DOMINGO, 18 DE OCT.

Las denunciantes de la partera Olga cuentan su historia: “Fui entregada en una galería con el cordón umbilical sin cortar”

Así como Dolly y Silvia Viale, otra obstetra rosarina es acusada de sustitución de identidad, delito por el cual irá a juicio, bajo la sospecha de vender recién nacidos. En todos los casos las bebés fueron entregadas con bajo peso. "Me fueron a buscar a la zona del bajo y me dijeron que había costado como un departamento", contó una de las denunciantes a Conclusión.

La partera Olga Concepción Artale de Silva, hoy de 87 años, aguarda un juicio al ser acusada entregar bebés a parejas anotándolos como hijos biológicos de las mismas en la ciudad de Rosario. Un accionar muy parecido al atribuido a Dolly Viale de Garrido y su hermana, y durante la misma época, la década del 70.

Tras la investigación a cargo de la Oficina Criminalidad Económica y Trata de Personas de la Unidad Fiscal Rosario, a cargo de Soledad García, el Ministerio Público Fiscal y la querella solicitaron ante el Juzgado Federal N° 3 la inmediata elevación a juicio del proceso que se inició en 2022. Los demandantes buscan juzgarla por la supresión de las identidades de Ana Alzugaray y Romina Elisabet Lobos, ambas nacidas en los años 80, valiéndose de certificados de nacido vivo falsos para concretar inscripciones ilegales.

Bajo peso, precario estado de salud, vestimenta insuficiente, fueron otras de las similitudes entre las bebés apropiadas. Al parecer todos fueron partos prematuros.

Las denunciantes son cuatro -dos con el código penal antiguo y dos con el actual- y los casos abarcan el período entre 1976 a 1980. Pero en total, son seis los casos conocidos de personas que cuentan con la firma de la partera y que dudan de su origen.

Como obstetra la mujer ofreció servicios en la Maternidad Martin y el hospital Provincial de Rosario, aunque no hay vinculación entre la presunta comisión de delitos y estos centros de salud. De acuerdo a la querella, la mujer posee registros en Anses hasta 1974; a partir de allí no hay actividad laboral declarada hasta 1983, en coincidencia con los años correspondientes a las denuncias.

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“Esta mujer hacía estos partos clandestinos”, afirma Ana Alzugaray, una de las denunciantes, en diálogo con Conclusión. A su vez, está convencida de que “Olga no operaba sola, había otros médicos”.

“Estamos anotadas como hijas biológicas de nuestros padres de crianza, pero no es así”, indica Ana. Es que por orden del juez federal Carlos Vera Barros se realizaron muestras de sangre que descartaron el vínculo biológico entre las denunciantes y sus apropiadores.

Ana Alzugaray nació un 11 de junio de 1981. Desde que tiene uso de razón, sus padres le contaron que no era hija biológica, sino “del corazón”. Y al crecer comenzó a preguntarse por qué quienes la criaron figuraban en su partida de nacimiento.

Cuenta Ana que su padre reconoció que se trató de una “adopción irregular”, ya que “era la manera de formar una familia”, debido a que al no estar casados no cumplían con los requisitos para aplicar a una procedimiento legítimo.

Al tiempo acudió a Abuelas de Plaza de Mayo para realizarse un ADN, el cual no mostró compatibilidad con la base de datos de la organización de Derechos Humanos. Luego, recorrió distintos organismos públicos en busca de su identidad, siempre acompañada por su papá. Hasta que, finalmente, tras los fallecimientos de su padre y su madre comenzó con el camino legal.

Sobre el trasfondo de su apropiación, relató: “La hermana de Olga es cosmetóloga, mi mamá era cliente y le comentó que estaba buscando un bebé, entonces ella le contó que tenía una hermana partera y podía hacer el acuerdo”.

“Cuando Olga nos entrega, al parecer teníamos pocas horas de nacidos y muy bajo peso”, dice Ana. Una casa de barrio Parque de Rosario, en Ricchieri al 2000, fue el punto de entrega. Si bien en otros casos, hubo un intercambio económico, sus padres se lo negaron, aunque Ana desconfía: “Es improbable que haya sido un favor, algo a cambio hubo”.

En otros casos la cesión fue en el centro, cuenta Ana. El dato se condice con la historia de Romina y Paola. A la primera la entregaron en una galería del centro rosarino.

Cabía en una mano

Romina Elisabet Lobos nació un 5 de agosto de 1982. De chica le sorprendía que su madre no tuviera fotos durante el embarazo. Pero recién a los 30 años comenzó a sentir dudas sobre su origen. “Fue una sensación, me sentía sapo de otro pozo, no teníamos nada en común con mis padres”, confiesa Romina.

Ante su insistencia, sus primas le confesaron que era adoptada, y supo que su madre les había pedido que no lo revelaran. En ese momento, su vida dio “un giro total”.

“Mi mamá me confesó que no podía tener hijos, que había alguien que tenía un bebé y ella lo compró”, relata con crudeza.

Entonces, al revisar su partida de nacimiento se percató de que sus padres figuraban como sus progenitores biológicos. El nombre de Olga Artale de Silva aparecía como la obstetra que asistió el parto. Googleó y otras historias similares fueron apareciendo.

Su lugar de nacimiento no está claro, pero sí tiene la certeza de que fue traspasada a sus padres de crianza en la galería Dominicis de Corrientes y Catamarca, y la sospecha de que se trato de un parto prematuro: “Me entregaron con bajo peso y el cordón umbilical todavía. Y hasta los 5 años tomé vitaminas. Según mi tía, era más chiquita que un bebé normal, me dijeron que entraba en una mano”.

Al igual que Ana, luego de fallecida su madre -quien previamente sufría un cuadro de demencia senil- comenzaron las actuaciones judiciales. “Por ahora no hay rastro de mi familia biológica”, se lamenta.

Paola Giamaría fue criada por su abuela; a los 24 años su mamá le contó que la “trajeron”. “Toda la familia sabía menos yo”, recuerda sorprendida. Sus padres esperaron que les avisaran cuando les llegara una beba. Antes llamaron a su papá de crianza para ver a otras bebés, pero “no le gustó porque no quería que fuera morochita”.

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“Me contaron que me fueron a buscar a la zona del bajo”, agrega la mujer. Casi calcado al resto de las denunciantes, Paola tenía bajo peso, y había costado “como un departamento”.

Su documento afirma que nació un 31 de julio de 1976, pero la fecha podría ser cualquiera. Ya que, de acuerdo a detalles brindados por su abuela, les recomendaron anotarla tres o cuatro meses antes o después de la entrega para no generar sospechas. Y eligieron esa fecha “por algo del zoodíaco”.

Dada la cercanía de su familia de crianza con militares, su búsqueda siempre se enfoqué en esa línea. “Recuerdo las botas de los milicos cuando hacían partidas de poker en la casa de mi abuela”, relata Paola, entre otros encuentros que mantenían frecuentemente sus padres con personal de las fuerzas armadas. Incluso quien la bautizó fue capellán de la fábrica de armas.

Como Ana y Romina fue a Abuelas, como Ana y Romina, sin resultados positivos. Solamente le llegaron algunas versiones que aseguraban que su madre era una joven estudiante de psicología. Y allí terminan los datos sobre su origen.

Luz después de décadas

De acuerdo a la investigación por la que la Fiscalía solicitó la elevación a juicio, Artale de Silva firmó partidas de nacimiento apócrifas, un hecho penado por el artículo 292 y 293 del Código Penal, y cometió alteración y supresión de identidad de menores de 10 años, delito encuadrado en el artículo 139 del Código Penal.

El caso remite indefectiblemente al de las hermanas Dolly y Silvia Viale. La primera fue procesada a raíz de un hecho de 1970, en el que acreditó en un acta de nacimiento que E.A.Q. y A.T.B. -ambos ya fallecidos- eran los padres biológicos de la niña Carmen Q., quien a sus 42 años comprobó que no existía lazo sanguíneo.

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La ex obstetra, de hoy 88 años, se desempeñó como partera en el Roque Sáenz Peña, hospital de referencia de la zona sur rosarina. Pero su ‘labor’ no se limitaba al interior del centro de salud, también –de acuerdo a los testimonios de víctimas- entregaba recién nacidos a cambio de dinero en otros lugares.

A su vez, su hermana Silvia fue denunciada por cuatro personas por el mismo delito de sustracción de identidad, ya que -según las acusaciones- certificó, en distintas partidas de nacimiento, como padres biológicos a personas que no tenían lazo sanguíneo con los recién nacidos.

Herida abierta

Para Ana Alzugaray, “en aquel momento, al estar tan naturalizada la entrega de bebés, no se investigaba, hasta que salieron a la luz estos casos. Al día de hoy son prácticas que seguramente se siguen haciendo. Así que darle visibilidad a estos casos podría dar lugar a que se conozcan otros”.

“Es muy sanador que la justicia resuelva estos casos pero también que se haga cargo. Es una herida abierta que repercute en toda nuestra vida, poder reconstruir este agujero negro sería lo más reparador, la justicia y la recuperación de nuestra familia biológica”, agregó.

En el mismo sentido, Romina pide que agilicen los tiempos de la justicia y que se juzgue a la partera lo antes posible. Ya que “no solamente nos robó nuestras identidades, también se ha enriquecido con nuestras vidas”.

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Asimismo, Paola señala que el avance de la causa “es importante para saber si hay más casos, y ver qué posibilidades hay de recuperar nuestra identidad, esa es la prioridad. Olga se apropió de nuestra identidad y nos vendió como si fuésemos un paquete de azúcar”.

Olga Artale de Silva fue convocada por las denunciantes en diferentes oportunidades para que exponga su versión y pueda ayudar a las víctimas a conocer su pasado, pero nunca se mostró predispuesta a colaborar.

Quienes puedan suministrar datos relevantes deben comunicarse al teléfono (0341) 285-9127 o por correo electrónico a [email protected], pertenecientes al Área de Atención y Acompañamiento a las Víctimas de la Unidad Fiscal de Rosario.

 

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