DOMINGO, 19 DE JUL.

Mark Carney en Davos: “Si las potencias medias no estamos en la mesa, estaremos en el menú”

El enviado especial de la ONU y referente canadiense advirtió que el orden internacional basado en reglas ha pasado a ser una “ficción” agotada. Llamó a abandonar la “nostalgia” y construir una autonomía estratégica frente al uso de la economía como arma de coacción por parte de las grandes potencias.

 

En el marco del Foro Económico Mundial, Mark Carney lanzó un duro diagnóstico sobre el estado de la geopolítica actual, marcando lo que definió como una “ruptura” definitiva del orden internacional tal como se conoció en las últimas décadas. Con un discurso cargado de realismo, Carney instó a las naciones que no son superpotencias a dejar de participar en rituales diplomáticos que calificó de “falsos” ante el avance de un mundo dominado por la fuerza y la rivalidad de los grandes poderes.

Haciendo referencia al ensayo «El poder de los sin poder» de Václav Havel, Carney comparó la actitud de muchos países con la del verdulero que coloca un cartel de consignas en su ventana solo para evitar problemas, sin creer realmente en ellas. “Es hora de que las empresas y los países retiren sus carteles de la ventana”, sentenció, añadiendo que la narrativa del orden basado en reglas siempre fue parcialmente falsa, ya que las potencias se eximían de cumplirlas cuando les resultaba conveniente.

El fin de la “ficción” multilateral

Para el exgobernador del Banco de Inglaterra, el mundo no atraviesa un cambio gradual, sino una crisis estructural profunda. “Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, afirmó. Según Carney, la integración económica ha dejado de ser un motor de beneficio mutuo para convertirse en un arsenal: “Aranceles como palanca, infraestructura financiera como coacción y cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”.

Bajo este escenario, fue tajante sobre el destino de los países periféricos y potencias medias: “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú”. Advirtió que, cuando se negocia bilateralmente con una potencia hegemónica desde la soledad, no se ejerce soberanía, sino que se acepta una “subordinación” disfrazada.

 

«Realismo basado en valores» y autonomía estratégica

Ante el desgaste de instituciones como la OMC o la ONU, Carney propuso un enfoque de “realismo basado en valores”, que combine principios firmes con un pragmatismo necesario para reconocer que los intereses del mundo hoy divergen drásticamente. En este sentido, destacó que Canadá está acelerando inversiones estratégicas en energía, inteligencia artificial y minerales críticos para no depender de la voluntad de terceros.

“No deberíamos lamentarnos; la nostalgia no es una estrategia”, concluyó, enfatizando que el viejo orden no regresará. Su llamado final fue a construir una “autonomía estratégica” real, argumentando que un país que no puede alimentarse o defenderse por sí mismo tiene pocas opciones cuando las reglas internacionales dejan de protegerlo,. La apuesta, según Carney, es crear una red de conexiones comerciales y políticas que permitan resistir la presión de los grandes bloques y evitar la «actuación» de una soberanía que, en la práctica, ha dejado de existir.

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