SáBADO, 06 DE JUN.

La energía como derecho humano: soberanía y desarrollo frente al «retroceso» nacional

Esteban Caramuto y Luca Gianfrancisco analizan la situación crítica del sector energético argentino. Denuncian un "subordinamiento" externo en materia nuclear y proponen un debate social profundo para recuperar el control de los recursos estratégicos en beneficio del pueblo.

 

En el complejo escenario del siglo XXI, el acceso a la energía se ha convertido en una pieza fundamental para garantizar condiciones de vida dignas y el crecimiento económico de las naciones. Sin embargo, para el ingeniero mecánico y magister en Energía, Esteban Caramuto, la mirada sobre este recurso debe superar la mera lógica de mercado. “Nosotros defendemos la idea de que la energía es un factor crucial para el desarrollo digno del ser humano; por ende, tenemos una concepción de defensa de la energía como derecho humano, afirmó a Conclusión, y destacó que es un factor fundamental tanto para la actividad productiva como para el ser humano.

Esta visión vincula directamente lo productivo con el desarrollo de las personas. En ese sentido, la soberanía energética surge como el eje rector de una política nacional soberana. El estudiante de la licenciatura de en Física de la UNR, Luca Gianfrancisco, define este concepto como “la defensa y el uso de los recursos energéticos del propio país para el beneficio del propio pueblo”, lo cual comprende todas las actividades que impulsen el desarrollo del individuo y de su comunidad.

Un diagnóstico alarmante

A pesar de contar con una región rica en recursos, el diagnóstico actual para Argentina es de alerta. Según Gianfrancisco, el país atraviesa una “situación de retroceso en lo que es la soberanía energética”.

Como prueba de esta deriva, mencionó el reciente acuerdo entre la Comisión Nacional de Energía Atómica y Estados Unidos, por el cual el país resignaría la producción y el enriquecimiento de uranio para fines nucleares.

 

 

Eso ya da cuenta de la situación en la que estamos y habla de un subordinamiento a las fuerzas imperiales«, sentenció Gianfrancisco, alertando sobre cómo esto limita las posibilidades de un desarrollo autónomo que haga uso de sus propios recursos.

Frente a este panorama, la propuesta no es solo la resistencia, sino la organización y el conocimiento. Caramuto sostiene que la mejor defensa de estos recursos estratégicos comienza por «capacitarnos y concientizar a las personas«, entendiendo que se trata de recursos limitados.

Para los entrevistados, el desafío es responder colectivamente preguntas fundamentales: ¿Para qué queremos la energía y para quiénes? Lejos de posturas cerradas, hacen un llamado a la unidad de diversos sectores para discutir un diagnóstico común. «Acá estamos todos involucrados, tanto los sectores sindicales como también los de capital; abajo, arriba, izquierda, derecha, estamos todos en el mismo barco«, concluyó Caramuto.

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