Reino Unido habría retirado su portaaviones del desfile por los 250 años de Estados Unidos tras las burlas de Trump
Londres habría desistido de enviar uno de sus portaaviones a la gran revista naval organizada por norteamérica luego de que Donald Trump calificara a los buques británicos como "juguetes". La decisión, revelada por la prensa británica, expone una nueva fricción dentro de la histórica alianza entre ambos países y reabre el debate sobre el equilibrio de poder naval en la OTAN.
- Internacionales
- Jul 6, 2026
El Reino Unido habría descartado participar con uno de sus portaaviones en el desfile naval por los 250 años de Estados Unidos después de que Donald Trump ridiculizara públicamente a los buques insignia de la Royal Navy. Según informó el Daily Mail, la decisión se produjo tras las declaraciones del presidente estadounidense, quien afirmó que los portaaviones británicos eran «juguetes» en comparación con la poderosa flota norteamericana, un episodio que combina diplomacia, orgullo militar y rivalidad estratégica entre dos de los principales aliados de Occidente.
Detrás del episodio hay algo más que un intercambio de declaraciones. La celebración por los 250 años de Estados Unidos fue concebida como una demostración del liderazgo marítimo de Washington, con el International Naval Review 250 y Sail4th 250 como vitrinas para exhibir el poder de la Armada estadounidense, el Cuerpo de Marines, la Guardia Costera y la solidez de sus alianzas navales.
En ese contexto, la presencia de un portaaviones británico habría simbolizado la continuidad de la llamada «relación especial» entre Londres y Washington. Sin embargo, la ausencia de uno de los principales activos de la Royal Navy adquiere otra lectura si se confirma la información publicada por la prensa británica, evitar que el principal símbolo del poder naval del Reino Unido quedara inevitablemente expuesto a comparaciones con los superportaaviones estadounidenses, después de las descalificaciones de Trump.
Las declaraciones del mandatario estadounidense no fueron improvisadas. En marzo, Trump cuestionó el papel de los aliados de la OTAN durante la guerra con Irán y sostuvo que el Reino Unido había ofrecido desplegar portaaviones cuando el conflicto ya estaba prácticamente resuelto, calificando ese gesto como tardío e innecesario. Downing Street rechazó esa versión y aseguró que Washington nunca solicitó el envío de esos buques ni existió una negativa del gobierno de Keir Starmer.
Durante esa misma intervención, Trump fue más allá y afirmó que los portaaviones británicos no eran «los mejores», comparándolos de manera despectiva con los estadounidenses. La frase impactó especialmente en el Reino Unido, donde la tradición naval constituye uno de los pilares históricos de la identidad nacional. La Royal Navy fue durante siglos el principal instrumento de proyección global británica, por lo que las críticas tocaron un aspecto altamente simbólico.
Desde el punto de vista técnico, la comparación tiene fundamentos, aunque el tono utilizado por Trump transformó una diferencia de capacidades en una burla política. Los portaaviones británicos de la clase Queen Elizabeth desplazan alrededor de 65.000 toneladas, cuentan con una cubierta de vuelo de 280 metros y operan cazas F-35B de despegue corto y aterrizaje vertical. Representan los buques de guerra más grandes y avanzados construidos por el Reino Unido.
Sin embargo, se encuentran un escalón por debajo de los superportaaviones estadounidenses de las clases Nimitz y Ford, que superan las 100.000 toneladas de desplazamiento, utilizan propulsión nuclear y forman el núcleo de grupos de ataque con una capacidad aérea y logística muy superior.
Esa diferencia refleja una realidad más amplia dentro de la OTAN. Aunque el Reino Unido mantiene dos modernos portaaviones, su capacidad para sostener operaciones aeronavales de gran escala depende de la disponibilidad de cazas F-35B, buques escolta, apoyo logístico, mantenimiento y una estrecha coordinación con Estados Unidos. Washington, por el contrario, dispone de una red global de portaaviones nucleares, bases, submarinos, destructores, cruceros y aviación embarcada construida durante décadas.
En ese sentido, las palabras de Trump no solo buscaron provocar. También pusieron de manifiesto la jerarquía militar existente dentro de la alianza atlántica, donde Estados Unidos continúa marcando el estándar del poder naval occidental mientras sus principales aliados intentan sostener capacidades expedicionarias cada vez más costosas.
Para Londres, además, el episodio llega en un momento especialmente delicado. El gobierno británico impulsa un aumento del gasto en defensa, inversiones en drones, submarinos, municiones, el programa de combate aéreo GCAP y la modernización de la Royal Navy. Pero esas ambiciones conviven con restricciones presupuestarias, problemas de disponibilidad de unidades y la necesidad de distribuir recursos entre Europa, el Atlántico Norte, Medio Oriente, el Indo-Pacífico y los territorios británicos de ultramar.
Si, el Reino Unido decidió no enviar uno de sus portaaviones al desfile estadounidense, el gesto difícilmente implique una ruptura entre aliados. Sin embargo, sí reflejaría una incomodidad política poco habitual entre dos socios que históricamente han presentado su vínculo estratégico como uno de los más sólidos del mundo occidental.

