El papado como actor político: claves del nombre León XIV
Al escoger el nombre de León XIV, el nuevo pontífice lanza un mensaje claro y deliberado: su papado no estará definido por la identidad nacional sino por una misión global. Podría representar una voz renovada desde el corazón del poder en favor de los más vulnerables.
- Internacionales
- May 9, 2025
Por Kesner Jean Mary *
La elección de un Papa estadounidense que adopta el nombre de León XIV marca un antes y un después en la historia reciente de la Iglesia Católica.
No solo por su origen geográfico, sino por el poderoso simbolismo que encierra su nombre, que remite a la figura de León XIII, el gran arquitecto de la Doctrina Social de la Iglesia.
En un mundo sacudido por el autoritarismo, la desigualdad y el desplazamiento forzado de millones de personas, León XIV podría representar una voz renovada desde el corazón del poder en favor de los más vulnerables.
Un gesto profundamente político
Al escoger el nombre de León XIV, el nuevo pontífice lanza un mensaje claro y deliberado: su papado no estará definido por la identidad nacional sino por una misión global.
En tiempos donde el catolicismo parece debatirse entre el repliegue conservador y el compromiso profético, León XIV se posiciona como heredero de una tradición que une fe y justicia social.
La referencia a León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum (1891), piedra angular de la enseñanza social católica, no es gratuita. Es una declaración de intenciones.
Este gesto simbólico adquiere una carga aún más fuerte si se considera el contexto actual de América y el Caribe, regiones profundamente marcadas por el fenómeno migratorio, la violencia estructural, la crisis climática y la desigualdad económica.
En ese escenario, ¿Qué lugar ocupará León XIV? ¿Será simplemente un papa del norte o un pastor con corazón del sur?
La migración como clamor del tiempo
El fenómeno migratorio en América Latina y el Caribe es una de las grandes heridas abiertas del continente.
Desde las caravanas que cruzan México hasta los naufragios en el Caribe, desde los migrantes venezolanos hasta los haitianos desplazados por desastres políticos, la movilidad humana se ha vuelto un signo de desesperación y esperanza. Y también un campo de disputa política y moral.
León XIV podría, desde el Vaticano, reubicar la cuestión migratoria en el centro del mensaje eclesial. Si permanece fiel a la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, es probable que su voz se alce para:
Denunciar las causas estructurales de la migración forzada, como el extractivismo, el racismo ambiental, los tratados de libre comercio desiguales y las políticas de seguridad que criminalizan la pobreza.
Exigir el reconocimiento del derecho a migrar y del derecho a no migrar, es decir, el derecho a vivir con dignidad en la propia tierra.
Respaldar y visibilizar el trabajo de las redes eclesiales, comunidades de base y organizaciones sociales que acompañan a migrantes y refugiados a lo largo del continente.
Su liderazgo podría fortalecer una Iglesia que no espera en los templos, sino que camina con los pueblos desplazados. Una Iglesia que no solo ofrece caridad, sino que interpela estructuras de exclusión.
Un papado para descentrar el poder
León XIV puede ser el primer papa estadounidense, pero su pontificado no tiene por qué reproducir lógicas imperiales.
Por el contrario, su opción por el nombre León y no por uno más tradicional dentro del imaginario anglosajón sugiere una voluntad de ruptura simbólica. Más que representar a Occidente, podría representar a los márgenes desde dentro de Occidente.
Este descentramiento no sería solamente geopolítico, sino eclesiológico. En lugar de recentralizar el poder en Roma o en Washington, León XIV podría fortalecer procesos como la sinodalidad, el protagonismo laical, la escucha a los pueblos originarios y la teología del pueblo, nacida precisamente en América Latina.
Su pontificado podría ser, en este sentido, una mediación entre el Vaticano y los márgenes globales, entre el corazón del sistema y quienes son excluidos por él.
La esperanza desde el éxodo
En la Biblia, el éxodo no es sólo una huida, sino el principio de una nueva alianza. En el siglo XXI, millones de personas caminan por desiertos, cruzan fronteras, huyen de guerras, de hambre y de devastación ambiental.
León XIV tiene la oportunidad y la responsabilidad de poner la voz de la Iglesia del lado de ese clamor humano. No se trata de una estrategia pastoral, sino de una opción teológica. Porque, como recordó el propio Jesús: “Fui forastero, y me acogiste”.
León XIV podría ser, en efecto, el Papa de los desplazados, el que escucha desde el centro lo que gritan los bordes. En su figura puede abrirse una nueva etapa de la Iglesia, una más comprometida, más inclusiva y más profética.
* Politólogo

