A 60 años de la Noche de los Bastones Largos: el ataque que marcó a la universidad pública y el temor a una nueva fuga de cerebros
El 29 de julio de 1966, la dictadura de Juan Carlos Onganía reprimió a estudiantes, docentes e investigadores tras intervenir las universidades nacionales. Seis décadas después, el sistema científico y universitario vuelve a expresar preocupación por el desfinanciamiento, la pérdida salarial y la emigración de profesionales.
- Info general
- Jul 29, 2026
Hace 60 años, la dictadura de Juan Carlos Onganía protagonizó uno de los episodios más emblemáticos de la historia de la educación superior argentina. La noche del 29 de julio de 1966, la intervención de las universidades nacionales derivó en una violenta represión contra estudiantes, docentes e investigadores, un hecho que pasó a la historia como la Noche de los Bastones Largos. Aquel operativo no solo puso fin a la autonomía universitaria conquistada con la Reforma de 1918, sino que desencadenó una de las mayores fugas de científicos e investigadores del país.
El golpe de Estado que derrocó al presidente Arturo Illia el 28 de junio de 1966 marcó el inicio de un proceso de intervención sobre las universidades nacionales. El régimen eliminó el cogobierno universitario y la autonomía institucional, pilares de la Reforma Universitaria, con el objetivo de controlar políticamente los centros de estudio y limitar la actividad académica y estudiantil.

La respuesta de la comunidad universitaria fue inmediata. Autoridades, docentes y estudiantes ocuparon distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires en rechazo a la intervención. La noche del 29 de julio, efectivos de la Policía Federal ingresaron por la fuerza a las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, Filosofía y Letras, Ingeniería, Arquitectura y Medicina. Los desalojos se realizaron con golpes de bastón, detenciones masivas y destrozos en laboratorios, bibliotecas y equipamiento científico.
Las imágenes de profesores, investigadores y alumnos obligados a atravesar una doble fila de policías mientras eran golpeados quedaron grabadas como uno de los símbolos de la violencia estatal contra la universidad pública. Entre los detenidos estuvo el decano de Ciencias Exactas, Rolando García, mientras que referentes del desarrollo científico nacional, como Manuel Sadosky, fueron desplazados de sus cargos.
Las consecuencias trascendieron ampliamente aquella noche. En los meses siguientes, cientos de docentes renunciaron o fueron cesanteados y más de 300 profesores universitarios emigraron, la mayoría de ellos científicos, hacia universidades de América Latina, Estados Unidos y Europa. Equipos completos de investigación fueron desmantelados y numerosos proyectos estratégicos quedaron truncos, dando origen a uno de los procesos de «fuga de cerebros» más importantes de la historia argentina.

Uno de los casos más recordados fue el del Instituto del Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas, donde funcionaba «Clementina», la primera computadora científica del país. El desmantelamiento de ese espacio representó un fuerte retroceso para el desarrollo científico y tecnológico nacional.
A seis décadas de aquellos hechos, el aniversario encuentra al sistema universitario y científico atravesado por nuevas preocupaciones. Si bien el contexto democrático dista del escenario represivo de 1966, universidades, gremios docentes e instituciones científicas advierten que el ajuste presupuestario, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la reducción de fondos para investigación están deteriorando las condiciones de trabajo y comprometiendo la continuidad de numerosos proyectos.

En las últimas semanas, la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales alertó sobre el riesgo de una nueva fuga de investigadores debido al congelamiento de ingresos al CONICET, los recortes presupuestarios, el deterioro salarial y la paralización de programas científicos. En la misma línea, trabajadores de organismos como el CONICET, el INTI y universidades públicas vienen denunciando el impacto del ajuste sobre la producción de conocimiento.
El conflicto por el financiamiento universitario también permanece abierto. Rectores y sindicatos sostienen que el Gobierno nacional aún no implementó plenamente los mecanismos previstos en la Ley de Financiamiento Universitario para actualizar salarios docentes, no docentes y becas estudiantiles, pese a resoluciones judiciales que ordenan su aplicación.
Sesenta años después, la Noche de los Bastones Largos sigue siendo un símbolo del ataque a la universidad pública y a la producción científica argentina. La efeméride no solo recuerda una de las páginas más oscuras de la historia educativa del país, sino que también reabre el debate sobre el lugar que ocupan la ciencia, la investigación y la educación superior en el desarrollo nacional y sobre los desafíos que enfrenta hoy el sistema universitario.

