JUEVES, 04 DE JUN.

La historia de la mujer que rompió el protocolo para despedir a su amigo, el Papa Francisco

La religiosa que se acercó al féretro del Sumo Pontífica era Sor Geneviève Jeanningros, de 81 años, sobrina de Léonie Duquet, una de las monjas secuestradas por Alfredo Astiz durante la dictadura militar.

 

En medio de la multitudinaria despedida de fieles que pasaron frente al féretro del Papa Francisco, una mujer logró sortear el estricto protocolo para rendir su último homenaje al pontífice, con quien había compartido una amistad de más de 40 años. Con su mochila verde al hombro, caminó hasta el féretro y se detuvo a rezar en silencio. Se trataba de Sor Geneviève Jeanningros, de 81 años, sobrina de Léonie Duquet, una de las monjas secuestradas durante la última dictadura por Alfredo Astiz. Este gesto cargado de simbolismo no solo representó un acto de despedida personal hacia el Papa, sino también un homenaje a su tía, quien fue una de las víctimas del gobierno militar.

La monja lleva más de medio siglo dedicada a acompañar a los marginados de Roma, entre ellos personas trans, feriantes, prostitutas y migrantes. Vive en una caravana en Ostia, en los márgenes de la ciudad eterna, junto a otra hermana, y desde allí ha construido puentes entre los olvidados y el Papa. Su apodo entre los allegados era «l’enfant terrible», una forma afectuosa con la que Francisco reconocía su carácter firme y su compromiso inquebrantable con los más necesitados. A lo largo de los años, Sor Geneviève se destacó por su dedicación y valentía, siempre dispuesta a defender a quienes la sociedad suele ignorar.

El Papa Francisco, que siempre mostró su cariño por la religiosa, también veía en ella a una mujer de fe inquebrantable y de compromiso social, dos cualidades que marcaron su pontificado y que le unieron aún más a Sor Geneviève .
La relación entre el Papa Francisco y Sor Geneviève trascendía lo institucional. El pontífice siempre mostró su cariño por la religiosa, veía en ella a una mujer con una fe inquebrantable y compartían una visión común que el Evangelio se vive en la calle, con quienes más lo necesitan. En varias ocasiones, ella le llevó fotos de personas trans que el Papa había conocido y que luego fueron asesinadas. “Él lloró y rezó por ellas”, contó.

La relación entre el Papa Francisco y Sor Geneviève trascendía lo institucional. El pontífice siempre mostró su cariño por la religiosa, viendo en ella a una mujer con una fe inquebrantable. Ambos compartían una visión común, el Evangelio se vive en la calle, con quienes más lo necesitan. En varias ocasiones, ella le llevó fotos de personas trans que el Papa había conocido y que luego fueron asesinadas. «Él lloró y rezó por ellas», contó.

A través de la gestión de la religiosa, en 2024 Francisco visitó el parque de diversiones de Ostia, donde escuchó los testimonios de feriantes y artistas. Su labor fue tan visible como incómoda para los sectores más conservadores de la Iglesia.

Últimas Noticias