Cruda realidad: la mitad de los argentinos sufre estrés económico por falta de ingresos
Los datos se desprenden del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA). El indicador mide la capacidad de ingresos de los hogares para cubrir necesidades básicas y sostener los niveles de ahorro y consumo.
- Nacional
- Jun 27, 2025
Pese a que el Gobierno asegura que hay mayor demanda laboral porque los salarios son atractivos y no porque no alcance para llegar a fin de mes, la mitad de los argentinos sufre estrés económico por falta de ingresos.
Los datos se desprenden del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA). El indicador mide la capacidad de ingresos de los hogares para cubrir necesidades básicas y sostener los niveles de ahorro y consumo.
El documento analiza el estrés económico, una forma de medir la insuficiencia de ingresos de las personas y los hogares a partir de su propia percepción. Estudios pioneros demostraron que los umbrales monetarios no explican por completo las experiencias de exclusión, y que los hogares suelen evaluar su situación en función de referencias normativas, aspiraciones y experiencias previas.
CIFRAS MUY DURAS
Según el ODSA-UCA, el indicador de estrés económico, superó el 50% por primera vez desde la post-pandemia en 2021. Este nivel se alcanzó por primera vez en 2016, en medio de los tarifazos.
«El sentido común del ‘no me alcanza’ muestra una visión más realista de la pobreza por más que sea un factor subjetivo», destacaron desde el Observatorio.

El informe señala que, en el período 2017-2024 (en comparación al período previo), se acentúa la asociación entre las medidas monetarias y la autopercepción subjetiva: el 75,7% de los hogares pobres y el 89,8% de los indigentes reportan estrés económico.
«Cabe destacar que solo el 10,2% de los indigentes reporta no tener estrés, bajando respecto del 14,5% de la fase anterior: esto implica mayor alineación entre pobreza extrema y estrés desde una perspectiva subjetiva en los últimos años del período analizado», resalta el texto.
En los niveles socioeconómicos más bajos (bajo y medio bajo) se registran los porcentajes más elevados de estrés económico, casi alcanzando el 80% en los momentos más críticos. En los estratos medios bajos, el deterioro reciente es marcado: el indicador sube con fuerza entre 2022 y 2024, reflejando una profundización del estrés económico en dichos sectores. Incluso los estratos medio altos presentan un crecimiento, aunque más moderado, indicando una expansión de la insuficiencia monetaria autopercibida más allá de los estratos estructuralmente vulnerables.
La presencia de niños/as en el hogar incide también en los niveles de estrés económico: son los hogares con presencia de menores aquellos que presentan mayor nivel de incidencia en el riesgo de estrés económico, y esto se mantiene a lo largo del período analizado.
NÚMEROS PREOCUPANTES EN LOS ÚLTIMOS AÑOS
Entre 2010 y 2024, los hogares muestran una tendencia general ascendente en los tres indicadores, aunque con momentos tanto de coincidencia en tendencia como de desajuste entre los mismos.
Entre 2011 y 2013, el estrés económico se mantiene elevado y creciente (sube de 35% a 41%), mientras que la indigencia y pobreza por ingresos es más baja (entre 17% y 19%) y relativamente estable.
En el 2015, se evidencia un descenso en el estrés económico, mientras esto no se observa en el indicador de pobreza por ingresos. Asimismo, el pico de crecimiento de los déficits en el año 2016 es común a los tres indicadores presentados.
En la fase 2017-2019 se registra un aumento en todos los indicadores; sin embargo, el crecimiento de la pobreza por ingresos es más pronunciado que el de estrés económico.
En el periodo 2019–2020, la divergencia es notoria: la pobreza por ingresos se incrementa del 31% al 35%, mientras que el estrés económico disminuye. Esto podría estar asociado a un contexto complejo de crisis económica y sanitaria y un escenario de aislamiento o distanciamiento social. En la recuperación parcial post pandemia se exhibe una tendencia descendente en los déficits. Sin embargo, a partir de 2022, las curvas vuelven a ascender.
Esto sugiere que, aunque hay cierta correspondencia en las grandes fases del ciclo económico, la autopercepción es más sensible a otros factores (como expectativas, inflación, subsidios o empleo parcial) que no siempre y no necesariamente son reflejados en la medición indirecta de pobreza monetaria.
A nivel de personas, la evolución de los tres indicadores replica en gran medida el patrón observado en los hogares, pero con niveles absolutos algo más altos. Esto puede explicarse por la composición de los hogares con más integrantes en situación vulnerable, lo que eleva los promedios individuales.
El estrés económico supera en todo el período a la pobreza por ingresos, con diferencias de 10 a 20 puntos porcentuales.

También aquí se observan desfasajes claros en momentos clave: por ejemplo, entre 2019 y 2020, la pobreza por ingresos sube, mientras que la percepción subjetiva cae.
La recuperación post pandemia y el ciclo actual de crisis inflacionaria y ajuste (2022-2024) muestra evoluciones relativamente similares de la tasa de pobreza monetaria y el estrés económico.
Entre las similitudes de tendencias se evidencian: un aumento en todos los indicadores en la fase 2017-2019; coincidencias de tendencias en la recuperación parcial post pandemia, evidenciando una caída en los déficits y un incremento de las tasas a partir de 2022, siendo más intenso el incremento en el estrés económico que en la pobreza por ingresos.

