Historias al plato: “El fernet 70/30”
Esta bebida, considerada “de los abuelos”, consiguió revertir su éxito, al punto que hoy en día forma parte de los tragos favoritos de los más jóvenes, que acostumbran mezclarla con bebidas dulces como las “colas”.
- Gastronomía y algo mas
- Por Daniel Castellanos
- Jul 18, 2026
Para arribar medianamente a una aproximación que nos lleve a concluir en una definición como prescribe el título de esta participación literaria semanal, es preciso conocer, a priori, un poco de historia respecto a la que le cupo a cada uno de sus ingredientes principales.
Puede parecer simple coincidencia que abordemos esta cuestión en vísperas de que nuestro seleccionado de fútbol, que está participando del mundial que se desarrolla en Norteamérica, protagonizará la final de esta competencia horas después de que publicada esta nota, pero no es así, sino que responde a atender desde sus probados antecedentes históricos la existencia de esta preparación, tan nuestra, tan cercana a nuestros gustos actuales, de reconocido consumo en eventos popularesa, sobre todos los referidos al deporte.
El ingrediente principal es el fernet, creado originalmente en Italia, más precisamente en Milán en 1845 por Bernardino Branca como un tónico digestivo, pero su destino cambió al llegar a Argentina con los inmigrantes. Alrededor de los años 90 esta clásica bebida italiana experimentó un giro rotundo en el modo de consumirse y se convirtió en la reina de la demanda popular en materia de bebidas.
Su creación se atribuye inicialmente a las populares “previas”, donde jóvenes comenzaron a mezclar el licor italiano con gaseosas con la intención de suavizar su clásico sabor amargo convirtiendo este trago en un verdadero ícono cultural.
La designación 70/30 corresponde a las proporciones de cada uno de sus componentes: 70% de bebida cola y 30% de fernet; aunque deberíamos tener en cuenta un tercer ingrediente: el hielo, de necesaria participación.
Ajustándonos estrictamente a la historia del fernet, deberíamos decir que se trata de un amargo realizado a partir de hierbas y alcohol. Antecedentes más lejanos aseguran que fue un invento de boticarios austríacos. Su preparación es un secreto, aunque se afirma que incluye manzanilla, ruibarbo y cardamomo entre otros productos. Originalmente fue muy apreciado como tónico digestivo y se tomaba una pequeña dosis, un vaso reducido con soda, después de una copiosa comida. Se afirma que en sus orígenes, ha probado ser útil para combatir el cólera y bajar las fiebres, aunque después su consumo quedó reducido a coctelería y cocina.
Durante siglos, las bebidas amargas fueron elaboradas por religiosos y boticarios y se empleaban como medicinas digestivas y curativas. Así es como los amargos o bitters nacieron para estimular y facilitar la digestión.
Las diversas sustancias vegetales que usualmente se utilizan para elaborar los amargos, primordialmente la quina, sustancia amarga común en la mayoría de estos preparados, la cuasia, la raíz de genciana, la alcachofa, las cortezas de limón y naranja y las hojas y flores de ajenjo, se cuentan entre las más importantes.
Esta bebida, considerada “de los abuelos”, consiguió revertir su éxito, al punto que hoy en día forma parte de los tragos favoritos de los más jóvenes, que acostumbran mezclarla con bebidas dulces como las “colas”.
Y es precisamente aquí donde participa la “bebida cola”, una creación estadounidense, nacida en Atlanta (ciudad de las que nos quedará a partir de ahora, por otras circunstancias, el mejor de los recuerdos) en el año 1886 gracias a los conocimientos “alquímicos” de un médico de apellido Pemberton, quien pensaba que servía para curar dolores de cabeza y levantar el ánimo.
Hay estudiosos que aseguran que en la Argentina existe una cultura de las gaseosas, que durante mucho tiempo estuvo circunscripta a los restaurantes y bares, pero que desde hace unas pocas decenas de años se ha extendido a los hogares. Eso sumado a la afición de los argentinos, de fuerte ascendencia italiana por los amaros, hizo el resto.
Este producto, mezcla de dos elementos de reconocida aceptación por los paladares argentinos encontró en la provincia de Córdoba el comienzo de su arraigo.
No hay documentación precisa sobre el origen de esta mixtura. Según fuentes confiables, ya se bebía en la década de 1950, como una variación amable de la mezcla de fernet con soda.
Existen quienes afirman que el fernet con cola proviene de las provincias del norte y su popularidad en Córdoba es debida a la profusión de estudiantes norteños que acudieron a esa provincia y lo impusieron como bebida de previas. Hay otras voces que aseguran que el trago fue inventado por el dueño de un bar de Cruz del Eje, al noroeste de Córdoba, quien lo ofrecía a sus parroquianos como un verdadero elixir.
Y aquí es preciso conocer la leyenda urbana que se instaló en Córdoba a partir de este hecho acaecido en Cruz del Eje, que si bien no tiene rigurosidad histórica debe al menos considerarse como una versión “folclórica” de la creación de esta bebida: se apunta al “Chucha”, propietario del bar que llevaba su nombre, de aquella localidad cordobesa, quien debió atender la demanda de un parroquiano, el “Negro Becerra”, quien pidió la mezcla en forma accidental. A partir de ese momento no dejó de pedirla en cada ocasión que visitaba “el boliche”.
Sea como fuere la creación de esta bebida icónica, lo cierto es que se ha instalado en nuestros paladares como un emblema cultural que late en el corazón de millones de argentinos y que ha conseguido trascender la categoría de trago para convertirse en símbolo de pertenencia e identidad.
Por todo ello, y aprovechando la ocasión, para homenajear el desenvolvimiento deportivo de nuestros muchachos en el Mundial de Fútbol, sea cual fuere el resultado en la final, es que los invito a brindar: ¡Salud compañeros!

