DOMINGO, 16 DE AGO.

De los talleres de Pérez al museo: la historia de La Emperatriz entramada con la identidad ferroviaria de una ciudad

Desde el 1º de agosto, la histórica máquina a vapor diseñada en 1914 en la ciudad lindera con Rosario está exhibida en el museo-taller ferroviario que lleva su nombre. Un espacio para darse una vuelta por el pasado, la historia de Pérez y su identidad ligada a los trenes.

 

Construida en 1914 para abastecerse de carbón y moverse a vapor, con un nombre destinado a un futuro de grandeza, a poco andar se presentó su primer escollo al desatarse la Primera Guerra Mundial: la escasez de ese combustible fósil la reconvirtió en una locomotora a fuel oil. Diseñada en los talleres de Pérez del Ferrocarril Central Argentino y numerada con el 191, la locomotora La Emperatriz es “la joya central” del Museo Taller que la intendencia de esa ciudad y el Ferroclub Central Argentino inauguraron hace dos semanas, y que recorrió Conclusión. No se trata sólo de “la puesta en valor visual” de esa inconmensurable máquina, sino que “está viva”, dice Bruno Ferrari, un joven de 35 años miembros del Ferroclub, quien un día la conoció y ahora “me terminé enamorando perdidamente de las máquinas de vapor”.

Una emperatriz es, la esposa de un emperador, o «la mujer que gobierna un imperio por derecho propio». En el caso del recientemente inaugurado museo-taller ferroviario de Pérez, no hay ninguna duda acerca de la definición.

De la angustia a la identidad

Pérez es una ciudad con una larga historia de vinculación ferroviaria, en la que durante más de 80 años funcionaron los Talleres Gorton, los más grandes de Sudamérica. Para homenajear esa tradición y revincularse con el pasado, el 1 de agosto se inauguró el Museo Ferroviario «La Emperatriz», que cuenta con tres vagones y la locomotora que da nombre al espacio.

En la exposición se puede conocer un vagón reservado en el que viajaron autoridades nacionales e internacionales como el presidente Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Marcelo T. de Alvear, el Príncipe de Gales, entre otros.

 

 

“Es un museo-taller que intenta trabajar y recuperar la identidad ferroviaria de nuestra ciudad, poder salir de ese estado de angustia que nos generó el cierre de los ferrocarriles para poder empezar a reencontrar a las nuevas generaciones con ese pasado ferroviario que nos ha dejado un ADN muy profundo”, dijo a Conclusión el intendente de Pérez, Pablo Corsalini.

“Es lo que hace un poco a lo que hoy es la dinámica de la ciudad, porque tenemos 11 clubes que tienen que ver también con las secciones del ferrocarril, porque esta ciudad de ser una ciudad ferroviaria se terminó reconvirtiendo en una ciudad industrial y sigue potenciando su perfil productivo, su perfil industrial y en definitiva entender un poco de dónde venimos para comprender y tener sentido de pertenencia en la ciudad que estamos construyendo”, abundó.

El museo-taller está ubicado en un galpón que levantó el municipio para esos fines. “Una construcción que logramos a través del Programa 50 Destinos Turísticos del Gobierno de la Nación, hace ya más de tres años, que los pudimos llevar adelante y terminar, y que tiene justamente tiene esa función: replicar esos talleres ferroviarios que ya no son más patrimonio de esta ciudad, que no son más patrimonio del Gobierno nacional, que se han vendido a un privado, pero que de alguna manera nosotros sentimos que todavía tenemos que conectar con todo eso”, sostuvo el intendente.

Ingresar al museo-taller “La Emperatriz” y recorrer sus “máquinas” es, de algún modo, ingresar a la máquina del tiempo. De un tiempo creativo, productivo y que, en el caso de Pérez, moldeó la identidad de varias generaciones. El ferrocarril, además de un medio de transporte, fue para muchas familias un proyecto de vida.

 

La va a replicar lo que fue hace 100 años el ferrocarril en Pérez, y es un punto de encuentro de gente de un montón de otras ciudades y localidades, no solamente del área metropolitana, y para eso lo pensamos. Una muestra abierta, una muestra de libre acceso, que entendemos que empieza a poner en común este enraizamiento tan profundo del desarrollo y crecimiento que ha tenido el ferrocarril en la Argentina”, dijo Corsalini.

Y agregó: “Entendiendo que el ferrocarril no solamente a muchos le ha dado su primer trabajo, le ha generado su primer oficio, sino que además fue el ferrocarril el que le dio la posibilidad de progresar, de tener un proyecto de vida, de que sus hijos puedan ser universitarios, puedan ir a estudiar. En definitiva, para esta ciudad ser ferroviario pasó a ser una marca muy profunda y un sentido de identidad muy sentido en nuestra ciudad”.

Loco por el vapor

Bruno Ferrari tiene, ahora, 35 años. Es técnico electrónico, pero se enamoró del vapor. Son cosas que pasan. Miembro del Ferroclub Central Argentino y animador del museo-taller, por su edad nunca tuvo contacto con el mundo de los durmientes, los rieles y los trenes. ¿Cómo llegó ahí?

–¿Cómo te enganchaste con esto, tu familia fue ferroviaria?

–Bueno, un poquito quizás por mi papá, que es el que me empezó a llevar a algunas asociaciones de modelistas. Pero, a través de una de ellas, conocí el Ferroviario del Club Central Argentino en el año 2006. Todavía era menor de edad. Y me enganché y empecé a trabajar en el Ferroclub de ese momento hasta hoy. Me hacía una hora de colectivo todos los sábados, de Rosario hasta Pérez.  E tiempo fue pasando y fui aprendiendo y adquiriendo un montón de conocimientos. Yo soy técnico electrónico. Nada que ver con el vapor, obviamente. Pero yo entré por las máquinas diésel, porque a mí me gustaban las máquinas diésel. Era parte de mi trabajo, digamos. Y me terminé enamorando perdidamente de las máquinas de vapor.

 

 

Para Bruno, “es un universo totalmente distinto. Y yo les puedo garantizar que ese clic tan grande lo tuve el día que vi por primera vez las máquinas en marcha. Porque ver la máquina así parada es un elemento muy lindo, muy decorado, muy pintado, muy… mudo, diría yo. Porque no te dice nada más que ver una foto”.

Allí detenida, exhibida, “uno está viendo una máquina que quizás vieron nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos. Entonces es ver un poquito esa historia”. Pero, siempre hay un pero. “Totalmente distinto a verla viva, moviéndose, tirando vapor, ensuciándote, quemándote. Hay un montón de sensaciones y vivencias que te transmite en marcha, que son totalmente diferentes a las que uno la ve así, estática”.

La joya central

“Nuestra idea principal como institución es la de la preservación, restauración, puesta en valor no solo visual, como tenemos ahora en este momento, sino viva. La locomotora que vemos a mi espalda, que es la locomotora 191 La Emperatriz, joya central de este museo, se encuentra en estado de marcha”, contó Bruno durante la recorrida de Conclusión por el flamante museo.

“Desde el año 2005, 2006 aproximadamente, la máquina se encuentra en estado de marcha, ha salido para diferentes eventos. Ha sido una restauración progresiva porque los últimos trabajos que se han realizado de los últimos cuatro años hacia acá ha sido la reparación total de su caldera. Y nos permite hoy poder tener la máquina en vapor”, abundó.

 

 

El joven explicó que “originalmente en el año 14, que es cuando fue construida esta máquina, fue pensada para trabajar a carbón. Y en el año 20, a raíz de la (Primera) Guerra, al no poder conseguir tanto carbón, la máquina se ha convertido en una máquina de vapor. Con el correr de los años pasó a ser fuel oil, y hoy puede funcionar el fuel oil o cualquier otro material combustible líquido”. Verla, detenida y casi como una fotografía, ya es imponente. Una enorme máquina de color negro, altísima y pesada, que cuando está en marcha no pasa desapercibida.

Departamento rodante

El museo-taller también ofrece a los visitantes, que pueden acceder sábados, domingos y feriados de 14 a 18 de forma gratuita pero gestionando previamente una entrada por internet en el sitio entradas.muselolaemperatriz.com, un Reservado Familiar. ¿Qué es eso? Algo así como un departamento que rueda.

El Reservado Familia 597 es uno de tres coches iguales que había comprado el Ferrocarril Central Argentino en el año 1912, dedicado para un alquiler particular. No eran coches de línea común y corriente, eran vehículos especiales que distintas personas podían alquilar y se unían al tren regular”, contó Bruno.

 

 

Por si no se entendió, le ejemplifica: “Por ejemplo, un tren a Tucumán o a Córdoba viajaban, digamos, separados, no vinculados al resto de la formación. Era un coche VIP, en los términos de hoy en día, que estaba preparado para 11 personas, un camarero, tenía sala de estar, hogar, bañera, ducha, calefacción independiente al resto del tren, o sea, era un vehículo, era como un departamento sobre ruedas, básicamente”. Lo alquilaron Yrigoyen y Perón, entre otros, para traslados y campañas proselitistas.

Cine sobre rieles

Otro de los fierros que se exhiben en Pérez es una suerte de vagón-cine. “Es un coche marca Hitachi, que son del año 53 aproximadamente. Originalmente eran Pullman con aire acondicionado”, contó Bruno.

Para aquél momento, continuó el referente del Ferroclub, “era novedad total en esa época. Vidrio sellado para que no entrara el polvo y algunas cuestiones más”. Sin embargo, el vagón de origen japonés y marcha Hitachi no siempre tuvo pantalla.

Fue reconvertido en el año 71, y se convirtió en un vehículo o coche-cine. La verdad que es un coche único, es totalmente diferente. Imagínense encima andando en un tren”, cerró.

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