Brasil ante la hora de la verdad: el ballotage define entre el proyecto de Lula y la agenda de Flávio Bolsonaro
Más de 158 millones de ciudadanos acuden a las urnas en una elección hiperpolarizada que enfrenta a dos modelos de país. Tras la ajustada ventaja de la derecha en primera vuelta, el Partido de los Trabajadores apuesta al respaldo sindical y de los sectores populares para revertir la tendencia, en una jornada donde cada voto resulta decisivo.
- Internacionales
- Oct 24, 2026
Este domingo 25 de octubre, Brasil vive una jornada electoral clave en la que más de 158 millones de electores están habilitados para definir en segunda vuelta la Presidencia del país. La contienda contrapone al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva (80 años), referente del Partido de los Trabajadores (PT) y veterano líder sindical, frente al senador Flávio Bolsonaro (45 años), candidato del Partido Liberal e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. Tras los comicios generales del pasado 4 de octubre, en los que Bolsonaro obtuvo el 47 % de los votos frente al 45 % de Lula, la definición llega con las encuestas mostrando un virtual empate entre ambos postulantes.
La primera vuelta electoral dejó un tablero estrecho e impactado por el voto nulo y en blanco, que se ubicó en el tercer lugar entre los 13 postulantes iniciales. A su vez, los candidatos que quedaron fuera de la definición —Augusto Cury (tercero), Renan Santos (cuarto) y Ronaldo Caiado (quinto)— acumularon entre todos cerca del 9 % de los sufragios. Ese segmento, junto con los abstencionistas y los electores en el exterior —donde resalta la colectividad brasileña en Argentina—, conforma el margen disputado para volcar el resultado final.
En la geografía electoral brasileña, la atención se concentra tanto en áreas populares como los 2,1 millones de habitantes de las favelas del estado de Río de Janeiro, como en el voto indígena, cuya participación cuenta con garantías especiales trazadas por la Justicia electoral. Mientras Flávio Bolsonaro mantiene una ventaja en el voto religioso y las franjas conservadoras, Lula busca consolidar el respaldo en las bases históricas del PT y en la clase trabajadora.
Para el movimiento obrero, esta elección compromete directamente el marco de derechos laborales. En el Sindicato de Metalúrgicos de la región del ABC —donde Lula comenzó como tornero mecánico y lideró las huelgas de 1978 contra la dictadura militar—, los dirigentes expresan orgullo por el ascenso de un obrero a la primera magistratura, aunque advierten sobre la falta de recambio generacional en el PT. Asimismo, desde las bases fabriles se observa con temor que una victoria bolsonarista promueva el desmonte de la legislación laboral, emulando la reforma de 2017 sancionada durante la gestión de Michel Temer.
El proyecto de Lula se apoya en los indicadores de sus anteriores mandatos (2003-2011), período en el que impulsó el programa Fome Zero («Hambre Cero»), reduciendo la desnutrición infantil un 46 %, y logró que los ingresos del 10 % más pobre crecieran un 8 % anual. En dicho ciclo, el Producto Interno Bruto (PIB) brasileño pasó de 0,50 billones de dólares a 2,6 billones, permitiendo saldar de forma anticipada las deudas con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. A pesar de los escándalos políticos como el «Mensalão» o la posterior condena en la causa «Lava Jato» —luego anulada por la Corte Suprema—, el líder de la izquierda conserva un firme piso de apoyo popular y la adhesión de referentes culturales como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque y Geraldo Azevedo.
En contraste, la propuesta de Flávio Bolsonaro prioriza una agenda de seguridad pública de línea dura, con iniciativas para reducir la edad de responsabilidad penal, endurecer las sanciones contra el delito violento y estrechar lazos con las fuerzas armadas. Además, el postulante del Partido Liberal ha prometido promover una amnistía amplia o utilizar la prerrogativa del indulto presidencial para beneficiar a su padre, Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por la planificación de un intento de golpe de Estado. Para sostener su eventual gobierno, Bolsonaro contará con un bloque fortalecido en el Congreso, donde su partido obtuvo 28 de las 81 bancas en el Senado y 121 de las 513 bancas en Diputados.
El desenlace electoral determinará también la política exterior del país. Mientras Lula defiende el multilateralismo y mantiene a China como principal socio comercial —frente a los roces con el gobierno norteamericano de Donald Trump por la imposición de aranceles del 25 % a productos brasileños—, Bolsonaro propone un alineamiento estrecho con Washington y con gobiernos afines de la región. No obstante, analistas recuerdan que durante la presidencia de Jair Bolsonaro las concesiones unilaterales ante Estados Unidos no se tradujeron en las compensaciones prometidas en organismos internacionales como la OCDE.

