LUNES, 20 DE JUL.

Alerta ambiental en Medio Oriente: petroleros atrapados en el estrecho de Ormuz podrían provocar un desastre ecológico

Un informe advierte que más de 85 buques cargados con petróleo permanecen bloqueados en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo. Los ataques y la escalada militar en la región elevan el riesgo de un derrame que podría afectar durante décadas al ecosistema del Golfo Pérsico.

La escalada de la guerra en Medio Oriente encendió una alarma ambiental global. Investigadores y activistas alertan que la concentración de decenas de petroleros en el Estrecho de Ormuz representa una “bomba de tiempo ecológica” que podría desencadenar un derrame de petróleo de gran magnitud en el Golfo Pérsico si continúan los ataques contra buques comerciales en la zona.

La tensión aumentó esta semana cuando se reportaron entre tres y cuatro buques comerciales atacados recientemente, lo que elevó a al menos 14 embarcaciones alcanzadas desde el inicio de las hostilidades en la región.

El conflicto involucra directamente a Irán, Israel y Estados Unidos. En ese contexto, Washington informó la destrucción de 16 embarcaciones iraníes presuntamente utilizadas para colocar minas marítimas, mientras que Teherán restringió el acceso al estratégico paso marítimo tras los ataques registrados desde fines de febrero.

Como consecuencia, decenas de petroleros quedaron atrapados en el Golfo, aumentando el riesgo de accidentes o ataques directos contra buques cargados de crudo.

Según estimaciones recientes, más de 85 grandes petroleros permanecen bloqueados en el Golfo Pérsico, transportando al menos 21.000 millones de litros de petróleo.

Además, varios barcos ya fueron alcanzados por ataques, entre ellos un petrolero frente a las costas de Kuwait. En ese escenario, la organización ambiental Greenpeace Alemania realizó una investigación basada en datos de movimiento de buques e imágenes satelitales para evaluar las consecuencias de un posible derrame.

Los ambientalistas incluso simularon un escenario con una fuga de 50.000 toneladas de petróleo, volumen que consideran realista, ya que en los accidentes de grandes petroleros normalmente solo parte de la carga termina en el mar.

El riesgo ambiental es particularmente grave porque el Golfo Pérsico alberga ecosistemas marinos extremadamente sensibles. Las aguas que rodean el estrecho contienen arrecifes de coral, manglares y praderas marinas, hábitats esenciales para peces, aves marinas y mamíferos del océano Índico.

Además, el estrecho funciona como única conexión marítima entre el Golfo Pérsico y el Mar Arábigo, lo que lo convierte en una ruta fundamental para el intercambio de agua, nutrientes y migración de especies.

Sin embargo, incluso en tiempos de paz estos ecosistemas ya enfrentan fuertes presiones derivadas del transporte marítimo intensivo, la extracción petrolera, la desalinización del agua de mar y el desarrollo costero.

Para analizar el impacto potencial de un derrame, los expertos de Greenpeace utilizaron software del Instituto Meteorológico Noruego. Las simulaciones combinaron datos meteorológicos históricos, corrientes marinas y posiciones actuales de petroleros para calcular cómo se expandiría una mancha de crudo en el Golfo.

Los resultados indican que una fuga en alguno de los buques atrapados podría propagarse rápidamente por amplias zonas marítimas, afectando tanto a ecosistemas como a comunidades costeras que dependen de la pesca y del turismo.

Ante este escenario, organizaciones ambientales advierten que las consecuencias de un derrame serían devastadoras para la biodiversidad y las poblaciones locales. Además, sostienen que el conflicto demuestra los riesgos geopolíticos asociados al transporte y la dependencia mundial de combustibles fósiles.

Por ello, los activistas reclaman una desescalada del conflicto y un avance urgente hacia energías renovables, con el objetivo de reducir las tensiones geopolíticas vinculadas al petróleo.

“Todos merecen vivir en paz. En un momento en que el mundo necesita cooperación, la violencia solo divide y destruye”, sostienen desde el movimiento ambiental, que pide a los gobiernos acelerar la transición energética para evitar nuevas crisis humanas y ambientales.

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