Afrontar el calor sin perder el estilo: ¿cómo es Chika, la marca rosarina que fabrica abanicos?
Hace seis años que Luciana Ascolese y Carlos, su papá, comenzaron a fabricar abanicos. El auge que este accesorio tuvo en el último tiempo impulsó al emprendimiento, que hoy produce más de cien modelos, vende al por menor y al por mayor, sueña con exportar y tiene un local propio en el corazón de barrio Agote.
- Ciudad
- Por Elisa Soldano
- Ene 31, 2026
En tiempos de pandemia y encierro, la diseñadora Luciana Ascolese se aburría. Para pasar el tiempo y dar rienda suelta a sus ideas, intervino varios objetos, entre ellos un abanico: fue entones cuando se percató de que este elemento se usaba muy poco en una ciudad marcada por las altas temperaturas. Al advertir que el producto podía ser muy demandado, decidió crear Chika, una empresa familiar que se consolidó en los últimos seis años y que actualmente fabrica casi en su totalidad estos elementos para afrontar el calor con estilo.
En diálogo con Conclusión, la diseñadora recordó que este accesorio siempre estuvo presente en su vida, dado que era muy usado por su abuela y tías. “Cuando intervine el primer abanico, en pandemia, me preguntaba cómo podía ser que algo tan lindo y útil no sea de uso cotidiano en Rosario. Empecé a pensar cómo se podía crearlo, dónde conseguir materiales y telas. Fue prueba, error y mucha investigación, pero de a poquito le empezamos a dar forma a la marca, fuimos creando, diseñando, ilustrando y cambiando los formatos de varillas”, recordó.
Cuando Chika dio sus primeros pasos, Ascolese y su papá, Carlos –quienes se asociaron para concretar el emprendimiento– tercerizaban toda la producción y vendían los objetos en ferias. Sin embargo, la contundente aceptación de los abanicos –que vino de la mano de un auge de este producto, que cada vez es más usado por personas de todas las edades– los animó a ir a más: “Nos arriesgamos y decidimos hacer una inversión. Compramos una máquina para hacer cortes láser nosotros mismos, para darle forma a las telas y varillas. Como cada día la demanda era mayor, optamos por tener un lugar fijo y encontramos este maravilloso local de Cafferata al 574, que tiene dos vidrieras espectaculares”.
En el local de barrio Luis Agote –a metros de la Terminal de Ómnibus de Rosario– no sólo se venden los abanicos, sino que también funciona el taller donde se fabrican: atrás del mostrador está la máquina láser que corta a medida y en serie las varillas y las telas. En el cuarto del fondo hay un extenso escritorio en donde se arman de forma totalmente artesanal las estructuras de madera, se pega la tela y se limpian las varillas.
“El 90% del proceso de fabricación lo hacemos en el taller. Sí tercerizamos, por ejemplo, la costura de las bolsitas que funcionan como funda del abanico. Es muchísimo el trabajo que hay detrás de todo eso”, sostuvieron los dueños de Chika.
“El proceso de elaboración es complejo, tiene muchos pasos. El material de base es la madera, que se interviene, se pinta, se lija y se le realiza un laqueado final. Después las varillas se encastran o se unen para formar la estructura del abanico. Por otro lado, está toda la parte de diseño de telas, sublimación y corte. Cuando tenés la tela cortada y la estructura de madera presentada, se arma el abanico básicamente. También hacemos una funda protectora que tiene el mismo diseño del abanico”, enumeró la diseñadora.
Cuando las varillas de madera salen de la cortadora láser, deben ser sometidas a un proceso manual de limpieza para quitarle el humo que les queda adherido en el proceso. Además, la empresa debe importar unos pequeños remaches –que no se fabrican en el país–, que van colocados en la parte inferior del abanico, el cual permite la unión y despliegue de la madera.
Elegí tu propio abanico
Chika fabrica un abanico básico (basik) que tiene diez varillas, todas de madera negra, y otro más exclusivo (exklusive) que tiene más varillas, las cuales tienen un tratamiento especial con laca. Además, ofrece tres tamaños: el abanico pocket –que es la presentación más chica– de 18 centímetros; el estándar, de 23 centímetros; y la presentación más grande, de 30 centímetros.
“He ido innovando mucho, tenemos más de 110 modelos de abanicos y de cada uno hay al menos una decena de colores o tonalidades. Me encanta trabajar con las combinaciones y texturas y me cuesta mucho no irme por las ramas, tendría que achicar un poco las ideas, pero por ahora encantan todos”, reconoció Luciana.
La empresa no sólo vende a particulares, sino que también comercializa al por mayor e, incluso, hace fabricaciones personalizadas. Entre sus clientes más frecuentes se encuentran empresas, que compran en cantidad para hacer regalos a sus trabajadores, o personas que encuentran en los abanicos un original souvenir para celebrar cumpleaños de 15 o casamientos, entre otros eventos.
“A lo que es personalizado lo trabajamos por unidad y mayorista. Muchas veces los clientes ya vienen con una idea o ilustración en mente, pero si es necesario contamos con el servicio de diseño. Nos suelen comprar estos productos para uso personal o para hacer un presente. Cuando los adquieren en cantidades generalmente es para hacer souvenires o para revender”, detalló Ascolese.
Y añadió: “Tenemos pedidos de todo el país, tanto de nuestra línea de diseño como de los personalizados. Lo que tiene el abanico es que es un objeto de diseño que perdura. Es algo que se puede seguir usando con el tiempo, eso es lo lindo del producto”.
Con miras a la exportación
Si bien Ascolese apuntó que los abanicos se venden muy bien, sobre todo en climas como los de Rosario, admitió que es un objeto “súper estacional”: “En invierno vendemos algo, pero claramente los niveles de comercialización bajan, no es lo mismo que en pleno verano, donde el producto es necesario y además lo buscan mucho como regalo. Por eso también la idea es entrar en otros mercados para tener pedidos constantes”.
“Nuestra idea e intención –añadió–, y para lo que estamos gestionando, es poder exportar. Por una cuestión de cercanía, facilidades y por el clima, apuntamos a enviar los productos a Centroamérica. Hemos tratado con personas que viven en esta región y nos dicen que el abanico no tiene uso cotidiano a pesar de las altas temperaturas, por eso la idea es entrar en este mercado”.
Quienes deseen ver los abanicos de Chika pueden ingresar al perfil de Instagram o a la página web de la empresa, pero también las puertas están abiertas para que visiten el local de Cafferata al 500, donde funcionan desde hace más de un año: “Siempre invitamos, a todo el que pueda, a venir y conocer el taller”.
Por último, la diseñadora contó de dónde surge el nombre de su emprendimiento: “Tuve la suerte de viajar mucho y, estando en distintos países, cuando decía que era de Argentina la gente me decía ‘chica’. A esta palabra siempre la tuve presente y cobró fuerza cuando empecé a pensar en un nombre personal y un logo para el proyecto. Que se escriba con k es una cuestión meramente visual”.





