvió a ubicarse entre los principales centros urbanos con dificultades para generar empleo. La tasa de actividad alcanzó el 51,9%, una de las más elevadas del país, lo que refleja una fuerte participación de la población en el mercado laboral. Sin embargo, la tasa de desocupación llegó al 8,2%, en línea con la media regional y por encima del promedio nacional.

La combinación de alta participación laboral y un desempleo relativamente elevado muestra que Rosario continúa atrayendo trabajadores, pero no logra absorber plenamente esa oferta de mano de obra. A ello se suma una tasa de ocupados demandantes de empleo del 14,3%, señal de que una parte significativa de quienes tienen trabajo busca mejores oportunidades.

El panorama resulta diferente en el Gran Santa Fe. Allí la tasa de actividad se ubicó en apenas 44,2%, considerablemente por debajo de Rosario y también del promedio nacional. La tasa de empleo alcanzó el 41,3%, mientras que el desempleo se situó en 6,5%, por debajo del promedio del país.

Sin embargo, la menor desocupación santafesina no necesariamente implica una situación laboral más favorable. Una participación más reducida en el mercado de trabajo puede estar asociada a desaliento laboral o a una menor incorporación de trabajadores a la búsqueda activa de empleo. En otras palabras, menos personas buscan trabajo y, por lo tanto, también menos personas aparecen registradas como desocupadas. Pareciera un aglomerado en proceso de “apagado”.

La situación más delicada de los tres aglomerados analizados corresponde a San Nicolás-Villa Constitución. Allí la tasa de desocupación alcanzó el 10,4%, una de las más altas entre los 31 aglomerados relevados por la Encuesta Permanente de Hogares.

Además, el nivel de empleo fue de apenas 39,2%, el más bajo entre los tres conglomerados de la provincia, mientras que la actividad llegó al 43,7%. Estos números muestran un mercado laboral con menor dinamismo y mayores dificultades para absorber trabajadores.
Los datos poblacionales permiten dimensionar la problemática. En San Nicolás-Villa Constitución se estiman unas 9.000 personas desocupadas sobre una población económicamente activa de 88.000 habitantes. En Gran Santa Fe, los desocupados rondan las 16.000 personas, mientras que en Gran Rosario alcanzan aproximadamente 58.000.

A nivel nacional, el INDEC advierte sobre un fenómeno creciente: el deterioro de la calidad del empleo. La informalidad laboral llegó al 44,2% de los ocupados, 2,2 puntos porcentuales más que un año atrás, mientras que la subocupación trepó al 11,1%.

Esto significa que, aun cuando el desempleo no muestra saltos bruscos, una proporción creciente de trabajadores se inserta en empleos precarios, de pocas horas o sin aportes previsionales. El modelo de apertura, versión libertaria, difiere del de los 90´ cuando el empleo conservaba una estructura más formal y robusta.

El primer trimestre deja así una foto con claros contrastes. Rosario mantiene una intensa actividad económica pero con dificultades para absorber toda la oferta laboral. Santa Fe exhibe un desempleo menor, aunque acompañado por una participación laboral reducida. Y San Nicolás-Villa Constitución aparece como el foco más preocupante de la región, con niveles de desocupación de dos dígitos y un mercado laboral visiblemente debilitado.

En otras palabras, la continuidad del modelo rentístico libertario va haciendo huella en el tejido social y económico de las ciudades santafesina. Otrora una estructura donde campo y ciudad trabajaban “hombro a hombro”, ahora los entramados productivos se van reduciendo y con ello, los motores de la generación de valor provincial. Industria, Comercio y Servicios son los núcleos de producción más afectados en la medida que su mirada estén puesta en el mercado local. La paradoja es brutal: cuanto mejor le va a la economía de los balances, peor parece irle a la economía de las veredas. Los dólares entran por los puertos, pero cada vez circulan menos por los comercios, las fábricas y los talleres donde históricamente se construyó la clase media santafesina.

* Cristian Modolo es Economista. Docente en la UBA y UNR. Ex subsecretario de Hacienda de la Nación.

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