VIERNES, 06 DE NOV.

León XIV habló sobre el aborto, el suicidio y la eutanasia: «Quien todavía no ha nacido pertenece a la nación humana y al futuro de su pueblo»

En su primer discurso en Uruguay, el Papa hizo una enfática defensa de la vida desde la concepción hasta su término natural. También reflexionó sobre el valor de la familia, cuestionó el abandono de las personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y pidió garantizar el acceso universal a la atención sanitaria.

El papa León XIV dedicó uno de los pasajes más significativos de su primer discurso en Uruguay a la defensa de la vida, desde la concepción hasta su término natural, y se refirió a cuestiones como el aborto, el suicidio y la eutanasia. Durante la ceremonia de bienvenida realizada en la plaza Independencia de Montevideo, el Pontífice planteó que la dignidad humana debe ser protegida en todas las etapas de la existencia y convocó a fortalecer el acompañamiento familiar y social de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. «Quien todavía no ha nacido pertenece a la nación humana y al futuro de su pueblo», afirmó.

En su reflexión, León XIV tomó como referencia uno de los relieves del monumento a José Gervasio Artigas, ubicado en la plaza, en el que aparece una mujer sosteniendo a un bebé mientras continúa la marcha de un grupo de personas. A partir de esa imagen, vinculó la representación con la protección de la vida que comienza y con la responsabilidad colectiva de garantizar su cuidado.

«La evolución demográfica del Uruguay hace concreta esa preocupación. En uno de los frisos del monumento de Artigas se representa a una mujer que sostiene en brazos a un bebé, mientras a su alrededor continúa la marcha. Ese gesto de protección nos lleva a pensar en la vida que comienza, también en aquello que todavía crece del seno materno«, expresó.

Luego profundizó su postura sobre la dignidad de quienes todavía no han nacido y sostuvo que la dependencia del niño respecto de su madre no reduce sus derechos ni la protección que merece.

«Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece. Jesús mismo quiso asumir esta condición al encarnarse», señaló.

En ese sentido, consideró que la protección de la vida requiere también el compromiso de las familias y de la sociedad. «Acoger una nueva vida requiere que el padre se comprometa junto a la madre, que la familia preste su apoyo y que existan condiciones sociales que permitan a ambos cuidar y criar a sus hijos», manifestó.

Y agregó: «La protección de quien va a nacer y el apoyo de quienes lo acogen son inseparables. La familia sigue siendo el primer ámbito en el que cada persona es acogida y aprende a vivir con los demás».

 

El suicidio y la importancia de combatir la soledad

Otro de los temas abordados por León XIV fue el suicidio, una problemática que vinculó con la soledad, la falta de acompañamiento y las situaciones de sufrimiento que muchas personas atraviesan sin encontrar contención.

«Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia», expresó el Pontífice.

Con esa reflexión, llamó a construir comunidades capaces de reconocer las necesidades de quienes atraviesan momentos difíciles y evitar que las personas queden aisladas frente a sus problemas. Su mensaje puso el acento en la importancia de los vínculos familiares, la solidaridad y el acompañamiento como herramientas fundamentales para preservar la vida.

 

La dignidad humana frente a la enfermedad y la eutanasia

León XIV también se refirió a la atención sanitaria, las enfermedades y el acompañamiento de las personas en situaciones de especial fragilidad. En ese tramo de su discurso, señaló que la dignidad de una persona no desaparece cuando sufre una enfermedad o pierde autonomía.

«Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad», sostuvo.

Además, consideró que quienes atraviesan problemas de salud deben conservar plenamente su lugar dentro de la comunidad y recibir los recursos necesarios para afrontar esas circunstancias.

«Quien atraviesa estas situaciones no deja de ser miembro pleno de la sociedad. En esas circunstancias, su fragilidad hace más urgente que reciba la asistencia y los recursos que necesita», afirmó.

En una referencia a la eutanasia y al final de la vida, el Papa sostuvo que las personas deben recibir acompañamiento hasta el término natural de su existencia. En ese sentido, destacó el aporte que la Iglesia puede realizar junto con los profesionales de la salud para aliviar el sufrimiento.

«Por medio de sus médicos y profesionales, la Iglesia quisiera colaborar con los que trabajan para aliviar el dolor. A esta tarea común aporta lo que es propio: una esperanza», expresó.

Finalmente, León XIV remarcó que ninguna persona debe perder el sentido de su existencia por atravesar una enfermedad o una situación de sufrimiento. «Su vida conserva siempre un sentido y un valor, que no está solo y que tampoco en la oscuridad ha dejado de ser amado por Dios», concluyó.

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