Luego de una jornada desarrollada en un clima de calma, a las 18 cerraron oficialmente las urnas para las elecciones presidenciales en Bolivia, que definirán si Evo Morales continúa en un nuevo mandato o si cambia de sentido el rumbo político del país vecino.

Más de siete millones de ciudadanos estuvieron habilitados para elegir presidente y vicepresidente, al nuevo Parlamento y a autoridades locales.

La presidenta del órgano electoral, María Eugenia Choque, dio por inaugurada la jornada con un acto en la sede central de este organismo en La Paz y afirmó que «la ciudadanía puede estar tranquila» y participar de los comicios, según informó la agencia de noticias EFE.

Además, de los 5.132 centros electorales distribuidos en el territorio, también se votó en 33 países, entre ellos la Argentina. El padrón en el exterior creció un 31% en los últimos años y Argentina es el país que más cantidad de electores tiene: 161.057 sobre una población de bolivianos de casi dos millones.

Los dos candidatos a la Presidencia con más posibilidades son el mandatario actual, Evo Morales, y el ex presidente Carlos Mesa.

Según el sondeo de CiesMori publicado el domingo pasado, último día para hacerlos públicos, el Morales está primero con un 36,2% y Mesa segundo con 26,9%.

De confirmarse estos resultados, los bolivianos deberán votar de nuevo en un balotaje presidencial ya que Morales no alcanza el 50% de los votos ni un 40% con una diferencia de 10 puntos porcentuales con Mesa.

De concretarse una segunda vuelta, que se celebraría el próximo 15 de diciembre, los bolivianos ejercerían ese derecho por primera vez desde la aprobación de la nueva Constitución, en 2009.

Morales, que ganó las elecciones de 2005 con un 54%, triunfo que repitió de manera abrumadora en 2009 con un 64%, y en 2014 con el 61%, no tiene asegurada la victoria en estos comicios.

Además de la fórmula de presidente y vicepresidente para el período 2020-2025, también se definirá la composición del próximo congreso.

La elección de 137 diputados y 36 senadores pone en juego la composición de la Asamblea Legislativa, en la que hasta ahora el MAS tuvo durante 10 años la mayoría de dos tercios del Senado, un apoyo clave para viabilizar sus proyectos.

Estos comicios, sin embargo, están marcados en gran parte por la cuestionada decisión de Morales de candidatearse para un cuarto mandato, a pesar de que esa opción fue rechazada en el referendo que él mismo convocó en febrero de 2016.

Pese a este rechazo en las urnas, la Justicia luego lo autorizó, lo que desató una lluvia de cuestionamientos desde la oposición.

El mandatario, no obstante, concentró su campaña electoral en las mejoras económicas y sociales que consiguió su gobierno desde 2006, cifras que en general son reconocidas a lo largo del arco político.