VIERNES, 07 DE AGO.

Milei no pudo hacer lo que sí lograron Reagan y Thatcher: retrocedió ante el paro de los prácticos portuarios

La protesta de los prácticos obligó al Gobierno a suspender el decreto, bajar tarifas y abrir una mesa de diálogo. A diferencia de los choques sindicales que el presidente estadounidense y la primera ministra británica resolvieron con dureza en los años 80, la ofensiva oficial en los puertos terminó en retroceso.

 

El Gobierno de Javier Milei no logró sostener su ofensiva sobre el sistema de practicaje y terminó cediendo frente al paro portuario.

La medida de fuerza trabó la operatoria en terminales clave, demoró buques y complicó la salida de granos y combustibles, hasta que la Casa Rosada resolvió suspender la aplicación del decreto 690/2026 y encauzar el conflicto por la vía de la negociación.

La pulseada había comenzado con el objetivo de desregular el servicio, abrir la contratación de profesionales y modificar un esquema vigente desde 1991. Sin embargo, el rechazo del sector fue inmediato y el costo económico del bloqueo aceleró la marcha atrás.

Finalmente, los prácticos aceptaron levantar las medidas a cambio de una rebaja del 20 % en sus tarifas y la apertura de una mesa de trabajo.

El contraste con el presidente estadounidense, Ronald Reagan, y la primera ministra británica, Margaret Thatcher, fue inevitable.

Reagan enfrentó en 1981 la huelga de los controladores aéreos, lanzó un ultimátum de 48 horas y despidió a miles de trabajadores que no volvieron a sus puestos.

Thatcher, por su parte, sostuvo durante meses la confrontación con los mineros británicos y terminó imponiéndose con una estrategia previa de reservas, presión policial y desgaste sindical.

La potencia de las embestidas de Reagan y Thatcher fue de tal magnitud que determinó el cambio de las relaciones económicas a nivel mundial en los albores de la globalización.

En la comparación, Milei quedó del otro lado: no avanzó hasta el final, no disciplinó al gremio y no logró convertir el conflicto en una victoria política.

El resultado fue una corrección de la reforma, un acuerdo de urgencia y una señal de límite frente a un sector que frenó el intento oficial de avanzar sin consenso. El césar se quedó sin su corona de laurel.

 

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