JUEVES, 04 DE JUN.

Divididos celebró su trigésimo Anfiteatro rosarino con la lista más larga del último tiempo

El power trío pasó por la ciudad y volvió a agotar entradas para una noche que también festejó los 25 años del lanzamiento del disco El narigón del siglo.

 

La vorágine del paso del tiempo no los abstrae. La repetición de lo cotidiano no los adormece. Divididos agotó nuevamente entradas en el Anfiteatro Humberto de Nito y volvió a demostrar que, para ser una aplanadora, primero es fundamental contar con la fuerza del peso que da estar bien plantado.

Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella podrían habitar el escenario mecánicamente, hacer lo que saben hacer e irse al próximo destino, pero están presentes y atentos. No le es indiferente el suelo que pisan ni la época que viven. Mucho menos el público que va a su encuentro.

La de este sábado fue la trigésima vez que Divididos tocó en el Anfiteatro y lo celebró con la lista de temas más larga de lo que va del año. En la comparación con las que tocaron en 2024, según Mollo, tampoco aparece una que sea así de extensa. En total, sonó una treintena de canciones que recorrió toda la historia del power trío.

El recital arrancó con Libre el jabalí, seguido por Cuadros colgados; Elefantes de Europa; Salgan al sol; Capo capón; Buscando un ángel; Pasiones zurdas derechas y Paisano de Hurlingham.

Después del alud inicial, Mollo hizo una pausa para dedicarle el próximo tema -Un alegre en este infierno- al fotoperiodista Pablo Grillo, quien recibió el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza en medio de la represión policial a la protesta en defensa de los jubilados, ocurrida el pasado 12 de marzo en los alrededores del Congreso de la Nación. El reportero gráfico quedó internado en estado crítico.

«Dedicado a Pablito Grillo, que ojalá se ponga pronto muy bien. Como dijo alguien por ahí, (las cámaras) son armas de creación masiva. El tenía un arma de creación masiva, solamente una cámara fotográfica», afirmó el cantante, que recibió el aplauso generalizado del público.

Tras Un alegre en este infierno, subieron al escenario Luciano Jazmín y Carla Cosenza para sumarle violín y gaita, respectivamente, a San Saltarín. No fueron los únicos invitados, ya que el guitarrista Palmo Addario se sumó dos canciones después a hacer Sisters. Marcelo Stenta, quien a pesar de estar atravesando un problema de salud decidió hacerse presente para tocar, estuvo minutos más tarde haciendo la chacarera La Flor Azul y, cerca del cierre, María Eugenia Bouza y Federico Rubio aportaron sus vientos.

El show permitió además enroques internos. Catriel fue relevado por Román Taccone en la batería para pasar al bajo. Arnedo quedó con la armónica y Diego Florentín intervino con su guitarra. La versatilidad puesta al servicio de El burrito.

La lista continuó con Vida de topos; Salir a comprar; Salir a asustar; Haciendo cosas raras y Tengo, cover del clásico de Sandro. Al finalizar este último, Mollo aprovechó para contar que además de los 30 Anfiteatros rosarinos, también se estaban cumpliendo 25 años de la salida del disco El narigón del siglo.

«Lo más lindo es haber atravesado el tiempo -dijo-. Más allá de los números, eso es hermoso. Gracias a todos los que nos vienen acompañando desde hace tanto. Seguimos acumulando años y también ganas de seguir haciendo esto. Son ganas de seguir haciendo lo que uno es. Hay que seguir. Más allá del horror, sigan peleando por sus vidas y sus sueños».

Este tipo de mensajes ligados a «pelear contra el horror» aparecieron a lo largo de toda la noche. Catriel usó una remera de la banda local Farolitos con el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo en el frente y un rato más tarde se puso una con la cara de Norma Plá, recordada militante que luchaba por la mejora de las condiciones de vida de los jubilados.

El último tramo del recital estuvo conformado por Tatu Carreta; Basta fuerte; Sucio y desprolijo; Amapola del 66; una versión a capela de El rey lloró -para abrazar a la distancia al icónico Lito Nebbia-; Crua Chan; Ala Delta; Rasputín y El 38.

La banda volvió a exponer su vigencia como la aplanadora del rock y, tan solo horas más tarde, agradeció por redes sociales al público, con la promesa de volver pronto, probablemente dentro de este mismo año.

La previa

En la antesala del show de Divididos, Pablo Pino abrió la jornada y -tal expresó- «calentó las patitas para el pogo» que se venía por delante. Inicialmente estuvo solo sobre el escenario, pero luego sumó a Marcos Migoni y Leo Vega de la ya mencionada banda rosarina Farolitos para hacer Caballos de Batalla y Alita de Puloi.

Posteriormente salieron y tomaron su lugar Nati Zambrini en el bajo, Juan Cruz Ferro en los teclados y Mateo Ochoa en la bateria, quienes interpretaron algunos temas de la obra de Pino y aclimataron musiclmente la noche.

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