Plantarán viñedos en el centro santafesino: crece la ilusión de brindar con un vino hecho en Sastre
El impulsor del proyecto es el empresario y concejal sastrense Sergio Balbi. Las vides empezarán a plantarse entre septiembre y octubre y se especula con que tardarán unos tres años en ser productivas.
- Economía
- Por Elisa Soldano
- Jul 29, 2026
El trajín en Sastre era atípico para un domingo: el sol del 23 de agosto de 1987 aún no salía cuando la noticia comenzó a propagarse por la ciudad, invitando a que vecinos y curiosos se acerquen a la Estación Chica cargando bidones, botellas y damajuanas vacías. Como los chorros de vino blanco y tinto que brotaban de los vagones de aquel tren que descarriló hace casi cuarenta años –aunque algunos memoriosos sostienen que sólo un tanque se vació en el siniestro, mientras que los otros fueron “saqueados”–, esta bebida vuelve a embriagar a la localidad del centro-oeste santafesino, pero esta vez en forma de vid.
Sergio Balbi es sastrense, concejal y productor de bebidas alcohólicas. En 2011 inauguró su fábrica de cerveza artesanal –que se comercializa con el nombre Melkiades– y en 2022 instaló una destilería, en la cual se elabora el “Gin Nacional”. Ahora va por más: compró un terreno de casi dos hectáreas en la zona periurbana de la ciudad, donde planea cultivar entre 1.200 y 1.500 vides.
“Después de mucha capacitación y de tomar cursos en la Universidad de Uruguay, decidí poner un viñedo boutique. Esta zona está bendecida con una de las mejores tierras del planeta y es bueno afrontar el desafío de cultivarlas”, contó a Conclusión Balbi, quien detalló que el terreno está ubicado sobre la calle Malvinas Argentinas, entre el Hipódromo del Jockey Club Sastre y el Refugio Canino Municipal.
La plantación comenzará entre septiembre y octubre –siguiendo el calendario lunar y con el objetivo de evitar las heladas tardías– y estiman que las vides tardarán cerca de tres años en ser productivas. La intención no sólo es cultivar, sino también elaborar localmente el vino, que aún no tiene un nombre comercial definido: “Como tengo más de quince años de cervecero, domino la parte de fermentación. La agricultura, en cambio, es lo que más lejos me queda. Nuestra idea es producir a una escala relativamente pequeña. Un viñedo maduro que tiene buen rendimiento logra a veces una botella por planta. Entonces, con 1.200 vides haríamos entre mil y 1.200 botellas, es muy poco para sustentar un emprendimiento de este tipo”.
En este sentido, Balbi apuntó que la iniciativa se sustentaría con el agroturismo: “La idea es utilizar la finca para eventos gastronómicos, para exploración, vendimia y poda, aprovechado que en esta zona hay también corderos, lechones y cosas que la gente puede llegar a disfrutar. Se juntaría la cultura del campo, de comer mucho y rico, con un vino producido en esta zona. Si bien no van a ser vinos de alta gama, van a ser producidos acá”.
Para cultivar vides en Sastre se utilizará el portainjerto 101-14, que le resta vigor a la planta –en Mendoza, en cambio, se suelen usar unos que le suman a vigor, dado que las tierras tienen diferente composición mineral–. No obstante, el empresario reconoció que el desafío más grande que deberá afrontar el emprendimiento es la humedad: “Tenemos mucho desarrollo fúngico y hay que cuidar a la planta del hongo”.
“En la vitivinicultura existen distintos portainjertos o pies americanos. Surgieron cerca del año 1700 como resistencia a la filoxera, un parásito muy jodido que afecta a la vid. Después se fueron seleccionando portainjertos con distintas condiciones. Algunos suman vigor, otros resisten la salinidad, otros la sequía, otros restan vigor, se usan según el terreno. Se ha demostrado que el 101-14 es el que mejor funciona en zonas húmedas. Sin embargo, el cultivo de vid en estas regiones no es una novedad. Se cultiva en zonas húmedas desde siempre, la vid es una planta salvaje, puede desarrollarse sin problemas en cualquier lado, pero hay que encontrar la variedad”, explicó Balbi.
En cuanto a las variedades que producirá, detalló que no son las mismas que en la zona de Cuyo: “Vamos a trabajar con la uva blanca albariño, que es tradicional de Portugal y España y se cultiva a orillas del Océano Atlántico, una zona que suele tener neblina. La vamos a implantar el año que viene porque ahora no la conseguí en el portainjerto que usamos. Otra que está funcionando bien en esta zona es la marcelan, que es un híbrido, una cruza entre cabernet sauvignon y grenache. También vamos a plantar riesling, una uva alemana y blanca que nos representa un desafío, es posible que tengamos problemas cuando llueva mucho en enero. Después plantaremos algo de merlot, que es muy recomendable para hacer el corte del 15% que se le permite al vino para que siga siendo monovarietal”. Por una cuestión de gustos, no prevén trabajar con la variedad tannat, que es una preferidas en Uruguay y demostró funcionar bien en estos climas.
En principio, el proyecto planea la plantación de 300 vides marselan, 300 de variedad riesling y 200 de merlot. Para ellas se prevé un sistema de riego por goteo, podas según calendario lunar (Luna menguante) y sanidad preventiva con compost orgánico y productos cúpricos.
¿Funcionaría un viñedo en Santa Fe?
En los últimos años proliferó la plantación de viñedos en diferentes regiones del país –incluida la zona Pampeana o la Mesopotamia–. Esto se explica por varias causas: hace un tiempo se eliminaron las prohibiciones para trabajar este cultivo por fuera de Cuyo o del Noroeste –las cuáles databan de la década del 30’s, cuando provincias como Entre Ríos dedicaban una porción interesante de tierras a este rubro–; a la caída de la soja, un grano que cada vez demanda más tecnología e inversión; y a las limitaciones a la aplicación de agrotóxicos en cercanías de zonas urbanas.
Balbi explicó que en Sastre, donde llueve entre 900 y 1.200 milímetros al año, las vides necesitan poco riego. Sin embargo, debe contemplarse una asistencia hídrica –especialmente cuando la planta es joven– para los meses de verano, donde suele haber períodos de sequía. Si bien el agua de esta localidad no es potable, el empresario consideró que, al tratarse de un riego de asistencia y no de uno continuo, el recurso puede utilizarse ocasionalmente ante estas emergencias hídricas sin que haya consecuencias negativas para el terreno.
“En la zona periurbana de Sastre no se pueden usar agroquímicos. La vid es un cultivo que no demanda aplicación de fitosanitarios e, incluso, se puede hacer un manejo orgánico muy sencillo. Por esta normativa, hay muchos terrenos en donde no se puede hacer agricultura convencional y quedan libres para distintas iniciativas, como horticultura y fruticultura, que no demandan glifosato y esas cosas”, apuntó el concejal, quien también detalló que la plantación de unos 1.200 vides ocupará, aproximadamente, media hectárea. “No es ni media manzana”, observó.
En la hectárea y media que quedará libre la idea es sembrar unos ochenta árboles de palta. “Vamos a traer un portainjerto de palto israelí –anunció Balbi– que resiste muy bien el frío y la humedad. Haremos una prueba de cultivo, ya están comprados y se van a plantar en octubre. Tenemos que combatir las heladas con un sistema de riego de aspersión, que tira agua cuando la temperatura baja de 1ºC”.
Y adelantó: “Para combatir la maleza dentro de las galerías de la vid y de los paltos vamos a usar gallineros móviles, con cincuenta gallinas cada uno. Vamos a plantar algún forraje, entonces todos los días deslizamos los gallineros y los animales se encargan de la maleza, así tenemos menos trabajo de corte de pasto y aprovechamos a tener huevos de alta calidad. Eso también nos da la posibilidad de vender huevos y paltas en la finca e ir armando distintos eventos gastronómicos que tengan que ver con todo esto. Las gallinas te solucionan la fertilización del terreno y el manejo del yuyo, de las malezas”.
“Este invierno fue de trinchera”
Al ser consultado sobre si este emprendimiento prevé la creación de puestos laborales, el creador de Melkiades manifestó que la producción de cerveza artesanal y gin está “muy por debajo de lo normal”, por lo que en principio la idea es generar trabajo para los empleados que ya son parte de esta empresa.
En este sentido, apuntó que con el cierre de industrias y comercios registrado en los últimos años Sastre atraviesa “una crisis de empleo muy fuerte”: “Es una ciudad que supo ser muy pujante, pero quedó prácticamente desarticulada en cuanto a trabajo. No se está desarrollando y eso repercute en los negocios, en la gastronomía y en todos los otros aspectos”.
Hasta 2018 la cerveza artesanal Melkiades tenía presencia en Rosario, pero ante la crisis económica que golpeó al país en esos años decidieron replegarse a Sastre y la región con una propuesta particular: “Implementamos un servicio de alquiler de chopera, que tiene mucho que ver con la gringada, con hacer reuniones para comer bien y tomar. También tenemos una distribuidora en San Francisco (Córdoba), que vende muchísimos barriles y con eso más o menos resistimos. Lo volúmenes de venta son similares a años anteriores, pero tenemos una rentabilidad muchísimo más baja. Vendemos lo mismo, pero ganamos la mitad porque intentamos no resentir precio y calidad en tiempos difíciles. Estos son años de resistencia, no de crecimiento”.
El año pasado Balbi también apostó al rubro gastronómico y abrió un bar cervecero a metros de la plaza central de Sastre, pero las ventas se desplomaron cuando comenzaron a bajar las temperaturas: “Cerramos hasta que vuelva el calorcito. Se marcó mucho la crisis desde marzo en adelante, el consumo se desplomó de una manera alarmante, no sé si fueron los primeros fríos, si a la gente le empezó a entrar las cuotas de la tarjeta de crédito de las vacaciones, si fue el inicio de clases, pero hubo un quiebre total. De tener el bar lleno, pasamos a tenerlo casi vacío. Tuve que tomar medidas que estaban jodidas, desafectar personal. Para nosotros el invierno siempre es de resistencia, pero este fue de trinchera”.

