El «super martes» se convirtió en una contundente victoria de la oposición norteamericana en las elecciones de medio término, dejando a los demócratas con el control del Senado y de la Cámara de Representantes.
El Partido Republicano liderado por el presidente Donald Trump perdió, incluso, en Estados que históricamente han sido fieles republicanos, como por ejemplo, Texas y Carolina del Sur.
Este resultado representa una dura derrota para Trump, ya que la oposición tendrá el poder de bloquear leyes, frenar nombramientos judiciales y de altos cargos del Gobierno e impulsar investigaciones.
La llamada «ola azul», les dio a los demócratas triunfos en Texas, Kansas, Iowa, Georgia, Virgina, New Hampshire, Carolina del Sur, Ohio y Carolina del Norte, bastiones tradicionalmente republicanos.
Hasta las últimas horas del martes, la oposición ya se había asegurado 52 de los 100 escaños del Senado y se espera que esa cifra aumente cuando estén los resultados definitivos.
En declaraciones a algunos medios estadounidenses, Trump dijo estar «absolutamente dispuesto» a aceptar los resultados, aunque buscó distanciarse de la derrota .
«No lo veo como un ataque personal», apuntó. A pesar de ello, reconoció que la guerra contra Irán pudo haber contribuido a la derrota de su partido.
Hasta el momento, el conteo reflejaba victorias sorprendentes, como la ocurrida en Maine, donde Troy Jackson, un ex leñador logró imponerse sobre la veterana senadora republicana Susan Collins.
En Kansas, estado de larga tradición conservadora, el pastor metodista Adam Hamilton es el primer senador demócrata elegido en los últimos 90 años.
También triunfaron en Indiana y Georgia, donde la ex alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, ganó la gobernación y se convirtió en la primera mujer negra elegida para ocupar ese cargo en la historia de Estados Unidos.