JUEVES, 04 DE JUN.

Venezuela exige a la ONU frenar las operaciones militares de Estados Unidos en el Caribe

La tensión entre ambos países sigue creciendo, y la comunidad internacional observa atentamente cómo se desarrollan los acontecimientos en esta confrontación de largo alcance, que podría tener repercusiones más allá de las fronteras de Venezolanas.


Venezuela presentó este viernes una enérgica demanda ante la ONU, exigiendo el «cese inmediato» de las operaciones militares de Estados Unidos en el Caribe, calificándolas de violatorias del derecho internacional. Según la representación venezolana en las Naciones Unidas, las acciones militares estadounidenses constituyen una amenaza para la soberanía de las naciones y el bienestar de los civiles.

El embajador Héctor Constant Rosales, líder de la delegación venezolana en Ginebra, instó al sistema de la ONU a condenar estas políticas, que calificó como un riesgo para la paz y seguridad internacionales.

En su intervención ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el embajador Constant detalló las alegaciones de que Estados Unidos está llevando a cabo «ejecuciones extrajudiciales» en el Caribe, y bombardeando con misiles inteligentes embarcaciones artesanales, lo que considera una violación flagrante de los derechos humanos y de la Carta de las Naciones Unidas.

Según Constant, Venezuela es víctima de una política sistemática de hostigamiento por parte de Estados Unidos, intensificó las medidas coercitivas unilaterales, campañas de descrédito y un ataque constante a las instituciones legítimas del país.

La delegación venezolana expresó que el despliegue militar estadounidense en la región representa una escalada en la estrategia de agresión de Washington contra Caracas, con el objetivo de promover un cambio de régimen y apoderarse de los recursos naturales del país. Constant denunció que estas operaciones son parte de una «agresión prolongada» que pone en peligro no solo a Venezuela, sino a toda la región.

El gobierno de Nicolás Maduro rechazó a estas acciones, calificando el despliegue militar estounidense como una amenaza directa a la estabilidad hemisférica. Según las autoridades venezolanas, ocho destructores, 1.200 misiles y un submarino nuclear de norteamericano apuntan directamente al país, lo que incrementa la tensión en una situación ya complicada. Además, el arribo de cinco cazas F-35 a Puerto Rico, el 13 de septiembre, encendió aún más las alarmas en Caracas, que lo interpreta como parte de una operación de Washington contra los cárteles, pero con intenciones más profundas de injerencia en los asuntos internos venezolanos.

Por otro lado, el gobierno de Maduro denunció que el 12 de septiembre, fuerzas militares estadounidenses incursionaron en la Zona Económica Exclusiva de Venezuela y asaltaron una embarcación pesquera. Según Caracas, este acto fue «ilegal» y constituyó una violación de las leyes internacionales.

Como respuesta a esta escalada, Maduro convocó a un alistamiento masivo de milicianos, y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ha activado el ‘Plan Independencia 200’, un ejercicio de preparación militar en la isla de La Orchila.

En paralelo, se están llevando a cabo simulaciones de desembarcos anfibios por parte de los marines estadounidenses en Puerto Rico, mientras que Washington reabrió la Estación Naval Roosevelt Roads, una instalación que había estado cerrada desde 2004.

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