Las balas son reales, pero las palabras también
Con la muerte de Charlie Kirk se debilita a la política como herramienta para gestionar las diferencias en un país donde la violencia está legitimada como solución a los debates.
- Internacionales
- Por Santiago Toffoli
- Sep 14, 2025
El disparo que terminó con la vida del comunicador conservador estadounidense Charlie Kirk marcará un punto de inflexión en la vida política estadounidense actual. Los asesinatos de figuras de alto perfil, sobre todo cuando acontecen en un clima de alta polarización política y social, tienden a exacerbar las diferencias y a agrietar más aún las posiciones políticas.
Kirk era un hábil comunicador quién hacía de la provocación y la radicalización del discurso conservador la base de su popularidad. No se hará una descripción ni un recuento de sus posiciones políticas aquí pero basta decir que, en sintonía con la mayor parte de los divulgadores de la extrema derecha global, su ideología encontraba fuertes anclajes en la construcción de un sentido común ultra conservador, pero también en afirmaciones falsas que refuerzan la idea de que la verdad no importa tanto, sino que lo que importa es la eficacia para construir ese sentido común alternativo.
Charlie Kirk was murdered today. Here’s his thoughts on George Floyd: pic.twitter.com/DSQXiz0oPG
— Bae Guevara (@Kaimandante) September 10, 2025
Lo grave de lo sucedido esta semana radica en la normalización de la violencia como forma de intervenir en el debate público. Los acontecimientos como este generan una suerte de toma de posición generalizada, potenciada en las redes sociales por la capacidad de operar como caja de resonancia de posicionamientos escudados en el anonimato de las cuentas de fantasía, que ocultan el nombre real de quienes opinan detrás de ellas. Esto también explica la extendida celebración del acontecimiento entre los detractores de Kirk, lo cual refuerza la infame situación actual del debate político global.
Kirk defendía las ideas que hacen de Estados Unidos un país que genera las condiciones para episodios como el que terminaron con su vida. Propio del estilo provocativo de los ultraconservadores MAGA, no sólo defendía el “derecho” de portar armas aunque eso cueste vidas humanas, cuyas pérdidas eran un “sacrificio para garantizar ese derecho”, sino que se estaba hablando de ese mismo tema al momento de ser asesinado. Como si todo hubiese estado guionado.
No obstante, lo importante de una figura como la de Charlie Kirk -y hasta cierto punto, su particularidad- radica en que los debates lo tenían como protagonista presencial y real en un debate público y no detrás del anonimato de las redes. Ese protagonismo en la vida real es lo que el progresismo estadounidense es incapaz de generar en la actualidad, y eso es lo que puede diluirse a partir de lo ocurrido esta semana.
Llama la atención cómo cuesta hoy encontrar figuras opuestas al ultraconservadurismo y al supremacismo blanco que tengan un perfil y un alcance tan potentes como los divulgadores de la derecha. No es que Estados Unidos no haya parido figuras de esas características. Por citar dos ejemplos que se me vienen a la cabeza, Malcolm X y Martin Luther King Jr. pueden entenderse también en esa clave. Dos líderes sociales que, al igual que Kirk, fueron asesinados. Incluso Malcolm se encontraba hablando frente al público cuando fue alcanzado por los disparos de un arma de fuego. No obstante, hay que irse a la década del 60’ y los debates sobre la injusticia racial para encontrar oradores con alcance masivo que defiendan un conjunto de ideas distintas a las pregonadas por la extrema derecha.

Por otra parte, es necesario comprender y poner el foco en que, en Estados Unidos, los debates suelen resolverse de esta manera, y en parte gracias a cómo los conservadores defienden las ideas ligadas a la portación de armas y a la supresión del otro como modo de zanjar las diferencias. El hecho de que el principal sospechoso sea un joven de 22 años con la capacidad de manejar y utilizar un arma para disparar como un francotirador desde más de 130 metros, es una muestra más de las características de la sociedad norteamericana. Cuesta creer que un pibito de esa edad pueda realizar semejante asesinato propio de un militar o un sicario ultra profesional, pero en Estados Unidos todo es posible.

El asesinato de Charlie Kirk generará una mayor polarización política en Estados Unidos y el debate sobre su figura tiene un alcance global. Con su muerte, se pierde la posibilidad de enfrentar cara a cara a los divulgadores extremistas de la derecha para desarmar sus argumentos y exponer sus mentiras, alentando su reclusión en las cuevas oscuras del anonimato de las redes sociales y los entornos endogámicos de sus streams y podcasts donde no hay nadie que pueda contraponer sus posiciones políticas.
Sin embargo, adquiere una importancia sustancial cuidar a la política y al debate como herramientas para gestionar las diferencias, que están y estarán ahí por siempre. Sobre todo en las sociedades que, orgullosamente, nos podemos identificar como más pacíficas que la estadounidense pero donde las ideas que legitiman la violencia como modo de resolver las disidencias están fortaleciéndose a gran velocidad.

