El 11 de febrero de 2020, dos hombres que pescaban a la vera del Arroyo Saladillo, en zona de parque Sur, se toparon con una bolsa de nylon negra con un macabro contenido: un brazo humano. Rápidamente, los rastrillajes en la zona fueron recuperando varios bultos similares y, semanas después, la persona desmembrada fue identificada como María Isabel Ruglio, una docente jubilada que vivía en la zona sur. Por ese crimen dos personas fueron acusadas, una pareja  que vivía con ella desde hacía un tiempo.

Pero, esta semana, hubo un inesperado giro en la causa, uno de los acusados, Marcelo Alberto F. confesó que él era el único responsable del crimen, que su mujer, Josefa R., no había tenido nada que ver y  que un remisero amigo suyo fue quien se ocupó de desaparecer el cuerpo. Este jueves, ese hombre se presentó espontáneamente en la Fiscalía y quedó detenido.

Por este hecho, el hombre y la mujer fueron imputados este viernes por el delito por el delito de Homicidio Doloso Calificado por Codicia, con prisión preventiva por el plazo del ley.

«Se me fue la mano»

En marzo del 2020, el fiscal Adrián Spelta acusó formalmente al matrimonio de haber asesinado a María Isabel Ruglio y de haberla descuartizado en la pileta que estaba en el fondo de la casa. Según la teoría acusatoria, el móvil del crimen era quedarse con la propiedad de «Marisa», quien, según varios testimonios, habría convenido en vendérselas por un valor menor al real una vez que pudieran vender un departamento que tenían en un Fonavi.

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Josefa hacia dos años que había trabado amistad con la docente jubilada y, tiempo después, el matrimonio se mudó con ella para que «Pepa» la cuidara y ayudara  con sus problemas de salud y le hiciera compañía. En tanto, y con la autorización de la dueña de casa, su marido montó una verdulería al frente de la vivienda. Sin embargo, la convivencia pareció no funcionar y la relación entre los tres, principalmente entre Marisa y Marcelo, empezó a tensarse cada vez más.

Este lunes, en una audiencia que presidió el juez Gustavo Pérez de Urrechu y ante el fiscal Adrián Spelta, Marcelo Alberto F. decidió declarar, por primera vez desde que está detenido. Cuando tomó la palabra confesó haber cometido el crimen. Y precisó que todo ocurrió durante la madrugada del 8 de febrero, noche en la que su esposa no estaba en la casa porque se encontraba cuidando a un anciano. A esa altura, la relación de amistad que la pareja había tenido con Marisa, ya estaba muy deteriorada y la mujer les había pedido varias veces que se fueran. Precisamente eso fue lo que dio inicio a la discusión que sostuvo esa noche con la docente y que terminó con su muerte. 

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Según reseño el diario La Capital, Marcelo F. relató que esa madrugada estaba muy borracho y que la discusión escaló de tal modo que la mujer tomó un cuchillo. Entonces el reaccionó tomándola del cuello. «Yo la agarré borracho, la agarré del cuello y se me fue la mano. Nunca la quise matar, nunca quise hacer nada, nunca quise quedarme con la casa ni nada de eso. Ella me quería prestar plata, me quería prestar una moto y yo nunca quería”.

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En  su declaración el imputado aseguró que tenía todo listo para irse de la casa pero que esa noche, alrededor de la 1.30 comenzó a discutir con ella en la parte trasera de la vivienda, donde vivía él con su mujer. Y detalló que tras agarrarla del cuello, la víctima cayó frente a la escalera. Al principio pensó que se había desmayado, pero después, cuando vio que la mujer no reaccionaba, se dio cuenta de lo que realmente ocurría.

El remisero amigo

Según el relato de Marcelo F., la casualidad fue parte del giro en esta historia. Y es que, a poco de darse cuenta de que Marisa había muerto entre sus manos, llegó a la casa un amigo suyo que solía visitarlo a menudo. Un remisero que pasó por allí y se detuvo al ver que estaban las luces prendidas. Entonces decidió contarle lo que había ocurrido y el hombre le propuso ayudarlo y deshacerse del cuerpo a cambio del  departamento que era de su propiedad y que estaba a la venta. El imputado accedió y le entregó las llaves en ese mismo momento. Y también aseguró no haber visto el desmembramiento del cuerpo ni haber estado presente en el momento en que su amigo se lo llevó de la casa.

Tras la sopresiva declaración de Marcelo F., este jueves, el remiserio en cuestión se presentó espontáneamente en el Centro de Justicia Penal y declaró ante el fiscal Adrián Spelta. Tras su declaración Ricardo M. quedó detenido y a la espera de la audiencia imputativa, que se realizará en los próximos días.