JUEVES, 25 DE JUN.

Clarita Segura, la adolescente argentina que podría convertirse en santa

Tenía apenas 16 años cuando murió, pero su testimonio de fe sigue inspirando a miles de jóvenes. La causa de canonización de Clara María Segura acaba de dar un paso clave en el Vaticano y la acerca al sueño de convertirse en una nueva santa argentina.

Más de tres décadas después de su fallecimiento, la historia de Clara María Segura, conocida cariñosamente como «Clarita», vuelve a cobrar fuerza. La joven argentina murió en 1995 a los 16 años, pero su ejemplo de vida cristiana y su profunda espiritualidad continúan despertando admiración dentro y fuera del país. Ahora, tras la entrega de la documentación de su causa al Dicasterio para las Causas de los Santos por parte del obispo castrense Santiago Olivera, comenzó oficialmente la fase pontificia del proceso que podría llevarla a los altares.

Clarita nació en Buenos Aires, el 15 de mayo de 1978, era la menor y única mujer de una familia de seis hermanos. Quienes la conocieron la describen como una adolescente alegre, espontánea y llena de proyectos. Le gustaba compartir tiempo con sus amigas, bailar, estudiar y soñar con formar algún día una familia católica. Su vida transcurría con la normalidad de cualquier joven de su edad, aunque estaba marcada por una intensa vida espiritual.

Entre 1992 y 1995 cursó sus estudios en el Colegio Los Robles, donde sobresalió por su liderazgo natural y su capacidad para generar vínculos. Nunca ocultó su fe y defendía sus convicciones con firmeza, pero sin imponerlas. Participó activamente en peregrinaciones religiosas a los santuarios de Luján y San Nicolás, llegando a caminar hasta 200 kilómetros como expresión de su compromiso religioso.

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la investigación de su causa fue su discreta vida de oración. Según relataron quienes la conocieron, asistía a misa prácticamente todos los días durante la semana sin comentarlo siquiera a sus amigos o familiares. «No decía nada, pero se la encontraba allí», recordó Juan Reynoso, postulador de la causa.

Sus escritos personales revelan una relación cercana y profunda con Dios. En sus cuadernos dejó reflexiones que hoy forman parte de la documentación analizada por la Iglesia. «Gracias, Dios, por hacerme tan feliz. Diosito, sos lo mejor de mi vida», escribió en una oportunidad. En otra oración anotó: «Enséñame, yo estoy dispuesta a aprender y luchar por mis principios».

Meses antes de su muerte, tras regresar de una peregrinación a San Nicolás, dejó una frase que con el tiempo adquirió un significado especial. «Sé que me están preparando para algo enorme y muy duro», escribió en su diario espiritual.

En febrero de 1995 comenzó a sentirse mal. Los médicos descubrieron que una bacteria se había alojado en su corazón. Quince días después, el 7 de marzo, falleció. Quienes la acompañaron durante esos días recuerdan la serenidad con la que enfrentó la enfermedad. El médico Gerardo Lorenzino aseguró años más tarde que nunca observó desesperación en ella, sino una paz interior que lo impactó profundamente.

La causa de canonización de Clarita comenzó durante el arzobispado de Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires. Más tarde, ya como papa Francisco, siguió de cerca su evolución. Hoy su figura es comparada por algunos con la del joven italiano Carlo Acutis, el adolescente que conquistó a miles de jóvenes con su testimonio de fe y su vida cotidiana.

Mientras el proceso avanza en el Vaticano, la figura de Clarita continúa creciendo como ejemplo para las nuevas generaciones. Su historia muestra que la santidad no está reservada a vidas extraordinarias o alejadas del mundo, sino que también puede construirse entre amigos, estudios, sueños y desafíos cotidianos, en medio de una adolescencia tan común como inspiradora.

Últimas Noticias